GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

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YPF, genocidas y principios:

Desde hacen 48 hs. todos los medios de comunicación que me conectan con el mundo que está fuera de mi mente hierven con gente que me pregunta mi opinión sobre la confiscación de YPF.

Por celular, por las redes sociales, por correo electrónico, por los pasillos de la universidad, clientes, proveedores, empresarios que se vinculan conmigo, todo el mundo quiere un análisis sobre esto.

Obviamente que cada uno debe formarse una opinión propia, para lo cual hace falta dar una profunda lectura de los antecedentes jurídicos, históricos y económicos del proceso de privatización y de re-estatización. Pueden haber también algunas consideraciones económicas. Pero por sobre todo, y dada la insistencia de tantísimas personas que me lo preguntan, porque creen en mí como persona, me siento en la obligación moral de dar una respuesta ética, antes de estudiar todos los detalles que alguien pueda considerar atendibles.

Para decirlo muy brevemente, porque estoy de viaje y me estoy conectando por celular: Hitler, cuando quería obtener dinero, mandaba a la Gestapo a la casa de un judío viejo, rico y feo. Lo apaleaban, le robaban todo y luego lo mandaban a Auschwitz. ¿Porque?

Porque era más aceptado por la mayoría que ir a asesinar a una rubia veinteañera y sacarle el equivalente a 50 pesos. Pero era un crimen aberrante, de igual modo.

Esta gente confisca YPF porque les puede dar una caja eficaz y rápida. No te expropian tu casa porque sacarían poca plata y mucha gente se solidarizaría contigo. Pero es un crimen aberrante, de igual modo.

Están robándole a una persona privada, a un civil cualquiera, argentino o extranjero, detalle que no hace ninguna diferencia, un activo que ha comprado genuinamente, pagando por él con el fruto de su trabajo, con sus ahorros, o con capital tomado a crédito, y que debe devolver a los ahorristas que se lo confiaron.

Un activo que le habían vendido ellos mismos, prometiéndole unas reglas que fijaron por contrato y que ahora no cumplen: QUIEN QUIERA COMPRAR DEBE OFRECER UN PRECIO POR EL 100 %. Es un crimen aberrante. Si aceptamos esto, desde el punto de vista moral, no vamos a tener argumentos éticos de ningún tipo para esgrimir, contra cualquier iniciativa que quiera confiscarte tu casa, tus ahorros, los depósitos bancarios o la vida de tus hijos.

Del mismo modo que se quedaron sin argumentos todos aquellos que marcharon a los hornos crematorios nazis, después de haber tolerado el genocidio de los judíos.

No importa si me gusta Repsol o Bruffau. No interesa si son extranjeros. Tampoco importaba si eran gordos, feos, ricos o judíos. NO MATARÁS. NO ROBARÁS. Eso es lo único que importa. Se podrán hacer muchísimos otros análisis, pero este es ineludible. Si no estamos de acuerdo en esto, es dificil que podamos integrar una sociedad civilizada, abierta, pluralista y respetuosa de laas minorías y de la diversidad, sin xenofobia, racismo, prepotencia y sin violaciones a los derechos humanos.

Perdón por lo breve pero no tengo tiempo: Tengo que producir para poder seguir viviendo de mi propio trabajo y no hacerme Kirznerista.

Manuel Ayau: In Memoriam

Palabras pronunciadas por el Prof. Guillermo Luis Covernton, con motivo de la inauguración del Tercer Congreso Internacional “La Escuela Austríaca en el siglo XXI”, organizado por: Fundación Bases; Instituto Hayek; Facultad de Cs. Económicas del Rosario (UCA)
Rosario, Argentina 5, 6 y 7 de Agosto de 2010

Estimados Amigos:

El pasado Martes 3 de agosto, es decir apenas dos días atrás, quienes creemos en la sana economía, en el estudio sistemático y en la importancia de la educación económica para impulsar el bienestar y el desarrollo de las personas hemos tenido que lamentar el fallecimiento del Dr. Manuel Ayau Cordón:

Industrial guatemalteco, ingeniero mecánico, doctor honoris causa en letras humanistas por el Hillsdale College, y doctor honoris causa en Derecho por Northwood University, fue Rector fundador de la Universidad Francisco Marroquin. También se desempeñó como presidente de la Bolsa de Valores de Guatemala y de la Sociedad Mont Pèlerin. Fué miembro del Consejo Consultivo del Centro de Estudios Económico Sociales de Guatemala. Fiduciario de la Foundation for Economic Education de Nueva York. Y miembro de la Junta Directiva de Liberty Fund, Inc., Indianapolis.

Varios de quienes asistimos a este congreso tuvimos el privilegio de conocerlo, a fines del siglo pasado, con motivo del inicio de un programa de perfeccionamiento docente que propuso para su querida Universidad. Con ese motivo fuimos invitados, junto a un grupo de catedráticos argentinos entre quienes se contaban los Dres. Juan Carlos Cachanosky, Martín Krause, Gabriel Zanotti y yo mismo.

