GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

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Cómo puede recuperar Argentina el rumbo económico perdido

Publicado el 13/11/15 en: http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/11/13/como-puede-recuperar-argentina-el-rumbo-economico-perdido/#.VkYmhkRq6Xc.twitter

 

El Gobierno no puede echar mano del dinero de terceros, y debe recuperar los superávit fiscales para lograr un incremento de las reservas.

El Banco Central se ha convertido en una caja chica de intereses políticos. (Radio Premium)

El Banco Central se ha convertido en una caja chica de intereses políticos. (Radio Premium)

Las reservas del Banco Central argentino se están agotando. Ese uno de los comentarios más escuchados a partir de los diversos análisis y comentarios sobre la composición de la cartera del Banco Central. Esto genera preocupaciones sobre qué herencia va a recibir el próximo Gobierno, que asumirá el 10 de diciembre.

La preocupación es muy genuina, si recordamos que la conducción saliente (en una república), solo ha debido ser el administrador de esas reservas y no podía ni disponer de ellas a su antojo, ni dilapidarlas, cosa que evidentemente ha ocurrido.

El nivel de reservas, como sostiene el consultor económico y financiero Miguel Ángel Boggiano, refleja un estado de virtual quiebra de la entidad, ya que se han utilizado, incluso, fondos de terceros. Y el remanente carece de liquidez.

A efectos de poder atribuir responsabilidades quiénes han llevado a la entidad a tal estado de quiebra resulta de gran interés determinar estos montos a la brevedad y con precisión.

Pero una vez clarificado este asunto, que es solamente materia de pericia contable, solo un tema de auditoría, lo que importa y abruma a la mayoría de los ciudadanos es cómo se gobierna frente a esa situación, y qué angustias y privaciones le corresponderán a la ciudadanía ante esta debacle.

Es necesaria una cuota de sentido común.

Un banco central puede enfrentar tres situaciones: perder reservas, mantenerlas, o aumentarlas. La primera hipótesis es la que ha experimentado Argentina durante el último año bajo la presidencia de Cristina Kirchner. Pero dejemos de lado, por un rato, a la primera, porque, como cualquier honesto padre de familia puede darse cuenta, es insostenible en el largo plazo.

El máximo poema argentino, Martín Fierro de José Hernández, describe lo absurdo de plantearse el objetivo de perder reservas en forma crónica, porque “no hay plazo que no se cumpla ni tiento que no se corte”.

Tal política solo puede encontrarse en una administración que abandona el poder vapuleada por el esperable resultado de su propia falta de idoneidad y de honestidad. Entonces solo nos queda por asumir que un futuro Gobierno —con cuatro, y hasta ocho años por delante— decidirá tomar al toro por las astas.

El próximo presidente no podrá disponer de las reservas para pagar deuda o intereses, hasta que no logre recomponerlas con fondos de propiedad del Estado, algo que solo se puede lograr con superávit fiscal.

Entonces, ¿cómo se gobierna con un banco central que mantiene sus reservas o las incrementa? La respuesta es sencilla: el Gobierno no necesita utilizar las reservas del Banco Central para su normal funcionamiento. Las reservas de divisas del Banco Central no son la tesorería del Poder Ejecutivo.

El Gobierno paga gastos corrientes con los pesos que recibe por el cobro de impuestos domésticos. Las reservas de divisas del Banco Central solo se necesitarían disponer para amortizar deuda externa, o para el pago de los intereses de deuda.

A un banco central que mantiene sus reservas o las incrementa, le dará lo mismo tener $5, $100, $10.000 o $50.000 millones. Porque no los utilizará.

El próximo Gobierno no podrá pagar deuda externa ni servicios de esta deuda hasta que no genere un superávit fiscal genuino que le permita adquirirle a los exportadores parte de las divisas que estos generan con su comercio.

Esta demanda ampliada, a su vez, elevará el precio de la divisa e impulsará mejores precios para nuestras exportaciones, mayor rentabilidad, más demanda de factores de producción no importables, suba de salarios reales y crecimiento genuino, por mayor inversión de utilidades en negocios ahora rentables.

Cualquier otro planteamiento de contabilidad creativa o de manipulación del tipo de cambio es incompatible con la protección al libre comercio, a la propiedad privada y al Estado de derecho, que exige que no haya tributo sin ley. Está implícito en las garantías constitucionales.

Lo que abruma a la opinión pública es que una década o más de ausencia de estado de Derecho ha generado una importante confusión en la ciudadanía.

En las reservas del Banco Central actualmente se contabilizan activos propios del Gobierno nacional, y activos de propiedad de terceros. Como ejemplo pueden mencionarse los encajes de los depósitos en dólares de los bancos comerciales, préstamos internacionales, como lo que llaman “swap chino”, o activos propios del Estado nacional, como pueden ser las divisas compradas con superávit fiscal.

Creer que las reservas del Banco Central deberían usarse para pagar importaciones de empresas comerciales, o para pagar dividendos al exterior de empresas extranjeras, es muy propio de la confusión generada por vivir en una tiranía.

El Gobierno no puede echar mano del dinero de terceros, depositado compulsivamente en el Banco Central. Asimismo, debe cesar en esta conducta ilegal de obligar a los particulares a liquidar sus exportaciones en el plazo y al precio que al Gobierno se le ocurra, ingresándola al Banco Central y pretendiendo luego disponerlas como propias.

Las empresas comerciales, en un estado de Derecho, respetuoso de nuestra constitución vigente, pagan sus importaciones con divisas que adquieren a los exportadores de bienes y servicios o que reciben por sus propias exportaciones. Las empresas extranjeras giran utilidades que obtienen de sus mismas exportaciones o que le adquieren a las empresas que exportan.

Incluso en el supuesto de que a un país no le interese mantener la solidez de su moneda, la no aceptación de su moneda, por parte de los demás países lo vuelve a la realidad y lo obliga a respetar esta máxima.

En un país que respete la independencia de poderes, la legalidad y el estado de derecho, no caben ninguno de estos actos.

Tampoco cabe que se subsidie a empresas ineficientes, que necesitan componentes importados para armar mercaderías caras y de baja calidad, asignándoles parte de esas divisas, de propiedad de los exportadores, a precios subsidiados.

El Gobierno deberá dejar de conculcar los derechos individuales de los ciudadanos, deberá cesar en expropiar a algunos y subsidiar a otros ilegalmente y tendrá que permitir la libre negociación de divisas por parte de sus legítimos dueños, de modo tal que cualquiera que quiera importar bienes o servicios le compre a aquellos que exportan.

Esta enorme masa de exportaciones, sin impuestos confiscatorios ni discriminatorios, aportará muchas más divisas que las que el mercado podría comprar a precios rentables. Lo cual generará la solución al problema de estrangulamiento externo que padecemos.

Por todo esto, queda muy claro que es lo que deberá hacer el próximo Gobierno, del signo que sea, si pretende no reincidir en la tiranía, tal y como la ha ejercido el ejecutivo saliente.

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