GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Descalificaciones invaden el debate en universidad argentina

Publicado el 8/5/15 en http://esblog.panampost.com/guillermo-covernton/2015/05/08/descalificaciones-invaden-el-debate-en-universidad-argentina/

 

Lejos de exponer sus méritos y conocimientos, un profesor universitario recurre a descalificaciones prejuiciosas e ideológicas para criticar a un colega.

 

Diversos observadores, expertos en educación y graduados universitarios se plantean con alarma: ¿es la universidad pública argentina una usina de mediocres ideologizados? La pregunta adquiere vigencia frente a un hecho cuestionado y lamentable: nos referimos al disenso suscitado por el resultado del concurso de una cátedra de economía en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue (UNC) de Argentina.

"Llama profundamente la atención de que sea el aspirante al cargo quien determina cuales son las ideas políticas, económicas y morales aceptables, en vez de ceñirse al estatuto universitario, que es el que fija este marco institucional".  (UPC)

Entre los cuatro candidatos que se postularon para ese puesto, fue designado un Ingeniero en Petróleo, graduado en la misma universidad.  Sin embargo, no había sido el ingeniero quien quedó en la mejor posición para acceder al cargo, sino el Dr. Pablo Guido, cuyo frondoso curriculum incluye un doctorado internacional en la materia, una maestría en Economía y Administración y dos títulos de grado, como licenciado en Economía y en Ciencias Políticas. Con 15 años de docencia universitaria en niveles de grado y posgrado en diversas universidades, y con diversas publicaciones científicas e investigaciones sobre la materia, puede probar las credenciales suficientes para asumir el cargo.

¿Es razonable que ocurra esto? ¿Cuáles pueden ser las razones que alimentan semejante controversia? En primer lugar, nos llama poderosamente la atención que el beneficiado por la controvertida decisión tiene menos méritos que cualquiera de los otros tres aspirantes que concursaron. Lejos de exponer sus méritos, conocimientos y demostrar que es versado en los temas que deberá abordar en la cátedra, solo se limita a descalificar al más idóneo, con argumentaciones que resultan, como mínimo, prejuiciosas e ideológicas.

En un artículo periodístico reciente, el aspirante a profesor destaca sus cuestionamientos a las universidades en las que su rival se formó, y en las que ha dictado cátedra, como si las mismas no estuvieran acreditadas internacionalmente muy por encima de la universidad en la que pretende dictar clases. Pretende sembrar dudas sobre el valor y la integridad académica de filósofos, intelectuales e investigadores laureados con los máximos premios internacionales, solo porque no sostienen sus mismas premisas. Una muestra de los prejuicios ideológicos y de neto corte clasista, muy propios del marxismo cultural que sostiene.

Sencillamente ha pretendido justificar la cuestionable decisión del jurado del concurso, refrendada luego por el consejo directivo de la universidad, pese a la disidencia de los consejeros alumnos —representantes de los verdaderos damnificados—, mediante la descalificación prejuiciosa y arbitraria del más calificado de los aspirantes.

El ingeniero le imputa a su competidor, y a todos quienes se hayan formado o hayan dictado cátedra en alguna de estas muy respetables y bien calificadas universidades, una serie de desvalores y calumnias que no tienen nada que ver con el quehacer académico. Este estilo descalificador y de barricada, que sería inadmisible incluso entre el inexperto alumnado en una universidad de las que realmente trascienden en el país, revela la inexistencia de méritos suficientes.

Asimismo recurre a afirmaciones antojadizas, sin documentarlas con citas de ningún tipo, un comportamiento casi instintivo para quien se dedica a la investigación académica. Pretende adjudicarle a un pequeño grupo de universidades privadas —a las que llama “usinas de ideas conservadoras”— la responsabilidad de los cuestionamientos que pesan sobre la universidad pública, sin percibir su propia responsabilidad y la importancia de sus actitudes, en desmedro de la universidad que busca integrar.

Incurre en una actitud irritante y ambigua cuando abusa de las instituciones formadas al amparo de la Constitución, la tradición de libertad, el derecho a estar en desacuerdo y la apertura intelectual que han caracterizado a las universidades argentinas en sus orígenes para pretender manejar una institución de la cual no es dueño, como si su sola opinión fuera la única determinante.

Su opositor, en cambio, demostrando la entereza moral de las personas educadas, se manifiesta perplejo por la arbitrariedad con la que pretende manejarse la designación de profesores en un ente que debería ser la cuna de la democracia y de los principios republicanos de los ciudadanos.

Universidades Estatales vs. Universidades Privadas

En Argentina tenemos dos tipos de universidades: las que son de propiedad de particulares, que tienen por lo tanto la obligación de ceñirse en sus programas y contenidos a lo que la sociedad en su conjunto prefiere y valora, bajo pena de no conseguir alumnos, no poder cobrar por su servicio educativo, perder su patrimonio y cerrar; y las otras, las que al no tener dueños, sino ser patrimonios estatales, corren el riesgo de caer en manos de grupos de sectarios, que pueden tomar de rehenes a los alumnos, dictar los contenidos que les vengan en gana y seguir dilapidando fondos públicos de pésima manera.

Precisamente, para evitar esto es que la legislación les obliga a concursar cátedras y a someterse a consejos directivos cuyas autoridades deben ser elegidas democráticamente. Y les está vedado actuar arbitrariamente —y mucho menos discriminar— a docentes por razones de diferencias en las ideas políticas, económicas, religiosas o morales de los candidatos.

Nada de esto parece ser percibido por el aspirante a docente universitario que genera todos estos cuestionamientos. Por un lado, afirma que el estatuto universitario exige valores morales, aunque al mismo tiempo demuestra no tenerlos al acusar a su competidor de conductas que no puede acreditar y que se fundan solo en los estudios de este y no en sus acciones. Para el ingeniero, estudiar ciertas ideas podría constituir una actividad delictiva, antidemocrática o antirrepublicana.

Llama profundamente la atención de que sea el aspirante al cargo quien determina cuáles son las ideas políticas, económicas y morales aceptables, en vez de ceñirse al estatuto universitario, que es el que fija este marco institucional. Paralelamente, ignora los artículos del estatuto universitario que obligan a la universidad a ser prescindente en materia ideológica, política, y religiosa, y asimismo a garantizar el pluralismo en materia académica. En sus estatutos no se admiten discriminaciones en los aspectos religiosos, raciales, ideológicos, o económicos. Algo que no solo es obvio, sino que, de ser tolerado, sería ilegal.

De la lectura de las manifestaciones del candidato beneficiado solo se deduce su desconocimiento palmario de la manera en que las personas desarrollan los mecanismos de colaboración social que les permiten a los individuos coordinar sus esfuerzos para el logro del bien común. Esto le impide ver que sus planteos sectarios y facciosos solo se pueden llevar adelante en una institución en la cual los alumnos no pueden hacer más que aceptar las directivas que se les imparten desde arriba, sin poder discutir, cuestionar, debatir ni perfeccionar ninguna de las teorías a las que pretende someterlos.

A nadie que haya asistido a una universidad seria y desarrollado una carrera académica se le escapa que las pretensiones del aspirante a docente no prosperarían en ninguna institución académica de renombre del mundo, ya que estas solo pueden acceder a posiciones de prestigio si hacen gala de apertura mental, respeto por el disenso, pluralismo intelectual, fomento de un clima de debate e intercambio de posiciones diferentes, y progreso de la ciencia mediante el estudio de las más diversas teorías.

Entre los idiotas y la deshonestidad intelectual

Un párrafo aparte merecería tratar de detectar el grado de deshonestidad intelectual y de perversión del carácter que implica el hecho de imputarle a alguien conductas antisociales, antidemocráticas, y contrarias al respeto por los derechos individuales, simplemente por el hecho de haber estudiado en determinada universidad, o por el hecho de que se cuestiona con argumentos clasistas a las personas que piensan diferente a los energúmenos de turno.

Es patético que idiotas —en la acepción griega del término— pretendan confundir al resto de los ciudadanos que financiamos con nuestros impuestos su lamentableperformance, tratando de tomarnos por tales.

Y a la vez, todo aquel que pretende ignorar que las universidades privadas crecen y prosperan, producen investigaciones, trascienden en el exterior y se ubican por encima de muchísimas de las estatales, en todos los rankings internacionales que utilizan metodologías objetivas, hace gala de una absoluta falta de honestidad intelectual. A pesar de cobrar por las enseñanzas que imparten, si las universidades privadas se desvían de su misión se quedarían sin financiamiento.

En la otra vereda se encuentran aquellos que viven tirando de la teta del Estado para luego malgastar los recursos en estériles posiciones ideológicas, perimidas y fracasadas en todas las sociedades en las que se intentó implementarlas, siempre por la fuerza de las bayonetas y nunca en un clima de libertad y respeto por los principios republicanos.

“La vigencia de las ideas de Ludwig von Mises, para la interpretación los problemas de Latinoamérica, en la actualidad.”

Ponencia presentada en el V Congreso Internacional “La Escuela Austríaca en el Siglo XXI”

Rosario: Noviembre de 2014.

 

En los últimos 20 años, los problemas de las economías emergentes de Latinoamérica se han ido acentuando. Algunos casos han sido más notorios que otros. Determinados países muestran dificultades económicas crecientes. Entre ellos, el nuestro quizás sea el ejemplo más conspicuo, Argentina presenta serias dificultades para entrar en una senda de crecimiento sostenido y desarrollo armónico, sin conflictos sociales. De hecho, la conflictividad social parece exacerbarse, cuestión que también intentaremos explicar aquí. Y tampoco muestra estabilidad suficiente como para hacer viables los proyectos de inversión, y de radicación de nuevas empresas o industrias, que demandan estudios y presupuestos de largo plazo. Claramente, estos son los emprendimientos que pueden ubicarnos en una senda de desarrollo sostenido, por su alta productividad. Esta es clave para mejorar la competitividad internacional, incrementar el ingreso de divisas, la integración con el resto del mundo y elevar el nivel de salarios. Si se compara este horizonte, con la realidad que mostraba nuestro país exactamente un siglo atrás, el contraste es tan notorio, como difícil de comprender, para el observador no especializado.

En este sentido lo explica muy detalladamente Cortés Conde.[1]

Esto puede llevar a muchos a tratar de buscar las causas en cuestiones coyunturales. O en el entorno cercano. O en circunstancias propias de la evolución de los mercados mundiales.

Nosotros, por el contrario tenemos un enfoque diferente en lo que hace a las causas de esta involución, ya no estancamiento, de la economía de nuestro país. No negamos que la coyuntura pueda tener alguna influencia, mejorando o empeorando la situación de fondo. Pero afirmamos que el problema, que no nos resulta exclusivo, y que también afecta en escalas diferentes a algunos de nuestros vecinos, puede tener causas estructurales, mucho más generales. No tiene que ver únicamente con específicas circunstancias puntuales. Sino, más bien, con el marco normativo, institucional, social, educacional, y específicamente, con enfoques que tienen una fuerte relación con el marco de ideas imperantes.

Una situación análoga, puede ser observada en un período que se inicia un siglo atrás, en otra sociedad pujante, que aparentaba estar a la vanguardia del desarrollo y que había mostrado signos característicos de prosperidad y crecimiento, aún salvando las distancias temporales. Me refiero a la sociedad plurinacional, pluricultural y plurireligiosa que se mantenía bajo el control de lo que se ha conocido como el “Imperio Austrohúngaro”.

Esa fue la cuna, el ámbito cultural en el que se formó y el marco macroeconómico en donde inició su carrera profesional Ludwig von Mises.

El enfoque que queremos desarrollar hoy, aquí, se basa precisamente en las circunstancias que pudo observar nuestro autor, en su específico ámbito de trabajo profesional, mientras se desempeñó como asesor de la “Cámara de Comercio de Viena”, y en los años subsiguientes a su forzado exilio, primero en Ginebra y luego en los Estados Unidos. Durante todo este tiempo, Mises se dedicó a estudiar el marco normativo y social, la evolución de la economía del Imperio, sus dificultades y limitantes, así como sus problemas estructurales. Y emitió una serie de juicios, recomendaciones y análisis, en una cantidad de artículos, escrito cortos y documentos de investigación que se conocen actualmente como “Los papeles perdidos”. Precisamente porque su forzada salida al exilio, fue repentina y en condiciones muy difíciles.  Estas afectaron directamente su seguridad personal, e hicieron que una proporción muy grande de estos trabajos se mantuvieran fuera del conocimiento del público por años. Estos trabajos fueron primero secuestrados por los Nazis, desde su departamento, para ser trasladado a Berlín, a efectos de ser estudiados. Mises conocía este despojo, como él mismo lo relata:

“Yo conservaba esas notas en mi apartamento en Viena, el cual mantuve luego de mi mudanza a Ginebra en 1934. Pero en Marzo de 1938 ellas desaparecieron junto con todas las demás pertenencias, cuando los Nacional Socialistas irrumpieron y lo saquearon” [2]

Y luego, subsecuentemente secuestrados por los soviéticos, tras la caída estrepitosa del Tercer Reich, en 1945 y llevados en bloque a Moscú.

Estos documentos de investigación permanecieron ignorados en occidente, durante casi 60 años, y vieron la luz, gracias al descubrimiento que hiciera en Moscú, el Dr. Richard Ebeling, Ph.D., en 1996.

A raíz de este hallazgo, y de la monumental tarea de clasificación, interpretación y traducción que dirigiera personalmente el Dr. Ebeling, se ha puesto a disposición de la comunidad académica internacional este importante legado.

En esta colección de artículos se nos revela un Mises muy diferente al que la mayoría conoce. No es ya un economista teórico, sino alguien muy analítico, detallado observador del acontecer económico de su entorno y con una destacable capacidad de análisis, comprensión, interpretación y síntesis. Que además evidencia gran solvencia a la hora de elaborar recomendaciones y medidas concretas, tendientes a sortear los problemas que él mismo describe.

Encontramos muy esclarecedor volver sobre este enfoque, prácticamente 80 años después. Y de paso queremos rendir un sentido homenaje a su descubridor y a quién clasificó, editó y publicó todo este material. Ya que el Dr. Ebeling, un verdadero amigo, fue quién allá por 2006, nos brindó todo su apoyo, asistiendo, participando y constituyéndose en uno de los principales oradores de este Congreso, en su primera edición, contribuyendo fuertemente a su difusión y crecimiento. Y dando origen a una deuda de gratitud impagable.

Veamos que observaba Mises en su patria, en la primera mitad del siglo XX y que lecciones podemos sacar, para analizar nuestra realidad actual, a partir de un artículo publicado en 1914-15.

A principios de siglo concretamente en los años 1912 – 1913, Austria – Hungría enfrentaba una severa crisis económica. Si bien la economía mundial mostraba estar pasando por la peor fase del ciclo, en opinión de Mises, la crisis Austro-Hungara era “ un incidente que ocurría independientemente de los eventos del mercado global, y sus causas y desarrollo solo podían ser explicados por las circunstancias particulares de la monarquía”.[3]

El estado de cosas en los Balcanes había provocado un endurecimiento del mercado monetario. Había serias sospechas de que podía producirse un estado de guerra.

El nivel de crédito se había extendido de tal modo que el Secretario del Banco de Hungría, había advertido contra tal extensión del mismo.  Y anunció una estricta política crediticia.

Asimismo, Mises advertía que Böhm Bawerk, en un artículo reciente, intentaba explicar el déficit creciente en el balance comercial. Que se debía, en su opinión a que: “ ha sido dicho y parece muy acertado, que muchos individuos privados viven mucho más allá de sus medios genuinos. Pero incluso, las reparticiones oficiales están haciendo lo mismo. Las jurisdicciones comunales, regionales y nacionales rivalizan en aumentar sus niveles de gasto público. El incremento de los ingresos no acompaña al de los gastos y ha debido ser financiado asumiéndose deudas. El mercado local de crédito no alcanza a satisfacer esta demanda. El incremento del endeudamiento se refleja como pasivos en el balance de pagos. Nos hemos convertido en grandes y desbocados deudores”.[4]

Los volúmenes de producción habían caído muy por debajo de los niveles de consumo. Financiándose de la manera más fácil y peligrosa que puede dar lugar un sistema bancario moderno. La deuda pública se había incrementado en un 98 %. Y eso impactaba en las tasas que se requerían a las nuevas obligaciones. Diez años antes, los bonos corrientes al 4,2 % se negociaban a la par. En 1914 los bonos anualizados al 4 % se negociaban, en promedio al 83,07 % de su nominal.

“El gasto de los gobiernos provinciales crecía aún más que el del gobierno del imperio. Al no poderse recaudar suficientes fondos, eso convertía a la presión fiscal en la más alta, en relación a los demás países. Se continuaban colocando bonos para intentar obtener fondos, que se canalizaban hacia una economía con tendencias socializantes.

El gobierno empezó a hacerse cargo, bajo la forma de empresas públicas, de emprendimientos ya existentes y construyendo nuevas fábricas. En ninguna parte la tendencia era tan fuerte como en Austria. La idoneidad de sus administradores era inadecuada. No generaban ganancias y, por el contrario, requerían de permanentes y crecientes subsidios para cubrir sus déficits. Esto les obligaba a elevar aún más los impuestos y a la colocación de más bonos.

