GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Archivar en la categoría “Economía.”

Sobre la esencia del funcionamiento del sistema financiero. Y la tendencia a la concentración.

Aquí se puede ver un video sobre el tema.

 

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Sobre el origen de los bancos comerciales, su funciones y el riesgo moral implícito en su operatoria.

Aquí se puede ver un video sobre el tema:

Sobre la importancia del marco institucional en el crecimiento económico de Argentina

Aquí se puede ver un breve video sobre el tema:

UNA VIDA SANTA DEDICADA A LA LIBERTAD: Ensayos en Honor de Joe Keckeissen

Con el trabajo de compilación de los Dres. Juan Carlos Cachanosky, Ph.D., Christopher Lingle, Ph. D. y Kurt Leube, Ph. D. y la muy cuidad edición de Mario Silar, acaba de presentarse esta colección de ensayos que apunta a reconocer y recordar a una descollante economista, veterano oficial de artillería aerotransportada y devoto religioso que dedicó su vida a cumplir tan diversos y exigentes roles.

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En el mismo, relatamos algunos apuntes biográficos de nuestro gran amigo Joe, profesor dedicado, académico riguroso, compañero de estudios generoso, artillero paracaidista valiente, heroico veterano de la guerra de Corea, y  piadoso hermano salesiano, que reproducimos aquí:

“La personalidad, trayectoria y ejemplo de vida de Joseph Edward Keckeissen han ejercido una fuerte e insoslayable influencia en mi carrera académica. Tuve la oportunidad de conocerlo en Guatemala, en los últimos años del siglo XX cuando el Padre Salesiano Angel Roncero Marcos, quién dirigía una institución educativa de dicha orden, me lo presentó en la Universidad Francisco Marroquín. Habíamos llegado a esas tierras por invitación de esa Universidad y recomendación del Dr. Juan Carlos Cachanosky, quien había dirigido la Maestría en Economía y Administración que yo terminaba de cursar, por esos años. Apenas nos conocimos y supo de mi interés por los temas monetarios, financieros y crediticios, y mis lecturas sobre Ludwig von Mises, me invitó a asistir a las reuniones en las que participaba, cada lunes a mediodía en la biblioteca de la Universidad, incitándonos a opinar, debatir e intercambiar puntos de vista. Y así, nuestros encuentros y debates se convirtieron en una rutina cotidiana, en la sala de profesores.

Compartí luego varios seminarios para profesores, que se dictaron en esa Universidad, a los que Joe asistía como un alumno más, con un gran interés y el entusiasmo de un joven de veinte años. En ellos brillaron por su calidad académica profesores como Lawrence White, Robert Higgs, Don Boudreaux, Israel Kirzner, Steve Davies, Mark Skousen, Andrew Morriss, Tom Palmer, y algunos más que ya no recuerdo. En el marco de expositores de tan alta calidad académica, muchas veces me sentía inhibido de participar.

Pero el compañerismo de Joe, sus palabas de aliento, la reflexión oportuna y acertada durante los momentos en que se reservaban para el almuerzo, o para disfrutar de un café y retomar energías, me daban fuerzas para continuar y me hicieron ver muchas ideas que valían la pena ser profundizadas. Y de a poco me fui dando cuenta  que, aunque me conocía desde muy poco tiempo antes, valoraba muchísimo mi enfoque y mis puntos de vista, por su clara inspiración Misesiana.

En el Dr. Keckeissen podía encontrarse con nitidez lo que algunos autores consideran esencial para tratar de llevar adelante una fructífera carrera de investigación y docencia: El orgullo académico y la humildad académica.[1] En el compañero de estudios que era Joe, se notaban unas enormes ganas de compartir todo lo que podía ir aprendiendo, con aquellos que lo rodeaban. En el Hermano Joe se personificaba una profunda humildad, bondad y ese sentido humanista y cristiano que fue la razón de ser de toda su existencia.

Muchas de sus palabras, que pasaron desapercibidas en el momento, fueron claramente influyentes luego, para hacerme dar cuenta de mis propias posibilidades, en un mundo en el que los ejemplos tendían a ser idealizados. Su profundo sentido del deber fué una guía permanente.

Seguimos en contacto fluido con Joe, hasta que finalizaron mis estudios de doctorado, en los que se interesó muchísimo, precisamente por su adscripción a las ideas de Mises. No importaba que hicieran 5 o 6 años que no nos veíamos personalmente. Semanalmente sus correos me invitaban a compartir una cena o una mesa de café, sin detenerse en pequeñeces tales como en qué lugar del mundo nos encontrábamos cada uno de nosotros.

[1] Eco, Umberto: “Como se hace una tesis: Técnicas y Procedimientos de Investigación, estudio y escritura”. (1977) [2000].