Nuestra tarea docente en la Universidad que él había contribuido a fundar y en donde dictó cátedra por años, nos permitió disfrutar, casi cotidianamente, y durante nuestras estadías en su país, que se extendieron a lo largo de los siguientes años, de su afabilidad, su sencillez, su don de gentes y su genuino interés por ayudar a la difusión de las ideas de la libertad, del respeto por el disenso, y del conocimiento económico serio y metódico que aspiraba para todos los ciudadanos de su querida patria.

Querido Muso: Gracias por todo lo que nos diste y gracias a Dios por permitirte acompañarnos estos 3 días, porque estoy seguro que tu alma estará compartiendo con nosotros este congreso que ahora se inicia.

Les propongo un minuto de silencio en su memoria.

Gracias.

República Cromagnon, Responsabilidad Civil y la Tragedia de los Comunes:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 11/3/2005 en la web de Fundación Atlas:

Una respuesta desde el ámbito del derecho privado, basada en la racionalidad económica.

La muerte de más de 190 personas atrapadas por el fuego, en un lugar repleto de materiales inflamables, sin suficientes salidas de emergencia, y donde se realizaba la presentación de un grupo musical, ha provocado un intenso debate en la sociedad.

El profundo dolor que tal circunstancia nos e infunde, así como la íntima solidaridad hacia los familiares y amigos de quienes fallecieron nos impulsa a manifestar aquí algunas opiniones e ideas, con la plena conciencia de que no podemos hacer demasiado por quienes sufren por este desgraciado hecho, pero sí que podemos hacer muchísimo para que este luctuoso suceso no se repita jamás.

La opinión pública, movilizada por opositores y familiares pidió, con fundamento, la renuncia del Jefe de Gobierno de la Ciudad, por la responsabilidad que sin duda le cabe, al no haber velado por el estricto cumplimiento de las normas de seguridad.

Hay ordenanzas que obligan a que el ejecutivo verifique el cumplimiento de estas normas, se recaudan tasas por ingentes sumas que debieran destinarse a financiar estos controles, y encima de todo esto, todos los días aparecen acusaciones de corrupción en este caso en particular.

Pero aún si todo esto provocara el cambio de quienes están a cargo del poder ejecutivo; si además de ello, el titular actual fuera sucedido por alguien profundamente responsable y enemigo de la corrupción; esto no bastaría para asegurarnos demasiado para el futuro.

Desde nuestro personal punto de vista estas tragedias ocurren por una cadena de negligencias, y esta sucesión de errores debería combatirse actuando sobre sus principales causas.

Y creemos que una de las principales causas es delegar las tareas de control y prevención en el aparato político del estado, incorporándole cada vez más funciones y responsabilidades, que concomitantemente harán preciso asignarles más recursos, que siguiendo la constante histórica serán ineficientemente aprovechados, parcialmente dilapidados y corruptamente utilizados.

Analicemos el problema desde otra óptica: Si estaciono mi auto en la puerta de mi vecino y el frente de su casa se desploma, cayendo sobre mi techo y provocando la muerte de mi familia, deberé iniciar una acción civil de daños y perjuicios, para obtener resarcimiento. La justicia, rápidamente trabará embargo sobre el inmueble de mi vecino y yo recibiré una adecuada compensación. ¿Es esto suficiente para mitigar mi dolor y compensar mi pérdida? No, por supuesto, no habrán bienes materiales suficientes que puedan  compensar la pérdida de los años dedicados a establecer el vínculo que tenía con mi esposa ni las horas dedicadas a convertir a mis hijos en personas de bien, sensibles y útiles a la sociedad.

Pero la magnitud del resarcimiento que deberá enfrentar mi vecino, más que perseguir una compensación, busca establecer una sanción ejemplar: Que todo el mundo sepa que es preferible gastar el 3 % del valor de un inmueble en evitar que ninguna de sus partes se derrumbe a caer en la ruina por tener que pagar los daños ocasionados.

En la esfera del derecho privado, las sanciones de responsabilidad civil bastan.

Pero: ¿Que ocurrirá si, en cambio, lo que se desploma sobre mi auto es el árbol de la vereda? Como la vereda es un área pública y el árbol pertenece al estado, para que mi demanda prospere, uno de los poderes del estado, el judicial, deberá fallar contra otro de sus poderes, el ejecutivo, condenándolo a pagar el daño. Para ello deberá quedar probado que el estado no se movió con la suficiente prudencia en la elección de las variedades que integran el arbolado, o que las podas realizadas no cumplieron con las reglas del arte, o que no se realizaron los controles sanitarios que evitaran que el ejemplar enfermara, o que hubo tiempo suficiente desde el fallecimiento del árbol hasta su caída, como para que los responsables lo talaran, o que algún vecino había denunciado el riesgo sin haber sido diligentemente atendido, o todos estos extremos o varios de ellos a la vez.

A su vez, en caso de sentencia condenatoria, el ejecutivo deberá extremar todas las instancias procesales o apelaciones posibles antes de pagar, so pena de incumplimiento de su deber de defensa del patrimonio común.