Los efectos negativos de estas estatizaciones se hacían más obvios en las grandes empresas, como la Compañía Ferroviaria Nacional.

Los problemas de esa empresa eran habitualmente explicados atribuyéndolos a condiciones especiales de la empresa y de las organizaciones gremiales.“[5]

Mises cita a quién, en su opinión es uno de los más exitosos industriales austríacos, Georg Gûnther, dedicado al acero y la minería. Este experto, luego de analizar la situación opina que el gran gasto de la compañía ferroviaria se debe al alto número de empleados y a la baja productividad individual.

Y concluye con un juicio lapidario:

“Esto también explica el pésimo estado de las finanzas públicas y el crecimiento de la deuda pública, el enorme incremento de la presión impositiva y las dificultades que traban el comercio y la producción, debido al defectuoso funcionamiento del sistema de transporte.”[6]

A esta altura de la descripción, creemos que el observador perspicaz ya empezara a encontrar importantes paralelismos con la marcha de algunas economías latinoamericanas. En el caso concreto de Argentina, los planes de crédito para vivienda y más recientemente, para la compra de automóviles, que paradójicamente, además de recibir asistencia financiera, son sobrecargados con una sobre alícuota de impuestos internos del 43 o del 100 % efectiva, ad valorem, indican un problema muy claro en el mercado crediticio. Se intenta impulsar el consumo muy por encima de la capacidad de ahorro. Eso provoca una falta de recursos genuinos para financiar esas operaciones. Aparentes recursos son generados, sin ningún respaldo a partir de emisión monetaria y se sigue impulsando la expansión crediticia a través de un sistema financiero que, para agravar la situación de insolvencia creciente, ha tenido que desprenderse de sus reservas de divisas, a favor del banco central. Lo que claramente debilita el respaldo de sus depósitos a la vista, muchos de ellos constituidos y a reembolsar en divisas.

La necesidad de recaudar para financiar la ineficiencia ha sido parcialmente cubierta, en esta economía con inflación descontrolada, por la vía, no solo del aumento de alícuotas, como en el caso de impuestos internos, sino del aumento de la presión tributaria, vía congelamiento de los mínimos no imponibles. Eso provoca la inclusión, dentro del universo de contribuyentes, de toda una gran masa anteriormente exceptuada. Asimismo, la imposibilidad de realizar ajustes por inflación impositivos termina convirtiendo al impuesto a las ganancias en un impuesto que también grava el volumen de operaciones y el patrimonio erosionado por la inflación. Con especial y mayor incidencia en empresas con sistemas de producción que requieren más tiempo y por ende mayor exposición de sus activos a la inflación. Como se sabe, y como muy bien ha explicado Bôhm Bawerk, los sistemas de producción más eficientes, o sea los que brindan mayor cantidad de producto por unidad de insumos, son precisamente los que requieren de una estructura de capital mayor y requieren además, de más tiempo. Eso condena a nuestros países y a todos los que pretendan aplicar este modelo a una paulatina desindustrialización.

La re-estatización de empresas, como el caso de la petrolera estatal y de la aerolínea de bandera, con la excusa de lograrse así una mejora en su gerenciamiento, han demostrado ser precisamente un camino inverso, generando enormes déficits que se pretenden cerrar con el otorgamiento de subsidios, que precisamente benefician a los sectores más prósperos en detrimento de los de menores ingresos.

La caída de la productividad de la economía de Austro-Hungría, estudiada por Mises, también estaba impulsada por el efecto del crecimiento del sector público:

“ Austria-Hungría producía menos que Europa del Este. Aunque el número de personas afectadas a actividades de producción privadas era menor que en los demás países, por el crecimiento del sector público, aún así, la ineficiencia que se notaba en la Compañía Ferroviaria Estatal, también se podía observar en el resto del gobierno nacional.[7]

Los aranceles proteccionistas sobre los granos y la prohibición a importar carne y otros productos generaban altos costos para los habitantes de las ciudades y una clase de pseudo empresarios que se veían beneficiados por estos subsidios. Todo esto en beneficio de un modelo productivo ineficiente que necesitaba de protección arancelaria para continuar. Obviamente que este no es el caso en Argentina, sino exáctamente a la inversa. Pero, a los efectos de generar un desequilibrio macroeconómico y problemas de sector externo, el efecto es igualmente dañino. En Argentina el sector primario no solo es eficiente, sino que conserva ventajas competitivas, aún luego de que se le expropia una parte sustancial de su producción con impuestos diferenciales y un tipo de cambio arbitrario e irreal, cuya administración depende de decisiones de funcionarios cuya transparencia es nula. La situación es claramente muy similar a la que disfrutan actualmente ciertos sectores industriales locales, protegidos con restricciones a las importaciones.

Lo mismo ocurría en Austria-Hungría:

“La situación en la industria no es mejor. El trabajador austriaco, (y lo mismo es verdad para el húngaro, en una extensión aún mayor), trabaja menos intensivamente que, por ejemplo, los alemanes, o aún los americanos. La actividad empresarial, de la cual existe solo una muy leve tendencia, es impedida a cada giro, por la legislatura, que ha convertido su  éxito en inhibir el desarrollo de grandes empresas en su principal destreza. Lo mencionado puede verse con evidencia en la descripción de la administración Koerber, que destacaba: “La protección de las empresas pequeñas, la cual es suprimida por esta nueva forma de vida económica, el impedimento de la especulación en la explotación de actividades de negocios ventajosas en todas direcciones, estos y otros intentos, cuya validez parcial no puede ser denegada, desde un punto de vista ético, han deteriorado la prosperidad de nuestra vida económica, en muchos casos, sin brindar ninguno de sus resultados deseados”.[8]

Del mismo modo que en la actualidad, lo que muchos años después Mises llamaría “la mentalidad anticapitalista” se había adueñado de la opinión pública. A nadie parecía preocuparle que el estado se erigiera en árbitro de la rentabilidad de casi cualquier actividad económica, legislando como un traje a medida, para expoliar a cada una de las actividades que podía mostrar ventajas competitivas, o derivar una ganancia de la asunción de riesgos extraordinarios, que como vemos, eran incrementados por el “riesgo político” que existe en un país cuyas decisiones macroeconómicas son arbitrarias, diferenciadas y caso por caso.

Aquí vemos de donde parece haber tomado la expresión:

“En 1912, un informe de la comisión económica para la “Casa de los Nobles”, (Cámara alta), concluyó que “el mejoramiento del espíritu empresarial y, con eso, la expansión de nuestra industria hacia adelante, deja mucho que desear, dado que un espíritu “anticapitalista”, no habiendo encontrado resistencia, se ha propagado con efecto ridículamente embrutecedor”.[9]

Como veremos en los párrafos que siguen, la misma existencia y continuidad del estado se apoyaba en que este estado de cosas se perpetuara. Se había evolucionado hacia una sociedad que vivía bajo el ampao irreal de lo que hoy llamaríamos un “estado de bienestar”, en el que tanto sus ingresos como su calidad de vida dependían de decisiones del estado, y del mantenimiento de un status quo que, como veremos, era imposible de garantizar. El papel del estado en el mantenimiento de esta situación forzada e insostenible era como el de un árbitro, que acomodaba a su gusto las reglas de juego.

“El granjero, el comerciante, el trabajador, y prácticamente todos los funcionarios públicos trabajaban y ganaban poco, sin embargo, ellos todavía deseaban vivir confortablemente, pero además, gastaban más de lo que las circunstancias les podían permitir. La frivolidad de Austríacos y Húngaros contrastaba abruptamente con la sobriedad de los europeos del oeste. Parecía haber muy poca consideración por el futuro, y nuevas deudas eran agregadas a las antiguas, tanto como se podían conseguir nuevos prestamistas.

Así llegamos al quid de la cuestión. Si el pago al contado hubiera sido lo corriente en los arreglos comerciales, hubiera sido imposible llegar a esta situación”[10]

Aquí Mises nos detalla el modo en que tal extensión del crédito, otorgado al consumo, a prácticamente todo los consumidores, hacía una masa que difícilmente hubiera podido alcanzarse como crédito comercial, direccionado a las empresas. Una porción más que sustancial del crédito para la agricultura, el desarrollo inmobiliario urbano y el comercio minorista se había canalizado al crédito al consumo, en cabeza de individuos asalariados, buena parte de ellos, funcionarios públicos que no podían ser despedidos, ya que contaban con estabilidad en el empleo garantizada. Y eran, por lo tanto garantizados por el estado, o sea sus administraciones comunales, provinciales, regionales o nacionales, el poder judicial, las empresas públicas, siendo evidente que la calificación solo se basaba en las referencias personales del deudor. Como norma, las oficinas encargadas de liquidar los sueldos se ocupaban de descontar las sumas para servir los intereses y amortizaciones, de modo tal que muy poco les quedaba para cobrar en efectivo, a una masa cada vez más creciente de asalariados. El riesgo de impago, por fallecimiento era cubierto por seguros, que por supuesto encarecían el crédito. Todo este sistema no era, además, liderado por prestamistas privados, sino por instituciones crediticias específicas, muchas de ellas basadas en vínculos mutuales. Incluso cita una, denominada “Primer institución financiera para funcionarios públicos”,  que captaba fondo del público, para financiar crédito al consumo a funcionarios y jubilados, que comprometían sus ingresos futuros, mediante sesión de créditos. Los títulos mediante los que captaban ahorro público, eran considrados de muy buena calidad, precisamente porque estaban garantizados, además por aseguradoras provinciales y nacionales e incluso, por el gobierno de Baja Austria.

La extensión de crédito y la nula calificación de los riesgos se agravaba porque los mismos funcionarios del gobierno eran los encargados de hacer cumplir un fárrago interminable de normas confusas e inabarcables, lo cual ponía al pequeño comerciante en las garras de la política y le hacía imposible operar al contado o de cualquier otra forma que no fuera extendiendo el crédito mucho más de lo razonable. Las hipotecas superaban claramente el valor de mercado de las propiedades cedidas en garantía.

Había una fuerte necesidad de aumentar las exportaciones para así poder financiar las importaciones imprescindibles.

No podemos más que sorprendernos ante las similitudes de lo que observamos actualmente en nuestra región. Los gobiernos parecen haber estudiado la lección, sino las consecuencias, y haberse preparado para montar un escenario de estado de bienestar, en base a la receta descripta. Las empresas no son calificadas crediticiamente en base a sus proyectos de inversión, que realmente no parecen interesar a los banqueros y financistas. El mercado de crédito está fuertemente parasitado por entidades que no necesitan generar rentabilidad ya que muchas de ellas son oficiales, o porque buena parte de sus fondos son tomados por el estado, que determina las normas bajo las cuales tomará el crédito, condicionando a su vez a la entidad a otorgar créditos al consumo, de diversas maneras, pero no en función a la capacidad de repago de los deudores. Como se puede ver, es el mismo caldo de cultivo para una crisis que reconoce los mismos orígenes comunes.

En un artículo originalmente publicado en Febrero de 1923, Mises nos hace una radiografía de lo que es un país tomado de rehén por las ideologías, que se apoderan, como grupos de choque, de ciertas ramas estratégicas de la actividad económica y ejercen un poder corporativo y antidemocrático. El paralelismo es escalofriante.

Tratando de caracterizar el problema austriaco, Mises cita al autor de una obra llamada “The Suicide of a Nation”, el Dr. Siegfried Strakosch. Y retrata la situación de su patria de la siguiente forma:

“Austria estaba sufriendo un problema fundamental: El dominio de la ideas socialistas. El dominio del Partido Social Demócrata, era irrestricto, pese a no tener mayoría ni entre la población ni parlamentaria; formalmente estaba en la oposición….

Ellos gobiernan porque tienen fuerzas armadas detrás de ellos, y porque en todo momento pueden imponer sus deseos sobre el pueblo, ya sea cerrando los medios de transporte o la provisión de energía. Mientras continúe este  invencible dominio, todo intento de poner el país nuevamente sobre sus pies va a fallar

El presupuesto no puede ser balanceado si las numerosas empresas públicas no son cerradas;  con sus billones de déficits, ellas frustran cualquier intento de poner en orden el presupuesto público.  Los socialdemócratas no permitirán que los ferrocarriles las fábicas de tabaco, o las empresas municipales, o las instituciones cooperativas sean manejadas por el sector privado. El día de ocho horas de trabajo no podría ser tocado ni siquiera si resultara claro que la industria no puede hacerse competitiva mientras se mantenga en vigencia.

Todo lo que la política económica del partido socialista logra es la imposición del capital, el cual se convierte en bienes de consumo y por lo tanto es devorado. El único remedio recomendado por la política fiscal de los social demócratas es la confiscación de la riqueza física de todo tipo, tanto como la confiscación de la moneda, el crédito externo, y los títulos valores. Consumir y destruir, ese es el objetivo final de su sabiduría.

“Tomaremos no solo el ingreso de las personas, sino mucho más”, decía Strakosch. “Consumiremos no solo el ingreso, sino la riqueza”….

El pensamiento demagógico sobre el presente solamente, no sobre el futuro”  [11]

Luego, Mises continúa citando a otro autor, René Stourm, historiador de la revolución francesa, quien describió magistralmente los principios detrás de la política fiscal jacobina:

“La actitud de los jacobinos en relación a las finanzas puede ser muy simplemente caracterizada por el agotamiento total de los recursos en el presente, a expensas del futuro. Ellos nunca se inquietaron por el devenir, manejando todos sus asuntos como si cada día fuera a ser el último. Esa aproximación distingue todas las acciones tomadas durante la revolución….

El papel moneda… inundó el país en cantidades siempre crecientes. La perspectiva de impedir una bancarrota nunca detuvo su accionar ni por un momento. Solo cuando el público se rehusó absolutamente a aceptar papel moneda de cualquier tipo y no importando a que tan bajo valor fuere, entonces la provisión de nuevos billetes se frenó.

Como puede verse en los párrafos previos, es tremendamente realista y claro el enfoque que exhibe el autor analizado. Y significa una durísima lección frente a quienes todavía se permiten creer en las buenas intenciones de estos programas socialistas, calcados de unos ya estruendosamente fracasados, y diseñados no ya para conducirnos a una sociedad de mayor desarrollo y prosperidad, sino a perpetuar la influencia política y la capacidad de detentar y conservar el gobierno de estas corrientes socializantes totalitarias y destructivas.

 

 

 

Bibliografía:

  • Cortés Conde Roberto. La expansión de la Economia Argentina entre 1870 y 1914 y el papel de la inmigración. In: Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, n°10, 1968. Numéro spécial consacré à l’Argentine. pp. 67-88. doi : 10.3406/carav.1968.1188 http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/carav_0008-0152_1968_num_10_1_1188
  • Mises, Ludwig Edler von. (1881 – 1973): “Monetary, fiscal and economic policy problems before, during and after the Great War”. Edited and with an introduction by Richard M. Ebeling. Indianápolis, In. USA. Liberty Fund Inc. 2012.

[1]  Cortés Conde Roberto: 1968.

[2] Mises: 2012: Cap. 29 Pag. 319. La traducción es mía.

[3] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 169. La traducción es mía.

[4] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 170. La traducción es mía.

[5] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 172 y 173. La traducción es mía.

[6] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 174. La traducción es mía.

[7] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 174. La traducción es mía.

[8] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 176. La traducción es mía.

 

[9] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 176. La traducción es mía.

 

[10] Mises: 2012: Cap. 9 Pag. 176. La traducción es mía.

 

[11] Mises: 2012: Cap. 21 Pag. 272 – 273. La traducción es mía.

Chile, ¿retroceso institucional?

Guillermo Covernton y José Francisco García.

 

https://www.youtube.com/watch?v=h5ntdssDfYQ

La caída del precio del petroleo, y sus consecuencias:

La evolución de los precios del petróleo se ha convertido, en los últimos meses, en un tema que atrae la atención permanente de los medios de prensa. Es que, en promedio, el precio actual del crudo es levemente algo más de la mitad de lo que cotizaba hacen apenas meses.

Varias veces por semana encontramos artículos en los que se analizan sus causas y consecuencias y también, desde luego, las opiniones de expertos de todo tipo.

Lo interesante del caso es ver como las doctrinas económicas equivocadas, de los últimos 80 o 100 años, se han enraizado de tal modo en la opinión pública, que casi cualquier hipótesis puede ser dada por aceptable y casi cualquier interpretación puede generar dudas.

Estas reflexiones se me han presentado, a raíz de un reciente artículo de Moisés Naím, publicado en El País, de España: http://elpais.com/elpais/2015/01/02/opinion/1420219111_960203.html

En el mismo se hacen algunas reflexiones acertadas, otras son sencillamente opiniones y otras son hipótesis que, probablemente, con el paso de los meses, se revelarán como muy aventuradas y sin fundamento.

Se afirma, acertadamente;  que la crisis del petróleo de los años ´70 provocó cambios geopolíticos muy importantes, y que esta situación de precios actuales podría ser igualmente influyente.