 

 

Los trabajos incluidos son:

– The legacy of Joseph Keckeissen. By Juan José Ramírez Ochoa.

Juan José Ramírez Ochoa is a professor at Henry Hazlitt Center of Francisco Marroquín University. He holds a B.A in business psychology and M.A. in Business Economics,  both titles from UFM;  besides those he holds an M.A. in International Economics  from State University of New York at Albany. He worked as assistant to Joe Keckeissen.   He can be reached in the e-mail: estratega@ufm.edu

 

– Happy 60th Birthday! A Short Appreciation of F. A. von Hayek’s The Sensory Order. By Kurt R. Leube.

Kurt R. Leube is Prof. emeritus; Fellow, Hoover Institution, Stanford University (USA); Academic Director, ECAEF, European Center of Austrian Economics Foundation, Vaduz (FL).

 

 – Economic Environment: A preliminary conceptual model of money, credit and currency from the basics of monetary theory in the Austrian School of Economics. By  Daniel Fernandez Mendez. y Ruben Mendez Reategui.

Daniel Fernandez Mendez is Ph.D. in Applied Economics  (c) at URJC  (Spain) and lecturer in the Faculty of Economics at Manabí University of Technology (UTM) – Ecuador.

Rubén Méndez Reátegui is Ph.D. in Economics (c) and lecturer at Macquarie University – Australia and Ph.D. in Applied Economics  (c) at URJC.

 

 – ¿Que había opinado Santo Tomás de Aquino sobre el caso Galileo? Por Gabriel J. Zanotti.

Gabriel J. Zanotti es profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral (Argentina) y Profesor visitante en le Universidad Francisco Marroquón (Guatemala).

 

 – Joe Keckeisen: teaching economics by Jacco van Seumeren.

Jacco van Seumeren is Professor at the University of St. Gallen.

 

 – La Concepción Monetaria de Ludwig von Mises, en el marco de su Teoría del Ciclo Comercial: Por Guillermo Luis Covernton.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Fué profesor titular de Proceso Económico en l Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

 

 – La guillotina horizontal y las instituciones libres. Por Alberto Benegas Lynch (h)

Alberto Benegas Lynch (h) es presidente de la sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Argentina.

 

 – A Catholic and a Misean economist by Carroll Ríos de Rodriguez.

Carroll Ríos de Rodriguez is a Member of the Board of Trustees and Professor at Universidad Francisco Marroquín, (Guatemala).

 

 – Análisis sobre el rol del intervencionismo gubernamental ante la crisis económico-financiera: El legado del Dr.Joseph E. Keckeissen Por Eneas A. Biglione.

Eneas Biglione es director ejecutivo del Hispanic American Center for Economic Research de Washington (DC).

 

 – La Ley de Say y el Atesoramiento de Dinero por Juan C. Cachanosky.

Juan C. Cachanosky es director para América del Sur de CMT Group, Partner de Edimburgh Business School.

 – Rawls + Economics = Buchanan by Jacco van Seumeren.Jacco van Seumeren is Professor at the University of St. Gallen. – Entrepreneurial Change of Institutions by Martin Krause.

Martin Krause es Profesor de Economía en la Universidad de Buenos Aires y Profesor Visitante en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

 

 – In Memorian by Julio Cole.

Julio Cole es Profesor de Economía en la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

 

Regulaciones sobre el mercado laboral:

Mucho se ha discutido sobre la inconveniencia de las regulaciones en el mercado laboral. Economistas como Paul Heyne[i], Henry Hazlitt[ii] y William Hutt[iii], entre otros, han explicado perfectamente el problema al que voy a referirme. Concretamente, la inconsistencia de establecer disposiciones que obligan a pagar salarios mínimos para determinadas actividades. Motivado por la reciente lectura de un artículo de Len Shackleton en el blog del Institute for Economic Affairs[iv], propondremos  algunas reflexiones, que consideramos atinadas en vista de la realidad que se vive en los países menos prósperos de Sudamérica.