Finalmente un tribunal jurídico-político, ( corte suprema), evaluará no solo el daño y el derecho, sino las razones de oportunidad, mérito o conveniencia para condenar al estado, sentando un precedente que lo obligaría a extremar una serie de controles para los cuales quizás ni esté preparado, ni tenga asignados recursos suficientes.

También evaluará si las necesidades insatisfechas de los contribuyentes y los recursos del estado permiten poner a su cargo estas cuestiones.

En el ínterin, es posible que el ejecutivo, si observa que puede beneficiarse electoralmente con el hecho, alimente los argumentos del reclamante, ya que los fondos que se utilizarán para resarcir, lejos de venir de sus arcas particulares, provienen de la hacienda común, alimentada por impuestos que, en todo caso, convendrá elevar.

De cualquier manera que el caso se resuelva, o no se hará lugar a un resarcimiento suficiente, o aún en el caso de que lo sea, este no servirá de apercibimiento para evitar males mayores en el futuro, ya que el político de turno pagará con fondos provenientes de los impuestos al sector privado, y contará además con un nuevo argumento para incrementarlos, imponer más controles, colocar a más amigos políticos en puestos oficiales para controlar, y hacer crecer así su área de influencia.

En conclusión, y volviendo a “República Cromagnon”, consideramos que el drama mayor, luego de las muertes, es que no se tome suficiente conciencia que si los controles de seguridad son materia del estado, estos caen en la tragedia de los bienes comunes: Nadie se ocupa ni cuida de ellos.

Si los fundados reclamos por atención médica, gastos de todo tipo, y aún resarcimiento civil son asumidos por el fisco, ningún empresario pondrá demasiado énfasis en cuidar que estos hechos no se repitan para así preservar su patrimonio.

Si los artistas, músicos o como queramos llamar a quienes daban el espectáculo no se ven alcanzados patrimonialmente, difícilmente pongan demasiada atención en cuidar en que tipo de ámbitos se presentan.

Si las compañías grabadoras, representantes, managers, etc no deben responder con su patrimonio personal, no afectarán , la próxima vez, recursos suficientes, en la forma de abogados, peritos en temas de seguridad, controles sobre los elementos que ingresa el público, etc., para evitar accidentes.

Nuestra propuesta concreta es: Evitemos que esto se repita. Deroguemos todos los controles del estado. Ahorremos recursos al fisco, que serán mejor aprovechados en equipar hospitales, bibliotecas, pagar policías, maestros, jueces y médicos.

Legislemos adecuadamente de modo tal que quede claro que en caso de una tragedia de este tipo, no solo el propietario del inmueble deberá responder totalmente por los daños, sino también los artistas participantes, sus representantes, auspiciantes, compañías discográficas, titulares de derechos de autor y demás empresarios privados que lucran legítimamente con el show.

Del mismo modo que cuando muere una persona realizando un trabajo, la legislación laboral no se preocupa por averiguar si existía contrato de trabajo, si habían recibos de sueldos firmados, si el contratante era el titular del establecimiento o si  habían en el medio una cadena de subcontratistas, y si se había suscripto o no un seguro de accidentes personales o uno de riegos del trabajo, sino que todos pasan a ser solidaria e ilimitadamente responsables; de igual modo, se deberá asignar el mismo tipo de responsabilidad a quienes organizan y lucran con estos espectáculos.

El único control que debería realizarse sería el de asegurarse que se han contratado seguros de responsabilidad civil, en compañías solventes, que puedan cubrir un eventual siniestro, en caso en que el patrimonio personal de los organizadores no alcance para hacerlo.

Entonces, toda la eficiente maquinaria del sector privado se pondrá en marcha: una legión de abogados estará a disposición para estudiar las pólizas de seguros, un ejército de analistas de riesgos y seguridad estarán disponibles para opinar sobre las condiciones de habilitación de los locales. Expertos de todo tipo podrán desnudar falencias en la ventilación, los materiales usados, las salidas de emergencia, elementos de lucha contra incendios, etc.

Quienes pagan la entrada asumirán el costo de su seguridad, y no tendremos subsidios ocultos en la habilitación de trampas mortales para satisfacer las ambiciones de pseudo-empresarios, que no llegarán a ser nunca empresarios porque no operan en ámbitos competitivos, con reglas de juego iguales que las de sus competidores.

Lo que no puede aceptarse es que una joven deba dar a luz a su hijo en un decadente hospital público, con todo tipo de falencias, o que un niño deba perder días de clase porque sus maestros no cobran, mientras se dilapidan fondos públicos en tratar de paliar muy parcialmente los efectos de catástrofes evitables, causadas por gente que pretende lucrar evadiendo sus responsabilidades, mientras los funcionarios de turno intentan llevar agua para su molino y aprovechan para ampliar su poder político, aumentar impuestos y agrandar las funciones del estado para hacerlas más ineficientes.

La ciudad parece poder controlar la seguridad de quienes acuden a las funciones de gala del teatro Colón. Pero no parece poder manejar la seguridad de los más necesitados, a quienes el discurso político progresista dice proteger.

 

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