Sin ánimo de polemizar con tan distinguido y reconocido analista, me atrevería a puntualizar que, como economistas profesionales tenemos la obligación de esclarecer a la opinión pública. Y de diferenciar lo diferente.

La primera diferenciación que creo pertinente destacar, es que la suba del precio del petróleo, durante los años ´70s se debió a una reducción programada de la producción, con motivos especulativos, programada por un “cartel” de exportadores. Los llamados “países de la OPEP” pretendieron hacer abuso de posición dominante en un mercado, actuando coordinadamente en detrimento de los consumidores. En cambio, la actual caída del precio del mismo commodity, parece deberse sencillamente a la maduración de una gran cantidad de proyectos de inversión, en general privados, y a la aplicación de nuevas tecnologías de producción, que abaratan los costos de explotación.

Parece haber un acuerdo importante en que las tecnologías que permiten explotar hidrocarburos alojados en rocas de esquisto, es decir, lo que se conoce como “shale gas” o también “shale oil”, ha logrado poner en producción grandes yacimientos que anteriormente, al no ser extraíbles, o solo a costos muy altos, hacían imposible su explotación económica. Y estaban preservados como reserva estratégica, para casos extremos, como pueden ser conflictos bélicos.

Hecha esta primera diferenciación, deberíamos luego analizar  si es correcto afirmar que algunos países saldrían beneficiados, (por ejemplo los grandes consumidores, que producen poco), y otros tantos saldrían perjudicados, (los grandes productores cuyo consumo es marginal, respecto a su volumen de producción, y por ende son grandes exportadores netos). O si, contrariamente, se puede afirmar que los beneficios serán para “todos”.

Hay una tentación muy grande en afirmar que pueda haber aquí una verdadera confabulación de ciertas naciones, (USA, Gran Bretaña, Holanda, Noruega), desarrolladas y de economías más maduras, en contra de otras tantas, (Venezuela, Irán, Rusia y los Países Árabes), para “dominarlas”…

Voy a tratar de analizar todo esto, al margen de las pasiones y con cierto grado de criterio científico, para tratar de sacar algunas conclusiones.

Si algunos salieran ganando y otros salieran perdiendo, podríamos decir que el fenómeno es neutral y va a ser valorado o condenado, de acuerdo a la posición particular de cada uno. Si esto trajera progreso y bienestar para todos, podríamos decir que es una conquista del progreso humano.

Por ello creo que es importante analizarlo desde la más elemental teoría económica, que en este caso, nos haría tomar conciencia de que el fenómeno es definitivamente beneficioso para “todo” el mundo. Y cuando digo “todo” el mundo me refiero para cualquier ciudadano del mundo que apele a la resolución de sus problemas desde la racionalidad económica y el respeto por sus semejantes. Es decir, “para todas las personas de buena voluntad”.

Volvamos  a las fuentes. Digamos, al dominio de “Economía 101”, es decir, los principios esenciales que se deben enseñar en el primer curso del primer año de una carrera de grado, en cualquier universidad.

Los bienes son aquellos entes materiales o incorpóreos que nos permiten satisfacer nuestras necesidades. Si disponemos de menos cantidad de las que precisamos, adquieren valor. Sino, son libres, es decir gratuitos, como el aire que respiramos, en la mayoría de los casos.

La posibilidad de disponer ahora de mayores cantidades de petróleo, que antes eran inaccesibles, a costos menores que sus precios de venta es el producto del avance tecnológico. Una forma de capital que se llama conocimiento científico o técnico nos pone entre manos algo que antes no existía. Eso es tan positivo como el aumento de los rendimientos de la agricultura, por el mejor dominio de prácticas agronómicas, o por la adecuación de cada especie o variedad a cada ecosistema.

Definitivamente, somos todos más ricos: Ahora sabemos hacer cosas que antes no conocíamos. Necesitaremos menos medios monetarios o enajenar menos cantidades de otros bienes, para conseguir la misma cantidad de energía que demandábamos antes.

¿No habrán ganadores y perdedores? La sana economía nos debe enseñar que el principal problema del ser humano es la asignación de los recursos. No la escasez de los recursos, como tantas veces, equivocadamente, han afirmado algunos que pasan por expertos.

Para un médico, el problema es mejorar la calidad y duración de la vida de sus pacientes. No la muerte. Porque sobre lo primero puede tomar decisiones conducentes. Sobre lo segundo, nada puede hacer. La muerte siempre estará presente. Nunca será eliminada ni vencida. Del mismo modo, para un aerodinamista, el problema no es la ley de la gravedad, que es imposible de neutralizar. Sino, como hacer para que vuelen las naves más pesadas que el aire.

Para el economista, la escasez no es el problema. En todo caso, un ingeniero que consiga obtener el mismo compuesto químico a partir de extraerlo de algún recurso sobre abundante y a bajo costo, hace mucho más por disminuir la escasez que un economista. Y si por alguna cuestión o descubrimiento, el petroleo se pudiera obtener, por hallazgos o por síntesis química, en cantidades mayores que las requeridas, podría pasar  a ser un “bien libre”, eventualmente, y conseguirse gratuitamente, como el agua potable en algunas regiones.

Para el economista, el problema es la asignación. Es como determinar cuanto, de ciertos insumos, debemos afectar a que tipo de producciones. Que dosis de capital conviene aplicar a cada sistema de producción. Que sistemas de producción alternativos elegir, entre los más capital intensivos y de más alta productividad, o los menos productivos, pero que afectan menos recursos a invertir, muchas veces escasos.

La caída del precio del petróleo, sin dudas generará que ciertas inversiones sean reasignadas. ¡Esa es la magia del capitalismo liberal! Que los empresarios ganan o pierdan en tanto y en cuanto aciertan en sus asignaciones de factores o se equivocan. No sabemos si el petróleo seguirá bajando o se estabilizará. Los proyectos de inversión seleccionados, para prosperidad o bancarrota de quienes los encaren a sus propios riesgos, serán los que lo determinen. Eso en un marco de economías de mercado, propiedad privada y cumplimiento de contratos. Que es el marco que impera en los países que han expandido sus producciones a partir de la implementación de estos sistemas avanzados de explotación de hidrocarburos, que antes no existían.

Como podemos ver, y si persistimos en tratar de determinar si los ganadores generarán perdedores o si todos ganaremos, es clave entender que la economía de mercado, con libre comercio y respeto por la propiedad y los contratos, no es un juego de suma cero. Se descubren sistemas y alternativas productivas. Que luego son adoptadas e imitadas, o en el peor de los casos, nos obligan a migrar a otras actividades, como empresarios que somos y a asignar de forma diferente nuestros recursos.

Es decir: Para todas aquellas personas que pretendan vivir en sistemas republicanos, con respeto por la propiedad privada y democracia, con respeto por el disenso, las minorías y los derechos individuales inherentes a la persona humana, estas son todas buenas noticias. A diferencia de lo que ocurría con la crisis del petróleo de los años ´70s.

Por supuesto: Si Ud. es un Yihadista de ISIS, que se financia robando el producto de los yacimientos desarrollados  y refinerías construídas con capitales ajenos, la baja del precio del petróleo va a ser una tragedia. Si Ud. es un dictador caribeño que se financia manejando como un títere a una dictadura de un país vecino, al que le ha impuesto su gobernante, para explotar sus ingentes reservas de petróleo en beneficio propio, mejor es que busque otro socio. Aunque ese socio haya sido su peor enemigo, mientras sea rico y próspero. Si Ud. es un dictador que al estilo de Saddam Husein, pretende invadir países vecinos y apoderarse de recursos naturales, está perdido.

El progreso tecnológico, el desarrollo de los sistemas avanzados de producción de alta tecnología, agrandan las brechas institucionales: Los países que tienen una gran riqueza institucional, acaparan inversiones y tecnología. Nadie invierte para que lo confisque un fundamentalista o un comunista. Pero, en cambio, los países cuya miseria y paupérrimo desarrollo institucional los hace inelegibles para la aplicación de estas tecnologías, tienen dos posibilidades: O cambian, o verán alejarse, cada vez más, a los capitales y tecnologías que les permitirían parecerse en el largo plazo y con trabajo, a los más prósperos y avanzados del mundo.

El progreso, la cultura, el avance tecnológico, y en resumen, los frutos del capitalismo obligan a dedicarnos a la paz, el trabajo esforzado y el estudio dedicado. Los tiranos, los demagogos, los impulsores del hipócrita estado de “bienestar”, que solo empobrece, los fundamentalistas y xenófobos, no tienen cabida en una sociedad que apoya sus cimientos en la colaboración social libre y voluntaria, con respeto por los contratos y por la propiedad privada de los medios de producción y de sus ganancias. Y de los sistemas de precios que generan los procesos de mercado.

En ese sentido, creo que la evolución del mercado del petróleo es una buena noticia para todas las personas de buena voluntad. Que por esa misma evolución, están siendo más ricas día a día. Aunque, en el camino, algunos tengan que redefinir sus planes de negocio, enhorabuena. Para mejorar la asignación de los siempre escasos bienes económicos.

En defensa del disenso, del pluralismo y del concepto de Universidad:

Por Guillermo Luis Covernton.  Publicado el 22/8/14 en http://eseade.wordpress.com/2014/08/22/en-defensa-del-disenso-del-pluralismo-y-del-concepto-de-universidad/

 

Dos graves incidentes, acontecidos en sendos ámbitos académicos de nuestro país, nos deben mover a la reflexión y a la adopción de posiciones claras.

Me refiero a los ataques recibidos por el Dr. Domingo Cavallo en la Pontificia Universidad Católica Santa María de los Buenos Aires, antes de ayer, y luego a lasamenazas que impidieron la exposición del Dr. Ricardo Lopez Murphy, programada para el día de ayer, en la Universidad Nacional de La Plata.

Ataque contra la libertad de expresión:

Al margen de la mayor o menor simpatía que nos produzca cada uno de los especialistas involucrados, es claro que el problema aquí es la brutal ruptura del diálogo político, y la imposibilidad de canalizar el disenso por carriles civilizados. Lo cual es la evidente antesala para la intolerancia, el fascismo, la violencia y la muerte. Ya hemos vivido, en los `70s, las consecuencias de estas actitudes irracionales e inadmisibles. Que luego se plasmaron en la expulsión y proscripción de profesores de enorme valor. Existen, lamentablemente, infinidad de ejemplos de estas iniquidades.

No interesa la posición política de cada uno de los fallidos disertantes. No tiene nada que ver su adscripción o no a determinado movimiento político. No me voy a dispersar en tratar de explicar o de analizar las posiciones públicas de cada uno de ellos. Lo que se debe repudiar, sin dudas, sin eufemismos y sin ningún tipo de reservas es que individuos fanatizados, en actitud de verdaderos energúmenos, enajenados, pretendan coartar el derecho de los ciudadanos a conocer posiciones alternativas a aquellas que se pretenden hegemonicas. Nadie intenta hacer callar a alguien que no está siendo escuchado. Resulta absolutamente evidente que las personas que voluntariamente habían decidido asistir a los eventos en cuestión, tienen derecho, sin ningún tipo de condicionantes, a escuchar las ideas, posiciones políticas, críticas, o pensamientos alternativos que crean interesantes. A nadie se le puede reconocer el derecho de censurarlos. De vulnerar su voluntad. De privarlos del debate.

Llama la atención que los comentarios se limiten a describir los hechos como agresiones contra los disertantes. Cuando los verdaderamente agredidos, han sido los asistentes, que deben soportar el accionar de un grupo de facciosos, que sin ningún tipo de autoridad formal, ni mucho menos moral, pretenden erigirse en los censores y determinantes de lo que es aceptable y lo que no. De lo que se puede opinar y lo que no. De lo que se puede afirmar y lo que no.

Destrucción del concepto de Universidad:

La actitud unánime que la hora exige es el repudio total y absoluto a este tipo de acciones. Pero no solo de palabra, sino en los hechos. A este tipo de provocaciones se debe responder compensando y actuando en consecuencia.  El personal de seguridad que intervino en uno de los hechos, según ha trascendido, pudo constatar que algunos de los agresores serían miembros de la administración pública. Este tipo de personajes deben ser inmediatamente cesanteados y expulsados de la esfera del estado.

Es inadmisible tolerar que individuos que, se supone, deben propender a la consecución de los fines del estado, entre los cuales se encuentra, sin dudas, el fomento de la educación universitaria, se permitan instalar en la opinión pública que el sano debate de ideas es inadmisible. Que la discusión de posiciones diferentes no es deseable. Que quién piensa diferente no debe ser aceptado ni puede actuar en ese ámbito.

Urge que los rectores de instituciones públicas nacionales, se expresen sin reparos y sin demagógicos cálculos sobre las consecuencias que estas manifestaciones puedan tener, en el ámbito de sus alumnos y de los movimientos políticos que los agrupan.

Está en juego el concepto de Universidad. No se puede pretender ser autoridad, de una casa de altos estudios, si no se comparten estos principios esenciales. El Dr. Cavallo y el Dr. Lopez Murphy deben ser invitados con urgencia a debatir. A presentar sus posiciones. A criticar, con el peso de sus argumentos y de sus trayectorias académicas indiscutibles, en el ámbito de las universidades nacionales, y con las más absolutas garantías. El estado no puede mirar para otro lado ni hacer un silencio cómplice.

Tengo más de 30 años de experiencia universitaria: Como alumno de grado en universidades públicas, en los años de plomo en los que individuos que fingían ser mis condiscípulos me obligaban a abandonar el edificio de la UNR, bajo la amenaza de haber colocado explosivos. Luego como alumno de posgrado en prestigiosas universidades privadas. Luego como docente en universidades del exterior. Y también de nuestro país.

Mi experiencia, en todos estos años me lleva a afirmar que no hay otra forma de aprender que disentir e intercambiar ideas diferentes. Varias veces por semana enfrento un aula con 60 u 80 estudiantes que, sin dudas, no conocen del tema a tratar, lo que yo conozco. Por eso vienen en forma libre y voluntaria a escucharme. Y pagan por eso. No comparten mis puntos de vista, porque ni siquiera los han escuchado. No pueden coincidir en absoluto con lo que digo. Pero todos ellos, luego de 4 o 5 años de pasar por las aulas, se convierten en profesionales de provecho, precisamente porque hemos logrado ese privilegio que nos otorga la civilización: El debate fructífero de ideas diferentes. El intercambio de argumentos y su análisis desprejuiciado y sincero.

Quienes quieran expresar su disenso y su oposición a las ideas de quien fuera, pueden hacerlo. Pero es inaceptable que precisamente en el ámbito que debe ser un templo del saber y de la verdad, se persiga a quienes pretenden alcanzarla, expresando lo que han aprendido, a su leal saber y entender. La evolución de la civilización depende de esto.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.

Los fondos buitres no existen

Publicado el 19 de Junio de 2014 en http://www.liberallibertario.org/home/index.php/prensa/archivo/565-los-fondos-buitres-no-existen

El economista y académico Guillermo Covernton, del Movimiento Liberal Libertario, destacó: “Los fondos buitres no existen. Hay distintos tipos de acreedores. Lo que tienen en común es que poseen deuda que el Estado Argentino emitió. Unos tienen menos capacidad de resistencia y prefirieron acordar los términos que el gobierno impuso unilateralmente, mientras que otros poseen más capacidad de incurrir en gastos y litigar”.

Para Covernton, un gobierno que cataloga de buitres a los tenedores de deuda está reconociendo que cuando emitió esos títulos estaba vendiendo carne podrida y, al admitir que ellos compraron deuda a muy bajo precio, no hace otra cosa que reconocer su absoluta incompetencia. “Si los títulos llegaron a valer tan poco, no hay justificativo para que el mismo gobierno no los haya comprado, cancelando así su obligación a una mínima fracción de su valor originario”.

Por su parte, el referente económico del movimiento liberal destacó que es una mala señal que la oposición y los medios caigan en la trampa de utilizar la terminología impuesta por el populismo. “Esto parece dejar en claro la corresponsabilidad de prácticamente todo el espectro político argentino, que festejaba cuando se repudió la deuda que ahora está en litigio. Practicamente todos los sectores estuvieron representados en esa fallida maniobra que ha destruido la credibilidad del Estado argentino en todos los mercados financieros y que exigirá muchísimos años de conducta antes de ser reestablecida”, manifestó.

“Es muy simple caer en un nacionalismo infantil, pero la ciudadanía debe comprender que este comportamiento se traduce en un perjuicio para los argentinos, ya que la historia termina con menos crédito e inversión, lo que significa menos trabajo y salarios miserables”, concluyó.

 

 

 

“Who discovered the principle of Marginal Utility?”

This is a translation of the article of the same name published by Prof. Dr. Jorge Ubiratán Iorio: http://www.ubirataniorio.org/index.php/artigo-do-mes/260-mgutility

We present here, for ease of dissemination and debate among scholars of English speakers.

 

” ” This article is a brief excerpt of Chapter IX of my book From the first Austrian protoaustríacos : a brief history of the Austrian School , which will be released in Brazil in September this year by the Mises Institute Brasil ” ” .

 

” ” Those who responded to this question by saying Menger , Jevons and Walras, wrong! In fact, any economics student , or even someone with an interest in science, soon learns that the principle ( or doctrine or law) of marginal utility is a discovery of these three thinkers, who worked independently , without any of them knew what the other two were doing until the final draft in 1871 . Carl Menger , William Stanley Jevons and Walras Léon are thus considered the fathers of the doctrine of marginal utility, which settled the so-called paradox of value, which allows extraordinary developments in economic theory , in the Austrian school and the mainstream economy.
This has been taught from generation to generation , but it is not true, though – I can assure you – ten thousand economists , perhaps nine thousand nine hundred ninety-nine not know, not by their own fault, but because they were taught different and , in turn , who taught them also learned in the same traditional way.
But what , after all, I mean by this ? Who was the real ” inventor ” of the principle of marginal utility ?

In regard to the truth and merit , we affirm that the true ” discoverer ” of that – and important – the law, in the final form in which it was learned , was Jaime Luciano Balmes and Antonio Urpiá (or , in Catalan, Antoni Jaume Balmes Llucià Urpià i ) !
In fact, no doubt, was Jaime Balmes (1810-1848) – as it is known – the Catalan priest and philosopher , who , in 1844 , was not only the first to untie the Gordian knot of the famous paradox of value , which is challenging thinkers for centuries , but also the first to clearly state the law of marginal utility. Balmes was a contemporary of the Prussian Hermann Heinrich Gossen ( both born in 1810 ) has reached this important solution that helped pave the way for further development of the Austrian School and very current economy in 1844 and therefore before qu Gossen , in his article the true idea of the value or reflections on the origin, nature and variety of prices .
Hermann Heinrich Gossen (1810-1858) came to the same result – although very different methodology , with a strong appeal for math – ten years later, ie in 1854 , in his Die Entwickelung der des Gesetze menschlichen Verkehrs ( Development exchanges between people) laws. It was therefore Gossen who makes the second submission to the law of marginal utility.
Therefore, before Menger , Jevons and Walras reached the top marginal utility in 1871 , two other scholars of the economy had already crossed the ” finish line ” Balmes was the first and the second Gossen .
Jaime Balmes was born in Barcelona. Philosopher , theologian, apologist, sociologist and politician, was one of the most interesting personalities of Spain in the first half of the nineteenth century. Although familiar with the doctrine of Thomas Aquinas and therefore keeping traits thought of Thomas Aquinas, was an original philosopher , without belonging to any particular school.
While it is completely unknown to economists, who traditionally form in the Anglo-Saxon tradition , is very popular in the Catalan country where almost every city has a street or square that bears his name, but even in Catalonia his works and contributions are more known now than during his time.
On September 7, 1844 , Balmes – the largest in Spain and Europe Thomist philosopher of his time – published a text called The true idea of the value or reflections on the origin, nature and variety of prices , which resolves the paradox of value after centuries of unsuccessful or only partially satisfactory answers , clearly presenting the concept of marginal utility, brilliantly answering the question ; ” Why a gemstone [ which is a ” luxury good ” ] is higher than a piece of bread [ a value of” essential good “] “?
Your question and answer quirky and pioneering can be formulated as follows :
How does a gemstone worth more than a piece of bread , a comfortable dress and maybe even a healthy and pleasant villa? And he answers:
… “It is difficult to explain , and the value of something given by its utility or its ability to meet our needs , more accurate is your satisfaction , the greater its value , one must also consider that if the number of assets increases, reduces the need for each one individually , because if you can choose among many , none is indispensable. Here’s why there is a necessary dependence between the increase and decrease in value and scarcity and abundance of something. A loaf of bread has little value because it keeps no necessary connection with the satisfaction of our needs, but because when there are many, will have abundant food . But decreasing its abundance , its value will grow rapidly to reach any level , a phenomenon that occurs in times of scarcity , and that becomes more palpable in all genres during the calamities of war somewhere cornered by a prolonged harassment ” ( Balmes, Spanish Ed 1949 : 615-624 ) .
Therefore, Balmes was able to close the circle of the continental tradition and make it ready for it to be completed , perfected and taken a few decades later by Carl Menger and his followers of the Austrian School of Economics .
In addition to this pioneering contribution as shown Alex Chafuen  in his interesting article : Roman Catholic Authors and free society : Jaime Balmes (1810-1848) , in : http://www.chafuen.com/catholiceconomicsxixcentury/jaime-balmes , the writing about Balmes, gives us some of the features that allow us to undoubtedly say that was a protoaustríaco Balmes – and the best:
( A) He wrote numerous articles and essays on topics related to freedom , published in the collections of the Social Studies and originally published in the Journal of the Society : seven critical essays on socialism , including from the point of view of Thomas fault system Moro Robert Owen ;
(B ) has, as noted , the first discovery in 1844 – the correct explanation of the idea of ​​value and origin , natural varieties of prices in ten years anticipating solution twenty-seven years Gossen and Menger , Jevons and Walras . He contributed decisively to the development of the Austrian tradition that developed from Menger’s Principles way ;
(C ) He brought about twenty-five pages of Chapter XVIII of the XXVI Elemental Philosophy course to issues of private property , labor, tax , civil law , usury and other information relevant to the Austrian School.
Science , whether social or accurate is not something that comes ready out of the blue .

And one of the social sciences such as economics is particularly dynamic . It is always the result of the work of generations of researchers, scientists and thinkers who , from any of those who preceded , contribute their own ideas, leaving the tasks , improvement or expansion, or even denied by scientific researchers and thinkers of future generations .
As science is not born ready , too ready or never finished. The evolution of a science, whatever it is, is a phenomenon that characterizes spontaneous orders , the expression of Hayek is used to describe the phenomena , such as language and currency, which are the result of free human action , but that are not provided by the state or by specific groups .
It’s like a permanent building renovation and construction , where each worker, of those who started the work, adds his contribution to the building of stone. Some of these stones are angular and placed usually called by the founders of the science ; others are less important or grandiose , but neither exist without the cornerstones .
In economics, the researcher is usually attributed paternity is Adam Smith, with the publication in 1776 of The Wealth of Nations , a work that undoubtedly made ​​an important contribution to erect the building. But more important queesa contribution was the bright Hispanic Scottish Irish Richard Cantillon , who was the first to present a systematic way the economy, 46 years before the publication of ” The Wealth of Nations ” in his brilliant “south test the nature du commerce en général ” , written around 1730 and published in France in 1755.
In the case of the Austrian School , the first stone was laid for the work “constructor” of Carl Menger , considered by all, with justice , as its founder. However, Menger did not put the stone in a vacuum, was cemented in other very important work done by many of his predecessors in earlier centuries .
Using the football analogy ( since we are in the World Cup) , we can say that when the ball is put to Conca Jean and after dribbling three opponents , surrender to Fred , who scored a goal in the future , all refer to him as ” the goal against Flamengo Fred ” , but if Jean had not turned the ball Conca and this had not been released to Fred , it would be ” a great goal from Fred . ” The” ball ” Jaime Luciano Balmes reached Urpiá Antonio and other thinkers , from post- school , who passed on in ages and so from Cantillon , Turgot , Galiani , Bandini , Delfico , Say and Bastiat ; this at the hands of Balmes , who dribbled and threw for Menger did scorer .
Therefore, the true and indisputable principle of marginal utility father was not Menger , Jevons and Walras, but Jaime Balmes. Live and learn , right? … ” ”

 

Ubiratán Jorge Iorio is Doctor in Economics ( EPGE / Fundação Getulio Vargas, 1984)
Economist (UFRJ , 1969)
Executive Chairman of the Interdisciplinary Center for Ethics and personalistic Economics  ( CIEEP )
Academic Director and member of honor of von Mises Institute Brasil ( IMB)
Editor in Chief MISES : Interdisciplinary Journal of Philosophy , Law and Economics
Laureate Award Intenazionale mind Liber @ 2013 in Catanzaro, Calabria (Italy )
Visiting Professor at the Scuola di Liberalism and Member of the Editorial Board of the Rivista Liber @ mind, Fondazione Vincenzo Scoppa , Catanzaro , Italy
Member of the Scientific Council of the chain of ” liberalism delle Regole Il ” with Darius Antisseri , Flavio Felice and Francesco Forte , Rome , Italy
Honorary Member of Associazione Culturale Italia Ludwig von Mises
The Comitato Scientifico members and Senior Fellow of the Tocqueville Center – Acton ( Italy)
Vice President of Communio : International Review of Theology and Culture
Director of the School of Economics UERJ (2000/2003)
Deputy FCE / UERJ (1996/1999)
Associate Professor, Department of Economic Analysis FCE / UERJ
Professor of Special Programs ( MBA) at the Getulio Vargas Foundation
Coordinator of the Faculty of Economic and Financial Sciences IBMEC (1995/1998)
Researcher IBMEC (1982/1994)
Economist IBRE / FGV (1973/1982)
Official Central Bank of Brazil ( 1967/1973 ) .

“¿Quién descubrió el principio de la Utilidad Marginal?” Por Ubiratán Jorge Iorio.

Esta es una traducción del artículo del mismo nombre publicado por el Prof. Dr. Ubiratán Jorge Iorio en: http://www.ubirataniorio.org/index.php/artigo-do-mes/260-mgutility

Lo presentamos aquí, para facilitar su difusión y debate entre los estudiosos de habla hispana.

 

“”Este artículo es un breve extracto del Capítulo IX de mi libro Desde los primeros protoaustríacos austríacos: una breve historia de la Escuela Austriaca, que será lanzado en Brasil en septiembre de este año por el Mises Institute Brasil””.

 

“”Quienes respondieron a esta pregunta diciendo Menger , Jevons y Walras , mal! De hecho, cualquier estudiante de economía , o incluso alguien con interés en la ciencia , aprende muy pronto que el principio (o doctrina o ley) de la utilidad marginal es un descubrimiento de estos tres pensadores , que trabajaron de forma independiente , sin que ninguno de ellos supiera lo que los otros dos fueron haciendo hasta la redacción final, en 1871. Carl Menger , William Stanley Jevons y Walras Léon son así considerados los padres de la doctrina de la utilidad marginal , que resolvió la llamada paradoja del valor , lo que permite desarrollos extraordinarios en la teoría económica, tanto en la escuela austríaca como en la economía dominante .
Esto ha sido enseñado de generación en generación, pero no es cierto, aunque – Les puedo asegurar – de cada diez mil economistas , tal vez nueve mil novecientos noventa y nueve no lo saben , no por su propia culpa, sino porque se les enseñó diferentes y , a su vez , a los que les enseñó también aprendió de la misma manera tradicional.
Pero lo que , después de todo, quiero decir con esto ? ¿Quién fue el “inventor ” real del principio de la utilidad marginal ?

En lo que se refiere a la verdad y el mérito , afirmamos que el verdadero ” descubridor ” del mencionado – e importante – la ley, en la forma definitiva en que se supo , fue Jaime Luciano Balmes y Antonio Urpiá (o, en catalán , Antoni Jaume Balmes Llucià Urpià i ) !
De hecho , sin duda , fue Jaime Balmes (1810-1848) – como se le conoce – el sacerdote y filósofo catalán , quien , en 1844, no sólo fue el primero en desatar el nudo gordiano de la famosa paradoja del valor, que  viene desafiando a pensadores durante siglos , sino también el primero en exponer claramente la ley de la utilidad marginal. Balmes fue contemporáneo del prusiano Hermann Heinrich Gossen , ( ambos nacidos en 1810 ), pero alcanzó esta importante solución que ayudó a abrir el camino para un mayor desarrollo de la Escuela Austriaca y la economía muy corriente en 1844 y por lo tanto antes qu Gossen , en su artículo la verdadera idea del valor o reflexiones sobre el origen, naturaleza y variedad de precios.
Hermann Heinrich Gossen (1810-1858) llegó al mismo resultado – aunque de muy diferente metodología , con un fuerte atractivo para las matemáticas – diez años después, es decir, en 1854, en su Die Entwickelung der des Gesetze menschlichen Verkehrs ( Desarrollo de las leyes intercambios entre personas). Fue , por tanto, Gossen quien hace la segunda presentación a la ley de la utilidad marginal.
Por lo tanto , antes de que Menger , Jevons y Walras llegaran al principio de la utilidad marginal en 1871 , otros dos estudiosos de la economía ya habían cruzado la ” línea de meta “: Balmes fue el primero y el segundo Gossen .
Jaime Balmes nació en Barcelona. Filósofo , teólogo, apologista , sociólogo y político , fue una de las personalidades más interesantes de España en la primera mitad del siglo XIX. Aunque familiarizado con la doctrina de Tomás de Aquino y por lo tanto guardando rasgos de pensamiento de Tomás de Aquino , fue un filósofo original, sin pertenecer a ninguna escuela en particular.
Si bien es totalmente desconocido para los economistas, que tradicionalmente se forman en la tradición anglosajona , es muy popular en el país catalán , donde en casi todas las ciudades hay una calle o plaza que lleva su nombre, pero incluso en Cataluña sus obras y sus contribuciones son más conocidos ahora que durante su tiempo.
El 7 de septiembre de 1844, Balmes – el filósofo tomista más importante de España y Europa de su tiempo – publicó un texto llamado La verdadera idea del valor o reflexiones sobre el origen, naturaleza y variedad de precios, lo que resuelve la paradoja del valor después de siglos de respuestas insatisfactorias o solo parcialmente satisfactorias , presentando claramente el concepto de utilidad marginal , respondiendo brillantemente a la pregunta ; ” ¿Por qué una piedra preciosa [ que es un ” bien de lujo “] tiene un valor más alto que un pedazo de pan [un ” bien esencial “] “?
Su pregunta y la respuesta peculiar y pionera pueden formularse de la siguiente manera :
¿Cómo es que una piedra preciosa vale más que un pedazo de pan , un vestido cómodo y , quizás, hasta que una villa sana y agradable ? Y responde :
… ” No es difícil de explicarlo, y el valor de algo que se da por su utilidad o su capacidad para satisfacer nuestras necesidades , más precisa es su satisfacción , mayor es su valor , uno debe también considerar que si el número de activos aumenta, disminuye la necesidad de  cada uno en particular, ya que, si usted puede elegir entre muchos, ninguno es indispensable. He aquí por qué hay una dependencia necesaria entre el aumento y la disminución en el valor y la escasez y abundancia de algo. Una hogaza de pan tiene poco valor , no porque guarda una necesaria relación con la satisfacción de nuestras necesidades, sino porque cuando hay muchos, se  saciará de pan. Pero disminuyendo su abundancia, su valor crecerá rápidamente para llegar a cualquier nivel, fenómeno que se produce en épocas de escasez , y que se hace más palpable en todos los géneros durante las calamidades de la guerra en un sitio acorralado por un acoso muy prolongado ” ( Balmes, español Ed 1949 : 615-624 ) .
Por lo tanto , Balmes fue capaz de cerrar el círculo de la tradición continental y de dejarlo preparado para que pueda ser completado, perfeccionado y llevado , algunas décadas más tarde, por Carl Menger y sus seguidores de la Escuela Austriaca de Economía .
Además de esta contribución pionera , como muestra Alex Chafuén en su interesante artículo: Autores Católicos Romanos  y la sociedad libre : Jaime Balmes (1810-1848) , en : http://www.chafuen.com/catholiceconomicsxixcentury/jaime-balmes , la escritura sobre Balmes , nos da algunas de las características que nos permiten sin lugar a dudas decir que Balmes era un protoaustríaco – y lo mejor:
( A) El escribió numerosos artículos y ensayos sobre temas relacionados con la libertad , publicados en las colecciones de la Estudios Sociales y publicadas originalmente en los Cuadernos de La Sociedad : siete ensayos críticos sobre el socialismo , que incluyen desde el punto de vista de Tomás Moro a errores sistema de Robert Owen ;
(B ) tiene, como se ha señalado , el primer hallazgo en 1844 – la explicación correcta de la idea del valor y el origen , las variedades naturales de los precios , anticipando en diez años la solución de Gossen y en veintisiete años Menger , Jevons y Walras . Contribuyó de manera decisiva al desarrollo de la tradición austriaca que se desarrolló a partir de Principios de Menger ;
(C ) Aportó cerca de veinticinco páginas de los Capítulos XVIII a la XXVI del Curso Elemental de la Filosofía  a las cuestiones de la propiedad privada , el trabajo , los impuestos , el derecho civil , la usura y otra información relevante para la Escuela Austriaca .
La ciencia, ya sea social o exacta no es algo que nace listo , de la nada.

Y una de las ciencias sociales como la economía es particularmente dinámica . Siempre es el resultado del trabajo de generaciones de investigadores, científicos y pensadores que , desde cualquiera de los que les precedieron , contribuyen con sus propias ideas , dejando las tareas a realizar, la mejora o ampliación , o incluso negados por los investigadores científicos y pensadores de las siguientes generaciones.
Como la ciencia no nace lista , también nunca está lista o terminada. La evolución de una ciencia, sea la que sea , es un fenómeno que caracteriza a los órdenes espontáneos , la expresión de Hayek se utiliza para describir los fenómenos , como el idioma y la moneda , que son el resultado de la acción humana libre, pero que no están previstas por el Estado o por grupos específicos.
Es como una renovación permanente del edificio y de la construcción , donde cada trabajador, de los que comenzaron la obra , añade su contribución a la construcción de piedra. Algunas de estas piedras son angulares y se colocan por lo general por los llamados fundadores de la ciencia ; otros son menos importantes o grandiosas , pero tampoco existirían sin las piedras angulares .
En economía, al investigador que se suele atribuir su paternidad es a Adam Smith , con la publicación en 1776 de La Riqueza de las Naciones , una obra que , sin duda, hizo una importante contribución para erigir el edificio. Pero más importante queesa contribución, fue la del brillante escocés hispano irlandés Richard Cantillon , quien fue el primero en presentar de manera sistemática la economía , 46 años antes de la publicación de “La riqueza de las naciones” , en su brillantísimo “Ensayo sur la naturaleza du commerce en général” , escrito alrededor de 1730 y publicado en Francia en 1755.
En el caso de la Escuela Austriaca , la primera piedra fue colocada por el trabajo “constructor” de Carl Menger , considerado por todos, con justicia , como su fundador . Sin embargo , Menger no puso la piedra en el vacío , se cimentó en otros trabajos muy importante hechos por muchos de sus predecesores en los siglos anteriores .
Haciendo analogía con el fútbol ( ya que estamos en la Copa del Mundo) , podemos decir que cuando la pelota se le  pone a Conca Jean y tras driblar a tres rivales , se rinden a Fred, quien anotó un gol, en el futuro, todos se refieren a el como ” que el objetivo de Fred contra el Flamengo ” , pero si Jean no había entregado la pelota a Conca y esto no se hubiera lanzado a Fred , no sería ” un gran gol de Fred . ” La “bola ” llegó a Jaime Luciano Balmes y Antonio Urpiá otros pensadores , desde post- escolar , que pasaron sucesivamente en siglos y así , desde Cantillon , Turgot , Galiani , Bandini , Delfico , Say y Bastiat ; este a manos de Balmes , quien dribló y lanzó para que Menger hiciera de goleador .
Por lo tanto , el padre verdadero e indiscutible del principio de la utilidad marginal no fue Menger , Jevons y Walras , sino Jaime Balmes . Vivir y aprender , ¿no? …””

 

Ubiratán Jorge Iorio es: Doctor en Economía ( EPGE / Fundação Getulio Vargas, 1984 )
Economista (UFRJ , 1969 )
Presidente Ejecutivo del Centro Interdisciplinario de Ética y Economía personalista  ( CIEEP )
Director Académico y miembro de honor de von Mises Institute Brasil (IMB )
Editor en Jefe MISES : Diario Interdisciplinario de Filosofía, Derecho y Economía
Laureate Award Intenazionale mente Liber @ 2013 en Catanzaro, en Calabria (Italia )
Profesor visitante de la Scuola di Liberalismo y Miembro del Consejo Editorial de la Rivista Liber @ mente, Fondazione Vincenzo Scoppa , Catanzaro , Italia
Miembro del Consejo Científico de la cadena del libro ” Il liberalismo delle Regole ” con Darío Antisseri , Flavio Felice y Francesco Forte , Roma , Italia
Socio de Honor de Associazione Culturale Italia Ludwig von Mises
Del Comitato Scientifico miembros y Senior Fellow del Centro Tocqueville – Acton (Italia )
Vicepresidente de Communio : Revista Internacional de Teología y Cultura
Director de la Escuela de Ciencias Económicas UERJ (2000/2003)
Subdirector de FCE / UERJ (1996/1999)
Profesor Asociado, Departamento de Análisis Económico de la FCE / UERJ
Profesor de Programas Especiales (MBA ) en la Fundación Getulio Vargas
Coordinador de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras IBMEC (1995/1998)
Investigador IBMEC (1982/1994)
Economista IBRE / FGV (1973/1982)
Oficial del Banco Central de Brasil ( 1967/1973 ) .

 

Los desafíos para la libertad en el siglo XXI:

Conferencia presentada en la “Segunda Semana da Liberdade”, realizada por el Instituto Liberal del Nordeste, en Fortaleza, Brasil, los días 23 y 24 de Mayo de 2014.

Agradecimientos:

Estimados amigos: En primer lugar, no puedo dejar de agradecer profundamente la cortesía del Instituto Liberal do Nordeste, a su presidente, Rodrigo Saraiva Marinho, al darme la oportunidad de poder compartir con Uds. tan importantes e interesantes ponencias. Quienes me antecedieron en el uso de la palabra, me han brindado muchos y muy importantes conocimientos que me enriquecen y me honran. Vaya también mi reconocimiento a todos los “palestrantes”.

En siguiente lugar, mi más profundo apoyo a la importantísima tarea de las instituciones hermanas.  Por todas las gestiones y esfuerzos que hacen en defensa de la democracia, la libertad, el estado de derecho y la economía de mercado. Y por el determinante apoyo a estas jornadas, que han hecho posible mi presencia hoy aquí.

Al Instituto Ludwig von Mises do Brasil, y a su presidente, Helio Beltrao, que ha aportado a importantes académicos, como el Prof. Dr. Ubiratán Jorge Iorio, un amigo personal que siempre apoya y difunde nuestras actividades académicas. Estoy en deuda hoy con él, porque esta vez no voy a poder servirle el asado argentino, como la última vez que estuvo en mi casa.

Finalmente quiere pedirles algunas disculpas. En  primer lugar, por dirigirme a Uds. en castellano, ya que no hablo portugués. Confío en que no sea una dificultad insalvable.

En segundo lugar, por venir a hablar de temas principalmente macroeconómicos, en un evento en el que se ha explicado muy bien la importancia que tienen para la libertad cuestiones fundamentales como: Las libertades políticas. El apoyo al emprendedurismo. Las normas constitucionales que reafirman la libertad. La libertad de imprenta. Y la libertad para educarse. Yo voy a intentar hacer una muy breve exposición sobre las amenazas a la libertad que pueden venir implícitas en determinados programas de política económica concreta.

Y espero que esto sirva para apreciar la excelente exposición que seguramente harán el Prof. Dr. Ubiratán Iorio y Raduán Melo, sobre un concreto programa de política económica: El plan Real.

 

Introducción:

 

El orden social de la libertad, nacido en el sueño de los griegos, perfeccionado durante la república romana y consolidado finalmente por la revolución americana, enfrenta tremendos desafíos.

Su mayor virtud es, sin género de dudas, el haber ganado definitiva y universalmente la batalla ideológica. En ninguna sociedad actual, en ninguna parte del mundo, ningún líder se atrevería a discutir las que se consideran sus más conspicuas características:

–          La libertad del individuo para elegir y ser elegido.

–          La necesidad de un gobierno ungido por un proceso democrático, electivo.

–          La duración limitada de los mandatos y la necesidad de su renovación.

–          La limitación al poder del gobernante, dada por una asamblea o parlamento.

Incluso en los regímenes más totalitarios del mundo se afirma que estas libertades y derechos deben ser ejercidos por los ciudadanos[i]. Y lo interesante es ver los argumentos del oficialismo, en ciertos casos[ii].

Pero esto no puede llevarnos a pensar que el orden social de la libertad ha logrado asentarse en todas las sociedades y que el modelo de sociedad, basado en la colaboración social libre y voluntaria, que permite la expresión permanente de todos sus integrantes, a través de cada una de sus decisiones cotidianas no corre peligro. Lúcidos observadores nos viene advirtiendo de los riesgos de ciertas conductas políticas que pueden terminar completamente con el marco político, institucional y económico que conocemos y deseamos, como marco para nuestra vida en libertad.[iii]

Y definimos de esta forma al orden social liberal, porque muchas veces se confunde la herramienta a través de la cual se configura a la sociedad, es decir el mecanismo democrático, con el objetivo de este ordenamiento social e institucional[iv]. El montaje de una escenografía democrática, de ninguna manera nos permite pensar que estamos frente a una sociedad que vive en libertad y respeta los proyectos de vida de cada uno de sus integrantes.

La necesidad  de la limitación del poder, implícita en la idea de los mandatos limitados no puede tergiversarse y bastardearse con la pretensión de re-elegibilidad permanente de algunos de nuestros tiranos de hoy día[v].

El valor supremo es el marco institucional que nos permita preservar la libertad de los ciudadanos. Nos referimos a la construcción y preservación de una sociedad en la que sus integrantes, con sus decisiones permanentes, puedan expresar sus preferencias, sus escalas de valores y jerarquizar sus esfuerzos y sus acciones, encaminadas a determinar qué medios utilizarán para el logro de que objetivos.

Y es que, en esencia, esto es lo que estudia esta rama de la praxeología que conocemos como cataláctica, y que hace a la esencia de la economía.

Y es por esa razón que voy a limitar mi análisis, en esta exposición que presentaré hoy a las amenazas que afectan el acontecer económico y que pueden poner en un serio peligro los cimientos de nuestras sociedades, la estabilidad de sus instituciones y las garantías constitucionales.

Voy a referirme ahora a los aspectos que afectan al funcionamiento económico de una sociedad, porque estos han mostrado ser altamente desequilibrantes del funcionamiento pacífico de esta, y porque fueron uno de los aspectos más enfatizados por los enemigos de la libertad

Subvertir el orden económico, afectando la producción, los precios y la colaboración social, genera el caldo de cultivo ideal para la tiranía.

Voy a recordar a un célebre economista, que estaba en las antípodas de nuestro pensamiento, pero que en esta tema tuvo un acierto indiscutible. Cuando advertía sobre las consecuencias del déficit fiscal como factor de destrucción del orden institucional y de la paz mundial. Me refiero, por supuesto a Lord John Maynard Keynes, y a su obra: “Las Consecuencias Económicas de la Paz”.[vi].

En la misma, como muchas otras posiciones, puede verse una condena fundamentada a la falta de disciplina fiscal.

Voy a volver luego sobre este tema. Ahora voy a referirme a lo siguiente:

 

 

La Manipulación de la moneda:

El mejor concepto que puede tenerse de la moneda, como institución social, es el mismo que tenemos sobre cualquier mercadería que está en el comercio: Es un bien que las personas adquieren para obtener determinados servicios, y del que se desprenden, para adquirir otros. Pensemos en una economía de trueque, donde se cambian bienes por bienes y veamos a la moneda como un bien más: Por lo tanto, se verá sujeta a la ley de la oferta y de la demanda. Cuando la oferta aumente, su precio caerá, cuando la demanda aumente, su precio acenderá.

Por supuesto que, una de las primeras conclusiones que aprendemos cuando abordamos la microeconomía es que los precios de los bienes sufren una feroz manipulación cuando son objetos del monopolio. El monopolista, entendido como el único oferente de cierto bien en determinado mercado, puede manejar el precio a su entera voluntad. Y por supuesto, el precio del monopolio será mucho más alto que el precio que hubiera fijado el mercado.

Por eso afirmamos categóricamente que no hay otro motivo para sostener el curso forzoso de la moneda que el intento de confiscar mediante la inflación  los ahorros del público. Por supuesto, que defendemos la libre competencia de monedas. Pero somos conscientes de que puede ser un objetivo difícil de alcanzar.

Por eso queremos advertir, que mientras tanto, es muy importante defender la libertad cambiaria. El libre acceso a los mercados de divisas. Porque el libre acceso a la compra de moneda extranjera es la segunda alternativa para proteger los ahorros particulares. Pero porque, además, sostenemos que la inflación que se deriva del curso forzoso y del consiguiente monopolio monetario es un mecanismo perverso para promover la dictadura. No solamente para financiar el gasto fiscal excesivo. Porque permite que el gobernante pueda gastar, aún sin el acuerdo o autorización del parlamento. Los ingresos del estado son legítimos, toda vez que provengan de impuestos votados por un asamblea legislativa democrática. La inflación es un recurso ilegítimo, porque escapa al control legislativo. Y además, por su capacidad para destruir las instituciones democráticas.

Manipulación del crédito y orientación arbitraria:

El crédito es una institución esencial al progreso y al crecimiento. La sana teoría económica sostiene y demuestra que el precio de los ahorros debe formarse en un mercado de oferta y demanda, sin restricciones. Y que, de esta forma, la cantidad de fondos ahorrados por lo particulares y familias se hace igual a la cantidad de fondos demandados por los empresarios, para inversión. Es que, mediante el proceso de evaluación de proyectos de inversión, la determinación de su Valor Actual Neto, (VAN) y de su Tasa Interna de Retorno, (TIR), los empresarios deben descartar aquellos proyectos con menor capacidad de repago. Con menos capacidad de creación de valor. El socialismo asume que los ahorros pueden ser confiscados o administrados en forma centralizada, aún contra la voluntad de sus propietarios. Y realiza esta política abusiva a través de las instituciones oficiales de crédito. También, mediante intervenciones arbitrarias sobre la tasa de interés, bajándola artificialmente, por medio de la expansión aparente de los fondos prestables.

Esto suele hacerse reduciendo los encajes bancarios. En sistemas financieros que mantienen encajes fraccionales, los bancos no disponen de la totalidad de los ahorros depositados a la vista. Prestan fondos que los particulares han depositado, pensando en retirarlos en cualquier momento. Este riesgo de “default”,  es evitado manteniendo reservas lo suficientemente altos como para minimizarlos. Pero altas reservas implican menos fondos prestables. Y menos fondos prestables, implican menos rentabilidad.

Pero la contrapartida de mayor rentabilidad es el incremento del riesgo. Por eso los banqueros privados, al tener que competir entre ellos, deben hacer una cuidadosa administración de estas decisión. Los sistemas de banca central que intervienen en este proceso, obligan a las entidades a mantener menores reservas. Incrementan el riesgo de quiebras bancarias, pero impiden que los bancos administren este riesgo. De esta forma, en vez de haber incumplimientos aislados, llevan a problemas sistémicos, en donde todas las entidades quedan comprometidas. Y luego impulsan la aprobación legislativa de rescates financieros que son arbitrarios. Y que se financian con emisión monetaria, inflación y destrucción del ahorro privado.

Pero además, desapoderan a los banqueros de la decisión de financiar o no a ciertos proyectos. Ya no se eligen los proyectos por motivos racionales. Por su tasa de retorno. Se eligen arbitrariamente, por razones políticas, de apoyo al gobierno. Y generan enorme corrupción administrativa, clientelismo política.

Esta conducta gubernamental destruye el estado de derecho. Despoja al sistema capitalista de su principal virtud. Que las ganancias se deriven únicamente de la capacidad de los empresarios de satisfacer las necesidades de los consumidores. Como muy bien describió Ludwig von Mises en su obra “Planing for Liberty”,  en su capítulo: “De las ganancias y las pérdidas” luego expuesto más ampliamente en “La Acción Humana”[vii]. Estas políticas son una de las claves para destruír la democracia, la libertad y el sistema económico.

En este sentido, Marx recomendaba: “Centralización del crédito en manos del Estado por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo”[viii].

 

Restricciones al libre comercio:

El libre comercio, además de ser un tema moral y de lógica económica, presenta aspectos importantísimos, en lo relacionado con el sector externo de la economía.

El comercio libre es un corolario evidente de la “Ley de asociación”, de David Ricardo[ix]. Uno de los temas preferidos de ese gran profesor que fue Manuel Ayau Cordon[x], y sobre el que luego enfatizara Ludwig von Mises en el 3er apartado del capítulo 8 de “La Acción Humana”, llamado “La división del trabajo”[xi].

Mediante esta pacífica y colaborativa actividad, los agentes económicos crean valor, ya que descubren utilidades marginales ocultas y la forma de satisfacer necesidades más valoradas por los consumidores.  Si la agricultura de subsistencia fue la que sacó al hombre de la miseria famélica, la especialización y la división de las labores, entre aquellos con mayores habilidades y destrezas para cada actividad, le posibilito crear el desarrollo tecnológico actual. Y si esto es válido par el odontólogo o para el ingeniero, que se especializa en su profesión y compra absolutamente todos sus alimentos y vestimenta, es igualmente cierto para los países y para toda sociedad organizada.

Pero, además, puede demostrarse mediante el análisis económico serio, que el exceso de gasto público, por encima de las posibilidades productivas de una sociedad, cualquiera que sea la herramienta de financiamiento que se elija, termina destruyendo el comercio exterior y generando déficit de balance comercial.

Este enfoque ya no es considerado controversial y es totalmente aceptado por los economistas rigurosos. Se le conoce también como el problema de los “déficits gemelos”[xii].

Esto se produce ya que un exceso de gasto público, que supere los recursos del estado, debe encontrar algún mecanismo de financiamiento, porque sinó, llevaría a la quiebra del estado y a su paralización.

Si este exceso de gasto público se pretendiera financia mediante endeudamiento interno, la mayor demanda de fondos prestables, en un mercado relativamente pequeño, como lo es del del propio país, al provocar un aumento de demanda relevante, y una suba de las tasas de interés incompatible con ls condiciones macroeconómicas, incrementa los costos de las empresas, en el corto y largo plazo, pero, además, disminuye la inversión en planta y equipo, lo que elevará los costos en el largo plazo y producirá la pérdida de competitividad internacional de esta economía. A mediano plazo: déficit  comercial.

En cambio, si se pretendiera financiar mediante endeudamiento externo, esta fuente de financiamiento inunda el mercado de divisas de moneda extranjera.  El incremento de la oferta de divisas hace caer correlativamente su precio. Y esto afecta la rentabilidad de la actividades de exportación, ya que el costo de los insumos, medidos en moneda local, se mantiene.

Pero el precio de los productos, que se mantiene en divisas, al ser convertido a moneda doméstica a un precio más bajo, disminuye. Las ganancias se minimizan. Los productores marginales incurren en pérdidas y luego desaparecen. A mediano plazo, déficit comercial.

La emisión comercial produce una suba de precios internos, por inflación que impacta en los costos. Esto hace desaparecer la rentabilidad de los productos exportados, o sino, obliga a devaluar gradualmente la moneda, acompañando esta distorsión. Las sucesivas devaluaciones alejan la inversión, por imposibilidad de calcular con algo de certeza los Valores Actuales Netos, (VAN), y sus Tasas Internas de Retorno, (TIR). En el mediano plazo, disminución de la producción, de la productividad y déficit comercial.

Si se pretendiera financiar mediante el aumento de la presión tributaria, la consecuencia es inediata: Los impuestos son costos. Disminuye la rentabilidad y se repite la secuencia ya mencionada.

El incremento de la presión tributaria, era una de las recomendaciones de Karl Marx[xiii]:

“Solo hay una manera de matar al capitalismo: con impuestos, impuestos y más impuestos”.   

Todos estos desequilibrios nos llevan finalmente a una gradual, pero muy grave pérdida de la libertad. Inflación, controles de precios, limitaciones al comercio exterior que reducen la competencia, generan mayores incrementos de precio, y más riesgo para la actividad comercial.

Esto, combinado con la inflación, generan  tasas de interés en alza, lo cual encarece el financiamiento del capital de trabajo, disminuye la competencia, genera quiebras, desempleo y caos social.

Las garantías individuales son avasalladas, bajo la excusa de que se vive bajo la amenaza de una emergencia económica terminal, que debe conjurarse.

Como corolario, se pierden derechos civiles, libertades esenciales, luego el control de los organismos del estado, se impulsa la discrecionalidad de las políticas, lo cual aumenta el clientelismo político. Todo este caos concluye con la pérdida de los principios republicanos, de la democracia y de la libertad.

Finalmente, no quiero dejar de disculparme por haber hecho una presentación tan sencilla. Pero es que he preferido la claridad, evitando deliberadamente ese tono de arrogancia científica lamentablemente muy común, , en ciertos ámbitos. Por eso mismo quiero dejarles la versión escrita de mi trabajo, que espero, van a encontrar mucho más enriquecedora, luego de la lectura de sus numerosas referencias bibliográficas.

Y, por supuesto, dado que la misma es inédita, original ya que fue  preparada especialmente para este evento, quiero ceder a los organizadores los derechos para poder publicarla de la manera que crean más conveniente. Muchísimas gracias por su inestimable atención.

 

 

[i]  http://www.huffingtonpost.es/2014/03/09/elecciones-en-corea-del-n_n_4928941.html

http://www.infobae.com/2014/03/10/1549011-elecciones-corea-del-norte-100-los-votos-kim-jong-un

 

[ii] http://www.cubadebate.cu/especiales/2013/02/09/elecciones-en-cuba-el-antes-y-el-ahora/#.U3fCVvl5P50

http://www.ecured.cu/index.php/Sistema_electoral_cubano

http://www.cubainformacion.tv/index.php/lecciones-de-manipulacion/48159-elecciones-en-cuba-datos-que-el-mundo-no-debe-conocer-para-que-no-pueda-comparar

 

[iii] http://independent.typepad.com/elindependent/2006/06/declogo_del_pop.html

 

[iv] http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=24269

http://economiaparatodos.net/democracia-no-es-lo-mismo-que-libertad/

 

[v] http://www.cubademocraciayvida.org/web/article.asp?artID=24710

 

[vi] http://www.bdigital.unal.edu.co/3542/1/CONSECUENCIAS_ECONOMICAS_PAZ_KEYNES.pdf

http://www.eseade.edu.ar/files/Libertas/3_14_Mises%20Cap%20IV.pdf

 

[vii] http://es.scribd.com/doc/103651247/Ludwig-von-Mises-Planificacion-para-la-libertad-y-otros-ensayos

http://www.usergioarboleda.edu.co/prime/La%20Acci%C3%B3n%20Humana%20de%20Ludwig%20von%20Mises.pdf

 

[viii] http://pendientedemigracion.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/47mpc/i2.htm  y también explicado por Charles Phillbrook en  http://www.elcato.org/el-manifiesto-comunista-y-esta-crisis-financiera

 

[ix] https://www.youtube.com/watch?v=TkBw-4SmvYQ

http://www.biblioteca.cees.org.gt/topicos/web/topic-718.html

 

[x] http://www.prensalibre.com/opinion/Dr-Ayau_0_312568784.html

 

[xi] http://www.mises.org/humanaction/chap8sec3.asp#p159

 

[xii] http://www.bbvaresearch.com/KETD/fbin/mult/Economic_Watch_Twin_Deficits_ESP_tcm346-288006.pdf?ts=842014

http://www.eumed.net/cursecon/ecolat/ec/2011/mts.pdf

 

[xiii] http://www.libertarianismo.org/atlasst/media/textos/Frases_Celebres_sobre_los_Impuestos.pdf

 

Conflicto de visiones: Los orígenes ideológicos de las luchas políticas

Puede resultar de mucha ayuda, para comprender el problema de las visiones diversas, la lectura de este trabajo de Thomas Sowell

Introducción

“Es frecuente que las mismas personas tengan puntos de vista contrapuestos en relación con un gran número de problemas aunque éstos no tengan relación entre sí. Difieren en cuanto al papel del gobierno, la actitud ante la delincuencia, la guerra, el divorcio, la pena de muerte, el aborto, el papel de los jóvenes e innumerables otros asuntos. Ahora bien, si observamos con más cuidado nos damos cuenta de que esta oposición no es casual, de que estas personas razonan a partir de premisas diferentes, frecuentemente implícitas, y que son esas premisas las que brindan esa coherencia a su oposición. Ambos tienen perspectivas diferentes, distintas visiones de cómo funciona el mundo.

Inevitablemente, el reflejo o la aprehensión de la realidad sólo puede efectuarse mediante grandes síntesis que, inevitablemente, dejan fuera muchos elementos de esa realidad. Sería magnífico si no tuviéramos que recurrir a esas síntesis y pudiéramos aprehender la realidad directamente pero, por supuesto, eso es imposible. La realidad es demasiado compleja como para que la mentalidad de nadie sea capaz de aprehenderla. Esas síntesis son los únicos instrumentos de que disponemos para captarla. Aunque son instrumentos maravillosos nunca debemos confundirlos con la realidad misma y siempre debemos tener en cuenta que es posible que hayamos pasado por alto algunos elementos significativos.

Las visiones son la base, el fundamento, sobre el que se elaboran las teorías. La estructura final de éstas no sólo depende de ese fundamento sino del cuidado y la coherencia con hayan sido elaboradas y de en que medida concuerden con los hechos. Las visiones son subjetivas, pero las buenas teorías tienen implicaciones claras, y los hechos pueden comprobar y medir su validez objetiva.

Las visiones sociales son importantes. Las políticas basadas en ellas tienen consecuencias que recorren las sociedades y reverberan a través de los años e, inclusive, de las generaciones. Las visiones preparan las agendas del pensamiento y de la acción, y llenan las brechas en el conocimiento individual. Un hombre puede actuar de una forma en un área que conoce bien y de forma totalmente distinta en otra, donde se apoya en una visión que nunca ha comprobado empíricamente. Un médico puede ser conservador en asuntos médicos y revolucionario en problemas sociales.

Desde el punto de vista de las motivaciones personales, las ideas pueden ser simplemente fichas con las que los demagogos y los oportunistas juegan a la política. Sin embargo, desde una perspectiva histórica más amplia, esos individuos también pudieran ser vistos como simples portadores de ideas, como vehículos que transportan las ideas de una manera tan inconsciente como las abejas transportan el polen. Juegan, de esa forma, un papel importante en el metabolismo social aunque ellos mismos no estén conscientes del mismo y sólo se encuentren persiguiendo objetivos estrictamente individuales.

El papel de los intelectuales en la historia ha sido el de contribuir a la formación de esas vastas y poderosas corrientes de opinión que impulsan la actividad humana. El efecto de las visiones no depende de su formulación coherente y, ni siquiera, de que sus portadores estén conscientes de las mismas. Muchos hombres “prácticos” desdeñan las teorías porque no se han detenido a analizar el fundamento ideológico de su propia actividad. Como decía Keynes, muchos de esos hombres “prácticos” simplemente son esclavos de las ideas de algún economista muerto desde hace dos o tres siglos.

DOS PERSPECTIVAS; LA CONSERVADORA Y LA REVOLUCIONARIA

Divergencias en cuanto a la naturaleza del hombre.

La naturaleza del hombre: la perspectiva conservadora o restringida.

En 1759, en su Teoría de los Sentimientos Morales”, Adam Smith señalaba que “… si (el hombre) fuera a perder su dedo meñique no podría dormir por la noche pero, siempre que nunca los haya visto, roncaría con la más profunda seguridad sobre la ruina de cien millones de sus hermanos”.

En la perspectiva de Adam Smith, las limitaciones morales del hombre en general, y su egocentrismo en particular, no son lamentadas ni consideradas como cosas a cambiar. Son tratados como hechos, como características propias de la vida. Estas limitaciones constituyen las restricciones fundamentales de su perspectiva. Por consiguiente, el problema moral y social fundamental es conseguir los mejores resultados posibles a partir de esas limitaciones mas bien que disipar energías en tratar de cambiar la naturaleza humana, un intento que Smith consideraba tan vano como sin sentido.

En vez de considerar la naturaleza humana como algo que pudiera o debiera ser cambiado, Smith trataba de determinar cuál sería la manera más efectiva de alcanzar los mayores beneficios morales y sociales posibles, dentro de las limitaciones de la naturaleza humana. Su punto de vista era muy similar al de Alexander Hamilton, el principal autor de El Federalista, que afirmaba:

“Es el destino de todas las instituciones humanas, aún de las más perfectas, el tener defectos así como virtudes, propiedades buenas así como malas. Esto proviene de la imperfección de su Institutor, el Hombre”.

Sin embargo, es evidente que una sociedad no puede funcionar si cada persona fuera a actuar como si su dedo meñique fuera más importante que las vidas de cientos de millones de seres humanos. Pero aquí la palabra clave es actuar. En general, los hombres no actuamos de forma tan groseramente egoísta, aunque frecuentemente esa sea la inclinación espontánea de nuestros sentimientos. Esto se debe a factores como la fidelidad a ciertos principios morales, a los conceptos de honor y de nobleza más bien a que amemos al prójimo como a nosotros mismos. A través de estos artificios culturales se puede persuadir a los hombres a que hagan por su propia imagen lo que no estarían dispuestos a hacer por su prójimo. Estos conceptos eran vistos por Smith como la forma más eficiente de hacer el trabajo moral al menor costo psíquico. Su respuesta era esencialmente económica: un serie de compromisos, de transacciones y de incentivos más bien que de una hipotética solución mediante la transformación de la naturaleza humana.

Según Smith los individuos no buscaban conscientemente beneficios económicos para la sociedad sino que, bajo la presión de la competencia y los incentivos de la ganancia individual, estos beneficios surgían espontáneamente de las interacciones del mercado. Los beneficios sociales eran sistémicos (derivados del funcionamiento de un sistema y no de un propósito consciente). Es importante recordar que el mercado no es la única interacción que, pese a ser espontánea, crea productos altamente complejos y organizados. El idioma, por ejemplo, es otra. Este es un punto muy importante porque tenemos la tendencia a pensar que cualquier resultado deseable tiene que ser el producto de acciones conscientes y deliberadas, pero no es así. En la vida social hay un gran espacio, útil y constructivo, para las interacciones espontáneas y sus beneficios sistémicos.

La naturaleza del hombre: la perspectiva no restringida o revolucionaria.

Quizás ningún libro del siglo XVIII contraste tanto con la visión del hombre de Adam Smith como la “Investigación Concerniente a la Justicia Política” de William Goodwin, publicada en 1793. Mientras que para Adam Smith la única forma de llevar al hombre a actuar para el bien de los demás es ofreciéndole incentivos para que lo haga, para Goodwin, el hombre es perfectamente capaz de considerar las necesidades de los demás como más importantes que las suyas propias y, por lo tanto, es capaz de actuar de forma consistentemente imparcial, aun a costa de sus propios intereses. La intención de beneficiar a los demás es “la esencia de la virtud” y el único camino a la felicidad.

Por supuesto, esta afirmación no es una generalización empírica sobre el coportamiento de la mayoría de las personas sino una tesis sobre la naturaleza subyacente del ser humano. A diferencia de Smith, que consideraba natural el egoísmo, Goodwin lo consideraba como un vicio promovido por el mismo sistema de recompensas que se empleaba para dirigirlo hacia fines sociales. Según Goodwin, “la esperanza de recompensa” y “el temor del castigo” eran “erróneas en si mismas” y “contrarias al mejoramiento de la mente”(1). Era la misma tesis de Condorcet que rechazaba la idea de tratar de “utilizar para el bien los prejuicios y los vicios en vez de tratar de superarlos y reprimirlos”. Esos “errores”, según Condorcet confundían al “hombre natural” y sus potencialidades con el hombre actual, “corrompido por los prejuicios, las pasiones artificiales y las costumbres sociales”.

¿QUE HACER ANTE LOS PROBLEMAS SOCIALES?

Compromisos versus soluciones

La prudencia, el cuidadoso sopesar de los compromisos es vista de forma muy diferente en la visión restringida o conservadora y la no restringida o revolucionaria. Dentro de la perspectiva conservadora de la naturaleza humana, donde lo único a lo que podemos aspirar es a negociaciones y compromisos, la prudencia es una de las más altas virtudes. Edmund Burke la llamaba “la primera de todas las virtudes” y afirmaba que “nada es bueno sino en proporción con otros factores y con referencia a otros asuntos”, es decir, como transacción y compromiso.

Por el contrario, Goodwin, seguramente pensando en Adam Smith, despreciaba a “esos moralistas que sólo piensan en estimular los hombres a las buenas acciones mediante consideraciones de frígida prudencia y mercenarios egoísmos” en vez de tratar de estimular “el magnánimo y generoso sentimiento de nuestra naturaleza”.

En la visión no restringida o revolucionaria se encuentra implícita la noción de que lo potencial es radicalmente diferente de lo real, de que existen medios para mejorar la naturaleza humana y acercarla a ese potencial para que el hombre haga las cosas justas por las razones correctas más bien que por recompensas económicas o psicológicas. Condorcet decía que, con el tiempo, el hombre podría “cumplir por inclinación natural los mismos deberes que hoy le cuestan esfuerzo y sacrificio” (2). “La perfectibilidad del hombre” -decía- “es verdaderamente indefinida”.

Aunque la palabra “perfectibilidad” ha caído en desuso, el concepto ha sobrevivido intacto hasta nuestro tiempo. El concepto de que “el ser humano es un material sumamente plástico” sigue jugando un papel clave entre los pensadores contemporáneos que comparten la visión revolucionaria. Dentro de esta perspectiva, el concepto de “solución” juega un papel crucial. Se logra una solución cuando ya no es necesario hacer compromisos o negociaciones porque se ha conseguido transformar la naturaleza humana. Es precisamente ese objetivo de encontrar una “solución” final el que justifica sacrificios iniciales que, de otra forma, serían considerados inaceptables.

Divergencias en cuanto a los efectos de las acciones y la moralidad social

Goodwin clasificaba las acciones humanas en intencionales y no intencionales, y cada una de estas, a su vez, en benéficas y perjudiciales. La acción intencional benéfica era la virtud. La acción intencional perjudicial era el vicio. La acción no intencional perjudicial era la negligencia. Pero, para Goodwin, la acción no intencional benéfica no existía. Es una categoría ausente de su pensamiento.

Sin embargo, esa misma categoría es central en el pensamiento de Adam Smith. Y es bueno recordar que Adam Smith no era ningún adulador de los capitalistas y que, antes de Marx, ningún economista los fustigó tan ácidamente. Smith caracterizaba las intenciones de los capitalistas de “mezquina rapacidad” y comentaba que eran gente “que rara vez se reúne, ni siquiera para divertirse, y cuya conversación siempre termina en una conspiración contra el público, o en algún esquema para subir los precios”. Las intenciones, tan decisivas para Goodwin, carecían de mayor importancia para Smith. Lo importante, para él, eran las características sistémicas de una economía de competencia, que producían beneficios sociales independientemente de las mezquinas intenciones individuales. Y, por supuesto, habría de ser Rosseau el campeón de la visión revolucionaria, el principal expositor de la tesis de que la naturaleza humana no tiene ninguna limitación inherente y que los vicios sólo son el producto de las instituciones sociales.

Diferencias en cuanto a la posibilidad de poder conocer adecuadamente los fenómenos sociales

Las concepciones epistemológicas (relativas al conocimiento) son muy diferentes en la visión conservadora y en la revolucionaria. En la concepción conservadora el conocimiento individual es esencialmente insuficiente para tomar decisiones sociales. Si la deficiencia del conocimiento individual suele gravitar pesadamente sobre los problemas individuales, mucho más lo será en relación con los complejos fenómenos de la sociedad. En esta visión, el progreso sólo es posible gracias a una infinidad de acuerdos sociales que trasmiten y coordinan el conocimiento de muchísimos individuos. Y no sólo el suyo sino también el de las generaciones pasadas. En la visión conservadora el conocimiento es sobre todo experiencia. Experiencia trasmitida, en gran medida, de manera implícita, no expresa, y del que son ejemplos desde las tradiciones hasta los precios.

“No todo conocimiento es parte de nuestro intelecto. Nuestros hábitos y capacidades, nuestras actitudes emocionales, nuestros instrumentos y nuestras instituciones, son en este sentido adaptaciones a experiencias pasadas que han ido acumulándose mediante una eliminación selectiva de las conductas menos adecuadas. Son una parte tan indispensable de la praxis exitosa como nuestro conocimiento consciente. Hay más inteligencia incorporada en el sistema de reglas de conducta que en las reflexiones de cualquier individuo sobre el medio que lo rodea.

El conocimiento es la experiencia social de las masas materializado en sentimientos y hábitos más bien que en las razones explícitas de unos cuantos individuos, por muy talentosos que estos puedan ser. Como dice Burke:

“Nos da miedo poner a los hombres a vivir y a comerciar de acuerdo a sus solos recursos privados de raciocinio porque sospechamos que esos recursos son escasos en cada hombre, y que los individuos harían mejor recurriendo a los recursos generales de las naciones y de los siglos”. Esa destilación cultural del conocimiento debe ser considerado como un probado cuerpo de experiencia que ha funcionado, y que sólo debe ser cambiado tras el más riguroso, y hasta renuente, de los exámenes.

Sin embargo, la visión revolucionaria tiene una apreciación totalmente opuesta. Según ella, es perfectamente posible comprender y, por consiguiente, dominar los complejos fenómenos sociales. “La verdad y, sobre todo, la verdad política no es difícil de adquirir”, decía Goodwin. Lo único que hace falta es “una discusión independiente e imparcial” entre gente “sincera y sin ambiciones”. La naturaleza del bien y del mal, para Goodwin, era “uno de los temas más sencillos” de comprender. Posteriormente esa misma posición ha reaparecido una y otra vez. Según Bernard Shaw, los males de la sociedad “no son ni incurables ni siquiera difíciles de curar cuando se han diagnosticado científicamente”. Según Shaw, la sociedad existente “es sólo un sistema artificial susceptible de casi infinitos reajustes y modificaciones. Más aun, prácticamente puede ser demolido y substituido de acuerdo a la voluntad del Hombre”. Es decir, que las dificultades para comprender y controlar los fenómenos sociales no constituyen una dificultad fundamental. La dificultad fundamental se encuentra en la deliberada obstrucción de su solución.

Nota: Muy vinculada a esta concepción esta la idea de que la eliminación de la pobreza es una tarea relativamente fácil. Dados los vastos recursos de la ciencia y la técnica modernas, bastaría con aplicarlos para eliminar la miseria. La fuente fundamental de la pobreza está en la falta de disposición para afrontarla. De la misma forma en que se minimizan las dificultades para superar las debilidades de los individuos, se minimizan las dificultades para superar las debilidades de las naciones. Y de la misma forma en que se exagera la potencialidad de los individuos, confundiéndola con la realidad, también se confunde la potencialidad de los países con su realidad.

En la visión revolucionaria, la razón ocupa el lugar de la experiencia. Según Goodwin, el papel de la experiencia es muy exagerado en comparación con “el poder general de una mente cultivada”. Por consiguiente, consideraba que, en gran medida, la sabiduría de los siglos era simplemente la ilusión de los ignorantes. Según Goodwin:

“Nada debe ser mantenido porque es antiguo, porque nos hemos acostumbrado a considerarlo como sagrado, o porque resulta insólito cuestionarlo”. Igualmente, según Condorcet, “todo lo que tenga el sello del tiempo debe inspirar desconfianza más que respeto”. Es “sólo por meditación”, decía “que podemos llegar a cualquier verdad general en la ciencia del hombre”.

Debido a la capacidad de “la mente cultivada” de aplicar la razón directamente a los hechos, no había necesidad de ceder ante el inarticulado proceso sistémico que se expresa en la sabiduría colectiva del pasado. Implícita en la visión revolucionaria hay una profunda diferencia entre las conclusiones a que pueden llegar las “personas de mente cultivada” y las de “mente estrecha”. De aquí se deduce que el progreso significa elevar los primeros al nivel de los segundos.

“El verdadero mejoramiento intelectual demanda que la mente sea elevada, tan rápidamente como sea posible, a las alturas del conocimiento ya existente entre los miembros ilustrados de la comunidad, y empezar de ahí en la búsqueda de ulteriores adquisiciones”.

El rechazo del concepto de sabiduría colectiva deja las comparaciones entre las concepciones individuales como único criterio de evaluación.

En la visión conservadora, por el contrario, se parte de “la necesaria e irremediable ignorancia de todo el mundo”, como dice Hayek. La toma de decisiones racionalista de la visión revolucionaria “exige el completo conocimiento de todos los hechos relevantes”, lo que es completamente imposible puesto que el funcionamiento de la sociedad depende de la coordinación de “millones de hechos que, en su conjunto, no puede conocer nadie”. En la perspectiva conservadora, el conocimiento abarca toda la multiplicidad de la experiencia, demasiado compleja para una articulación explícita. Es una “sabiduría sin reflexión, inculcada tan profundamente que se convierte prácticamente en reflejos inconscientes”. Pero la sabiduría sistémica, expresada de manera inarticulada en la cultura popular, tiene más probabilidades de estar en lo cierto que las grandes visiones de unos pocos intelectuales. En la concepción conservadora, la sociedad suele compararse con un organismo vivo que no puede ser reconstruido sin consecuencias fatales.

No se trata de negar la relativa superioridad de los expertos dentro de un estrecho sector del conocimiento humano. Lo que se niega es que esta superioridad, relativa y limitada, vaya a conferir una superioridad general sobre otros tipos de conocimiento más ampliamente difundidos. En esta perspectiva restringida, conservadora, donde se concibe el conocimiento como fragmentario y difundido, la coordinación sistémica de los muchos es considerada superior a la sabiduría especial de los pocos.

Hayek señalaba que “prácticamente todo individuo tiene alguna ventaja sobre los demás porque posee alguna información única que se puede aprovechar, pero sólo si se le dejan las decisiones que dependen de la misma o si se toman con su activa cooperación”.

Y, nuevamente Adam Smith: “El estadista que intentara dirigir a la gente en cuanto a la forma en que debieran emplear sus capitales, no sólo echarían sobre si mismo un trabajo totalmente innecesario sino que asumiría una autoridad que no puede darse con seguridad no sólo a ninguna persona sino a ningún concilio o senado, y que podría ser más peligrosa en las manos de un hombre lo suficientemente loco y presuntuoso como para imaginarse capaz de ejercerla”.

Dos visiones: racionalidad articulada versus racionalidad sistémica

Es importante comprender las divergencias de las dos visiones en cuanto a su apreciación de la racionalidad. En efecto, aunque todos los fenómenos tienen una causa, los seres humanos pueden ser incapaces de especificarla. Con todo, en la visión conservadora lo que constituye el factor decisivo es la fuerza de los procesos no articulados para movilizar y coordinar el conocimiento.

Para Goodwin el conocimiento mismo es sinónimo de la racionalidad articulada. Cualquier actividad sin “una razón explícita” es actuar “con prejuicio”. En la visión revolucionaria, estos dos significados prácticamente se funden, y decir que un fenómeno tiene causa es prácticamente igual a decir que esa causa puede especificarse. De aquí que las decisiones se tomen sobre la base de las razones que pueden argumentarse, y que esas razones se consideran prácticamente las únicas a tomarse en cuenta.

En la visión conservadora, por el contrario, siempre hay que dejar mucho espacio para las razones que no pueden especificarse y que sólo podemos conocer a través de procesos sociales. Hamilton decía que es extremadamente fácil, para cada bando, decir un gran número de cosas plausibles”. Pero, como señalaba Hayek, es suficiente que la gente “sepa cómo actuar en consonancia con las reglas, sin saber lo que las reglas son explícitamente”. De aquí el papel tan diferente que las dos visiones conceden a los intelectuales.

Según Goodwin, “la razón es el instrumento adecuado, y suficiente, para regular las acciones de la humanidad”. Lo que hace falta es inculcar “los puntos de vista justos sobre la sociedad” en “los miembros reflexivos y liberalmente educados” que, a su vez, según Goodwin, serán los “guías e instructores del pueblo”. Esta idea ha sido un tema constante en la visión conservadora. Es la visión de los intelectuales como consejeros desinteresados. Como decía Voltaire, “los filósofos, al no tener interés particular que defender, sólo pueden hablar a favor de la razón y del interés público. Condorcet hablaba de “los filósofos verdaderamente ilustrados ajenos a la ambición”. Y D’Alambert, “la mayor felicidad de una nación se realiza cuando los que gobiernan están de acuerdo con los que la instruyen”. Una derivación moderna de esta convicción es el papel asignado a los “expertos” dentro de las burocracias gubernamentales para tratar de “resolver” todo tipo de problemas sociales.

Muy por el contrario, la visión conservadora, siempre ha considerado con profundo escepticismo el papel de los intelectuales en la dirección de la sociedad. Como decía Burke: “tratan de restringir a ellos mismos o sus seguidores la reputación de buen sentido, cultura y buen gusto” y son capaces de “llevar la intolerancia de la lengua y la pluma hasta la persecución” de los demás. Adam Smith se refiere al “hombre de sistema”, que cree ser un “sabio en su vanidad” y que “parece imaginar que puede organizar los diferentes miembros de una gran sociedad con la misma facilidad con que la mano arregla las diferente piezas en un tablero de ajedrez”.

Dos visiones; sinceridad versus fidelidad

Debido a las diferencias en cuanto a la posibilidad cognoscitiva de cada individuo y la efectividad que pueda tener ese conocimiento para decidir complejos problemas sociales, las dos visiones le dan una importancia muy distinta a la sinceridad. En la visión revolucionaria, donde se confía en que la actividad del individuo “consciente” puede conseguir directamente resultados importantes, la sinceridad y la dedicación son esenciales. Según esta visión, los principales obstáculos para conseguir los resultados deseados consisten, en primer lugar, en la ignorancia, en que la gente no sabe cómo conseguirlos (y de aquí la necesidad de las minorías “conscientes”) y, en segundo lugar, en que los que saben no quieren conseguirlos debido a conflicto de intereses.

Los intelectuales que plantean la dificultad de resolver los problemas sociales desesperan a los partidarios de la visión revolucionaria. No pueden creer que sean sinceros. De ahí su tendencia a considerar a sus adversarios como esencialmente deshonestos. Son sobornados por sus adversarios, corrompidos, hipócritas y hasta malévolos. Es aquí donde el error se hace sinónimo de pecado, y donde algunos partidos cobran su parecido con las iglesias.

En la visión conservadora, por el contrario, el enfoque es completamente distinto. Sus partidarios consideran que nadie pueda saber, realmente, cómo resolver los problemas sociales. De aquí que consideren natural que se cometan errores, y que tiendan a no dudar de la sinceridad de sus adversarios. Es por esto que consideran la sinceridad como una virtud menor que, en ocasiones, puede ser hasta negativa, como cuando la gente se obstina en ideales socialmente contraproducentes. Como decía Burke: “pueden hacer las peores cosas sin ser los peores de los hombres”.

En la visión conservadora, lo importante es la fidelidad al papel que nos toca jugar en la sociedad. En efecto, para los conservadores es posible alcanzar progreso social mediante el simple y fiel desempeño de esos modestos papeles individuales, gracias a sus efectos sistémicos. De aquí, que el deber del negociante sea la fidelidad a sus accionistas, a los que les han confiado sus ahorros, y no a la sincera prosecución de algún ideal mediante donaciones caritativas o inversiones técnicamente dudosas, que puedan poner en peligro esos ahorros. El deber del juez es aplicar la ley y no cambiarla para conseguir los mejores resultados de los que está sinceramente convencido. El profesor debe promover el proceso de investigación y de reflexión en sus estudiantes, y no llevarlos a las conclusiones que sinceramente considera como las mejores para la sociedad. De la misma manera, los periodistas tendenciosos no cumplen con el deber de su función social que es, simplemente, dar la mejor información posible y dejar que los lectores saquen sus propias conclusiones.

Sin embargo, en la visión revolucionaria, donde la razón y la sinceridad juegan un papel fundamental, los papeles sociales son considerados como excesivamente restringidos y rígidos. Por consiguiente, se tiende a restarle importancia a las formalidades. Cuando se sabe concretamente cómo conseguir los resultados sociales que se desean, las formalidades parecen innecesarias. A los funcionarios, los oficiales del ejército, los padres o los maestros supuestamente no les hace falta la autoridad de su función porque les basta con la fuerza de la razón.

Los partidarios de la visión conservadora piensan de modo muy distinto. Ellos consideran que inevitablemente se presentarán situaciones en las que haga falta que los soldados, los alumnos o los niños, obedezcan aunque no comprendan. De ahí la importancia que cobran entonces los títulos, las ceremonias y todos los recursos para promover la obediencia a reglas cuyos beneficios pueden no ser inmediatamente aprehensibles pero en cuyos benéficos resultados se confía a largo plazo.

Las dos visiones: el papel de la juventud y el de la vejez

En la visión revolucionaria, donde el conocimiento y la razón son concebidos como racionalidad articulada, los jóvenes tienen todas las ventajas. Si todos los problemas y los vicios se derivan de las instituciones y creencias existentes, los menos habituados a las mismas estarán menos corrompidos y, por consiguiente, en mejor disposición para acometer los cambios revolucionarios que la sociedad necesita. “Los niños son la materia prima puesta en nuestras manos”, decía Goodwin. Sus mentes son “como una hoja de papel blanco”. Y, por el contrario, “el prejuicio y la avaricia” son características “comunes en la vejez”.

En la visión conservadora, por el contrario, la experiencia humana es simplemente la menos falible de las guías. “Los más sabios y experimentados son generalmente los menos crédulos”, dijo Adam Smith. “Es sólo la sabiduría adquirida y la experiencia lo que enseña incredulidad, y muy pocas veces lo enseña lo suficiente”. De aquí que valoren mucho la experiencia de los viejos. La visión conservadora, que busca compromisos más bien que soluciones dramáticas, valora mucho la prudencia producto de la experiencia. El fervor moral no es un sustituto válido. “No es una excusa de la ignorancia presuntuosa el estar dirigida por una pasión insolente”, decía Burke.

Oliver Wendell Holmes reflejaba la visión conservadora cuando decía que “muchos juicios honorables y sensatos” expresan “una intuición de la experiencia que va más allá del análisis y compendia muchas impresiones enredadas y confusas; impresiones que pueden estar por debajo la consciencia sin por eso perder su valor”. La ley incorpora la experiencia “no sólo de nuestras vidas sino de las vidas de todos los hombres que han sido”.

John Stuart Mill decía que las leyes no “crecen” sino que se hacen y que “es absurdo sacrificar fines actuales a medios anticuados”. Sin embargo, también señaló que para hacer la ley había que tomar en consideración “lo que la gente puede soportar” y que esto era función de “viejos hábitos”. La aquiescencia de la humanidad “depende de la preservación de algo así como la continuidad de la existencia en las instituciones” que representa esos innumerables compromisos entre intereses y esperanzas contradictorios, sin los que ningún gobierno pudiera mantenerse durante un año, y aun con dificultad por sólo una semana”.

¿Cuál es la mejor manera de promover el bien colectivo? En la visión revolucionaria, los individuos “conscientes” deben luchar por que se consigan los mejores resultados posibles pero, en la visión conservadora, lo mejor es adherirse al deber de los papeles institucionales, y dejar que sea el proceso sistémico el que determine los resultados. No se trata de la contradicción entre dos grupos sino entre el raciocinio articulado y la experiencia histórica de muchas generaciones. Sin embargo, un filósofo moderno del derecho como Dworkin, reflejando la visión revolucionaria, se refiere esta experiencia histórica como “el fáctico y arbitrario desarrollo de la historia”.

La actitud ante los compromisos adquiridos

La actitud ante los compromisos es muy diferente en la visión conservadora y la revolucionaria. En primer lugar, hay que recordar que, para la visión revolucionaria, es posible conocer las fórmulas del éxito y la felicidad. De aquí que todo compromiso deba ser esencialmente revocable puesto que se ha adoptado cuando el conocimiento era menor y, por lo tanto, no debería mantener su validez en un futuro donde el conocimiento se haya perfeccionado.

En la visión conservadora, por el contrario, donde se considera imposible conocer las fórmulas del éxito y la felicidad, la importancia de los nuevos conocimientos es muy cuestionable. Lo único seguro es el valor intrínseco de las tradiciones que representan la experiencia acumulada de la humanidad y que necesitan estabilidad para poder servir de guía. De aquí su valorización de la lealtad y la fidelidad.

En la visión conservadora, los vínculos emotivos entre las personas son vistos como lazos sociales útiles, indispensables para el funcionamiento de la sociedad. Como dice Burke:

“Estar vinculado a la subdivisión, querer el pequeño pelotón al que pertenecemos en la sociedad, es el primer principios (el germen como si dijéramos) de los afectos públicos. Es el primer eslabón en la serie que prosigue hacia el amor a nuestro país, y a la humanidad”.

En la visión revolucionaria, esos sentimientos espontáneos son considerados manifestaciones instintivas, primitivas, no racionales y, por consiguiente, son considerados más bien como obstáculos del progreso social. Para Goodwin: “el amor por nuestro país es “un principio engañoso” que establecería “una preferencia basada en relaciones accidentales y no en la razón”.

Ninguna de las visiones considera que las unidad sociales más pequeñas sean intrínsecamente más importantes que las mayores. Pero la visión revolucionaria estima que los hombres pueden llegar a conocer lo que hace falta hacer para que la sociedad sea perfecta y, por consiguiente, considera indeseable y perjudicial subordinar los intereses particulares a los generales. La visión conservadora, por su parte, que no cree que ese conocimiento sea posible, considera que hay que aprovechar los vínculos emocionales primarios para utilizarlos como contrapeso del egoísmo personal.

La libertad

En la visión conservadora, la libertad es considerada como la ausencia de opresión, de restricciones externas. En la visión revolucionaria, la libertad es considerada como la capacidad de hacer lo que uno quiera, como “el poder efectivo de hacer cosas específicas”, como decía John Dewey. Según la primera concepción, lo importante es limitar el poder de unos individuos sobre otros. Según la otra, lo importante es aumentar al máximo la posibilidad de conseguir objetivos específicos. Esto implica dar ventajas compensatorias a los que tengan alguna desventaja.

El problema del poder

Puesto que las visiones conservadora y revolucionaria tienen concepciones opuestas sobre el funcionamiento de la sociedad, ambas valoran de manera muy diferente la naturaleza del poder. En la concepción revolucionaria se considera que tras un gran número de fenómenos sociales se esconde una voluntad deliberada. De aquí que le de mucha mayor importancia a la racionalidad articulada y, por consiguiente, al papel del poder en los fenómenos sociales.

Por otra parte, se considera que la libertad es la capacidad de conseguir lo que uno quiera. De aquí que la misma definición de poder sea diferente. En la concepción revolucionaria, poder es la facultad de imponer la voluntad propia sobre la conducta de los demás. Cada vez que alguien consigue influir sobre la actuación de una persona, tiene poder sobre ella.

En la concepción conservadora, donde tras la mayoría de los fenómenos sociales lo que hay son procesos sistémicos, inconscientes y espontáneos, la importancia que se le concede al poder es mucho menor. Por otra parte, en la concepción conservadora la libertad se considera como ausencia de opresión, de restricciones, externas, de aquí que se considere al poder como la facultad de restringir las opciones de alguien. Las definiciones se parecen pero, en realidad, son muy diferentes.

En la visión conservadora, alguien puede conseguir que yo haga lo que él quiere pero si esa persona no me ha impuesto determinadas limitaciones ni ha restringido mis opciones no tiene poder sobre mí. Como la capacidad de influir sobre los demás está mucho más generalizada que la capacidad de restringir sus opciones, en la concepción revolucionaria la cuestión del poder juega un papel mucho más importante que en la conservadora.

El problema de la igualdad

En la visión revolucionaria, tratar de la misma forma a personas diferentes es mantener y reforzar la desigualdad. La igualdad significa igualdad de probabilidades de alcanzar determinados resultados. Pero, dada la enorme desigualdad de los seres humanos, esto implica recurrir a una política generalizada de ventajas compensatorias para ciertos grupos. Condorcet decía que “una verdadera igualdad” requiere que “aun las diferencias naturales entre los hombres sean mitigadas” por políticas sociales.

El origen de la desigualdad es muy importante. En la visión revolucionaria, no sólo se trata de que unos tengan mucho y otros poco, sino que algunos tienen poco porque otros tienen mucho. Los ricos le han quitado lo suyo a los pobres. El empleador le quita al empleado, el que vende al que compra, la metrópolis a la colonia.

Por el contrario, la visión conservadora considera, como decía Burke, que “todos los hombres tienen los mismos derechos pero no las mismas cosas”. La igualdad es la igualdad en la ausencia de restricciones. Pretender eliminar otro tipo de desigualdades sería contraproducente. Significaría en primer lugar, que alguien tendría que estar a cargo de eliminar esas desigualdades, lo que implicaría investir de excesivos poderes al grupo gobernante. Este es el tema central de “El Camino de la Servidumbre” de F.A.Hayek: Los cambios sociales revolucionarios sólo pueden llevarse a cabo mediante una dictadura represiva.

Por otra parte, las desigualdades han existido siempre y no están vinculadas a un determinado sistema social. Precisamente lo que diferencia al capitalismo es que le ha permitido al hombre común disfrutar de un nivel de vida sin precedentes en la historia. La tecnología moderna no influye tanto sobre la vida de los ricos como sobre la de los pobres. Los ricos siempre han disfrutado de todas las comodidades pero sólo el capitalismo ha puesto esas comodidades al alcance de las grandes masas. La justificación moral del mercado se encuentra en la libertad y prosperidad general que produce.

El problema de la guerra

Para la visión revolucionaria la guerra es contraria a la naturaleza humana, como todas las calamidades sociales, se origina en las instituciones y surge de algún fallo intelectual. Por consiguiente tiene que tener alguna causa que puede ser combatida y neutralizada. Por consiguiente, lo que una nación pacífica debe hacer es poner en evidencia su voluntad de paz, mejorar las comunicaciones, hacer llamamiento a los más ilustrados, restringir el armamento o todo lo que pueda ser amenazantes y negociar las diferencias. Según Goodwin, la “inocencia y neutralidad” no presentar peligro militar alguno que pueda “amenazar” o “provocar un ataque”. El fortalecimiento militar, las alianzas, y el equilibrio de poder pueden conducir a la guerra. La institución militar es algo deplorable.

Para la visión conservadora, la guerra no necesita explicación. Está implícita en los múltiples fallos de la naturaleza humana y sólo puede ser negociada mediante compromisos temporales. Smith veía el patriotismo como natural y beneficioso, como un fenómeno moralmente productivo. Lo que una nación pacífica debe hacer es prepararse para la guerra, elevar al máximo el costo potencial para los agresores, promover el patriotismo y al disposición para la guerra, negociar desde posiciones de fuerza, apoyarse más en el valor popular que en los veleidosos grupos de intelectuales.

El problema del crimen

Para la visión conservadora el crimen tiene su explicación en la naturaleza humana. Cada nueva generación es una invasión de nuevos bárbaros que tienen que ser civilizados antes de que sea demasiado tarde. Sólo nos protege el acondicionamiento social, la moralidad general, el sentimiento del honor, el humanismo cultivado por las tradiciones e instituciones sociales. Tenemos que tratar de disuadir del crimen con la amenaza de represalias. Adman Smith señalaba: “La piedad con los culpables es crueldad con los inocentes”. El castigo era, para él, un deber doloroso.

Para la visión revolucionaria, sin embargo, el crimen es contrario a la naturaleza humana. Es difícil comprender la existencia del crimen si no hay una causa especial que lo haya provocado. La sociedad “drena la compasión del espíritu humano y engendra el crimen”. En nuestra época se ha dicho que “gente saludable y racional no perjudicaría a los demás”. Por consiguiente, la gente realizar crímenes por razones especiales, ya sean sociales o psiquiátricas. Y, por consiguiente, la forma de reducir el crimen es reducir esas razones especiales: pobreza, desempleo, discriminación, enfermedades mentales. El crimen refleja el carácter de la sociedad. El criminal sólo es su víctima. Goodwin señalaba que “el castigo puede cambiar la conducta de un hombre”, pero “no puede mejorar sus sentimientos”

El problema de la economía

Para la visión conservadora, el mercado responde a fuerzas sistémicas, a la interacción de innumerables opciones individuales. Un mercado competitivo es un sistema muy eficiente de “transmisión de información” en la forma de precios.

La visión revolucionaria alega que la economía obedece al poder de intereses particulares y que, en el futuro, debería obedecer el poder del interés público. Grupos de poder fijan arbitrariamente los precios en las principales industrias, y la respuesta debe ser que “el colérico público” exija que el gobierno rectifique esta situación. Para Gunnar Myrdal, Premio Nobel de economía, hay que investigar las condiciones “responsables del subdesarrollo”. Para Milton Friedman no hay que explicar el subdesarrollo, lo que hay que explicar son las causas del desarrollo y la prosperidad.

El problema de la justicia

En la visión conservadora la justicia es necesaria para el mantenimiento de la sociedad. Como decía Adam Smith: “Generalmente los hombres sienten tan poca solidaridad por su prójimo que si este principio (la justicia) no estuviera dentro de él y lo abrumara de respeto, actuarían como bestias salvajes… y entrar en un grupo humano sería como entrar en una cueva de leones”

Puesto que la sociedad “no puede subsistir entre los que están constantemente listos para agredir y atacarse entre sí”, la justicia es la primera necesidad de la sociedad.

Como decía Oliver Wendell Holmes:

“La ley no toma en consideración la infinita variedad de temperamento, intelecto y educación que determina que el carácter interno de un acto sea tan diferente en los distintos hombres. No intenta ver a los hombres como los ve Dios… Si, por ejemplo, un hombre nace apresurado y torpe, siempre está teniendo accidentes y lesionándose a sí mismo o a sus vecinos, no cabe duda que sus defectos congénitos serán tomados en cuenta en los tribunales del Cielo pero sus errores no resultan por eso menos enojosos para sus vecinos que si se derivaran de una mala intención. Por consiguiente, sus vecinos le exigen, a su propio riesgo, que se ponga a su mismo nivel, y las cortes que ellos establecen no van a tomar en consideración su ecuación personal”.

Según Holmes, “es correcto que la justicia hacia el individuo pese menos que los intereses más generales que hay que sopesar en el otro lado de la balanza”.

Según Holmes, “La vida de la ley no ha sido lógica: ha sido experiencia… La ley encarna la historia del desarrollo de una nación a lo largo de muchos siglos, y no puede ser tratada como si sólo contuviera los axiomas y corolarios de un libro de matemáticas”.

Y Blackstone:

“Y la ley sin equidad, aunque dura y desagradable, es mucho más deseable para el bien público que la equidad sin ley, que haría de cada juez un legislador e introduciría la más infinita confusión puesto que las cortes establecerían casi tantas reglas de conducta como diferencias hay de capacidad y sentimiento en la mente humana”.

La visión revolucionara, por supuesto, toma una posición totalmente contraria. Como decía Goodwin: “No hay verdadera justicia si se reducen todos los hombres a la misma estatura” según el delito cometido. Más bien, la justicia requiere “contemplar todas las circunstancias de cada caso individual”. En esta concepción, no sólo se trata de la justicia de la sanción sino también de la eficacia de la misma. La visión no restringida aspira a cambiar los motivos y las predisposiciones de la gente, busca soluciones. De aquí el constante llamamiento a mejorar y transformar la legislación.

Holmes, al igual que Goodwin, considera que es moralmente superior individualizar las sanciones, pero considera que hacerlo está más allá de la capacidad de los tribunales. La naturaleza humana no cambia.

El problema de los derechos individuales

La “Investigación Concerniente a la Justicia Política” en 1793 puede haber sido el primer tratado de justicia social. La justicia social es considerada como una obligación obsesiva. “Nuestra deuda con el prójimo incluye todos los esfuerzos que podamos hacer por su bienestar, y toda el auxilio que podamos ofrecer a sus necesidades. En realidad, no tenemos nada que sea estrictamente nuestro”. Ni Goodwin ni Condorcet pensaban que fuera necesario recurrir al gobierno como instrumento de cambios sociales, ni infringir los derechos a la propiedad. Para los partidarios de la visión conservadora, el concepto de justicia social carece de toda importancia.

La diferencia fundamental entre las dos visiones es que, para la visión revolucionaria, no se trata de una cuestión de justicia sino de caridad. Para Hayek, el problema estriba en que tratar de establecer cualquier redistribución de la riqueza afecta tanto a la libertad como al mismo bienestar general. “… el concepto de “justicia social” ha sido el caballo de Troya que ha permitido la entrada del totalitarismo”.

Para Hayek, es obviamente absurdo exigir “justicia social” de un proceso social inconsciente. En realidad, la demanda de “justicia social” significa pedir que los miembros de la sociedad se organicen de tal forma que sea posible asignar determinadas porciones del producto social a diferentes individuos o grupos. Pero esto significa no sólo conferir un exagerado poder a determinado grupo y, por consiguiente, limitar la libertad de los demás sino también crear obstáculos para la generación de riqueza.

Según Hayek la libertad humana depende, en gran medida, de ciertas reglas y especialmente de reglas, de derechos, que “protegen ciertos dominios dentro de los que los individuos son libres de actuar como ellos mismos decidan”. Según Hayek el concepto de “justicia social” socavaba el concepto mismo de “estado de derecho”, como estado gobernado por reglas estables, puesto que siempre estaría tratando de sustituir la justicia “formal” por la justicia “real” o “social”. Y esta “justicia social” no es más que un conjunto de resultados a los que sólo puede llegarse mediante la ampliación de los poderes del gobierno. Según Hayek, la “justicia distributiva” es intrínsecamente “irreconciliable con el estado de derecho”.

En la visión revolucionaria, por el contrario, donde el hombre es supuestamente capaz de pronosticar y controlar las consecuencias sociales de sus decisiones, tanto el individuo como la sociedad son moralmente responsables de que sus opciones produzcan determinados resultados. Los jueces, por consiguiente, no se deben limitar a aplicar reglas de procedimiento, ignorando los resultados particulares, sino que deben tratar de aplicar los principios morales implícitos en la ley. En los conflictos entre derechos, se le debe dar más peso a los que definen al ser humano como sujeto antes de como objeto.

En la visión revolucionaria, la igualdad, en forma más o menos amplia, ha sido considerada como igualdad de resultados. Dada la inmensa cantidad de situaciones diferentes, esto se traduce en tratamientos diferentes y compensatorios.

En la visión conservadora, los principios de la justicia están limitados por sus posibilidades. Los derechos son dominios más allá del alcance de las autoridades, y la conveniencia a largo plazo de esta actitud está implícita en su misma existencia.

En la visión conservadora, el hombre es capaz de hacer evaluaciones a largo plazo pero la forma de hacer esas evaluaciones es puramente experimental y apuntando a la experiencia de la mayoría, es decir observando la forma en que las masas “votan con los pies”. La realidad es demasiado compleja como para soñar en cualquier justicia compensatoria.

En la visión revolucionaria, sin embargo, el hombre es capaz de hacer evaluaciones más inmediatas y lo hace mediante razones precisas y articuladas que no se detienen ante la justicia compensatoria.

CONCLUSIONES

La diferencia fundamental entre la ciencia y las teorías sociales reside en la imposibilidad de hacer experimentos sociales de laboratorio que nos den las pruebas definitivas para cancelar ciertas hipótesis. Por otra parte, la continuidad biológica de la especie humana significa que los experimentos que fracasan no pueden ser iniciados nuevamente a partir de cero. En la vida social, sólo es posible la sensatez, no la ciencia”.

* NOTA de AR: En este texto, Sowell utiliza los conceptos de “restricted” y “unrestricted” para caracterizar las visiones. Es decir, la visión “restringida” y la “no restringida”, según acepten limitaciones a la naturaleza humana

(visión restringida) o no las acepten (visión no restringida). Con todo, he considerado más claro sustituir esos términos en esta síntesis por los de “conservadora” y “revolucionaria”, que son más claras para el público de habla hispana y fieles al espíritu del autor.

SOBRE EL AUTOR

Thomas Sowell (1930- ) es un economista graduado de las unversidades de Harvard, Columbia y la Escuela de Chicago, donde fue alumno de Milton Friedman. Es miembro asociado de la Institución Hoover. Es un columnista sindicado que publica regularmente en la revista Forbes. Profesor durante mucho años, Sowell es un autor prolífico y, sin duda, un extraordinario pensador y uno de los más brillantes intelectuales norteamericanos de nuestro tiempo. De su extensa bibliografía, recomendamos particularmente:

Conflict of Visions (de la que hemos ofrecido un síntesis)

The Vision of the Annointed (de cómo se manifiestan las distintas
visiones en la práctica)

Race and Culture (indispensable para comprender el papel cultural de las razas)

Para más información recomendamos tomar contacto con su web site en:

http://www.tsowell.com

Para más detalles sobre sus libros:

http://www.lfb.org/sowell.html

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