Como se menciona en el referido trabajo de Shackleton, si las regulaciones obligan al pago de salarios mínimos, por encima de la productividad marginal de ciertos trabajadores, estos convierten al negocio de lucro que debe ser siempre la contratación de un trabajador, (o de cualquier otro factor de producción), en una actividad ruinosa. Es decir, con un costo mayor a su retorno.  Si el empleador no puede evitar este negocio, por rigideces en el mercado laboral que le impiden cesar con esta contratación, generamos un problema adicional. Si estas fricciones lo obligan, incluso por cierto tiempo, a continuar con la contratación de esos operarios sobre valuados, el perjuicio social resulta evidente: Aunque algún individuo determinado pueda verse beneficiado transitoriamente, esta situación mueve al empresario a incurrir en pérdidas. Estos quebrantos serán absorbidos por el capital de la empresa. Por ende, la estructura de bienes de capital, a disposición de los trabajadores, ya sean los trabajadores sobre valuados, como todos los demás, se reducirá. Por la imposibilidad de reinvertir utilidades a una tasa que supere la de las amortizaciones. Al caer el stock de capital, se resentirá la productividad marginal de todos los trabajadores. Esto devengará, luego, salarios más bajos, que si no pueden ajustarse, acelerarán el proceso en forma de espiral, afectando cada vez a más trabajadores. Somos conscientes de que este punto no va a ser fácilmente aceptado por la opinión pública. Pero este solo argumento no alcanza a frenar sus efectos en otras variables macroeconómicas: La pérdida de competitividad ocasionada por el divorcio entre costos, precios y rentabilidad, disminuirá la producción de ciertos oferentes marginales, cuyos costos los llevan a quebrar antes que a otros. Esto limitará los saldos exportables. Así se obtendrán menos divisas internacionales, lo cual elevará el precio de estas monedas. A esta altura del análisis, algunos alegarán que esta suba del precio de las divisas impulsará las exportaciones, reactivadas por el nuevo precio de la moneda extranjera con las que se pagan. Si bien esto es cierto, este nuevo equilibrio se produce arrastrando a algunas variables a un nuevo punto. ¿Cuáles son estas? ¿Cuáles son sus efectos? A nuestro juicio, el principal problema radica en la estructura de capital. Cuando se persiste en este programa por décadas, la destrucción de capital torna escaso a este factor de producción. Que es lo mismo que decir que la tasa de interés será crónicamente alta, Por escasez de oferta. Esto vuelve a elevar los costos de las empresas. Pero, asimismo, toda esta dinámica lleva a que la demanda de capital va a aumentar. El motivo que nos hace afirmar esto último es que los factores de producción, hasta cierto grado, pueden suplantarse. Con salarios altos, en una primera instancia, se eligen los operarios más capacitados. Luego se reemplazan los menos formados por maquinarias, servomecanismos, elementos de control computarizado, y muchos etcéteras. Si es caro contratar a un chofer, se buscará al más capacitado y se lo asignará a un camión más grande. Si es caro pagarle e una cuadrilla de albañiles, se demolerá con dinamita. Si es caro el salario de un operario mecánico, se armaran automóviles con robots. O se pintarán en una cuba electrolítica. Esta mayor demanda de bienes de capital, en reemplazo de asalariados que resultan antieconómicos, exacerba su demanda y su escasez y eleva aún más las tasas de interés, así como el desempleo. La decisión racional sería invertir más en capital y menos en salarios. Pero como esta decisión está motivada por una regulación, muchos empresarios prudentes no hacen ni uno ni lo otro. Emigran con su capital remanente y sus empresas. Y el nivel de desarrollo y de crecimiento se resiente grandemente.

En definitiva, lo que queremos explicar es que las regulaciones llevan a tomar decisiones de asignación de recursos que son equivocadas, dado el stock de recursos del que se parte: Si sobran operarios y falta capital, nunca puede ser acertado despedir personal para reemplazarlo por máquinas. Los errores de asignación de recursos no son gratuitos. Aunque lleguemos a un nuevo equilibrio, va a ser a costa de menos exportaciones, divisas más caras, dificultades para importar, niveles de desempleo incompatibles con la paz social y el desarrollo y ausencia de condiciones de equilibrio a largo plazo.


[i]  Heyne, Paul, “Conceptos de economía: el mundo según los economistas”  Madrid : Prentice – Hall, 1998, Cap 15. ISBN: 8483220113

[ii]  Hazlitt, Henry: “La economía en una lección”  4a ed. –Madrid : Unión Editorial, 1996. Cap XVII ISBN: 8472093077.

[iii]  Hutt, William H.: “La contratación colectiva”.  Madrid : Unión Editorial, 1976. ISBN: 84-7209-051-5

Ronald H. Coase.

Hoy, 2 de Septiembre de 2013, recibimos con profunda pena, pero con gran deferencia, la noticia del fallecimiento del profesor Ronald H. Coase.

El Dr. Coase había nacido en Willensden, Inglaterra, el 29 de diciembre de 1910, en el seno de una familia en la que ambos padres trabajaban en el servicio de correos. De joven padeció algunos problemas físicos en sus piernas, que demoraron algo su educación formal.

Obtuvo su título de grado en la London School of Economics and Political Science en 1932, en donde recibió una fuerte influencia de Sir Arnold Plant. Fue profesor en la Dundee School of Economics and Commerce entre 1932 y 1934. Luego dictó cátedras en la Universidad de Liverpool de 1934 a 1935. Posteriormente volvió a su “Alma Matter” entre 1935 y 1939 y nuevamente desde 1946 a 1951. Fue precisamente en este primer período, exactamente en 1937, cuando publica en“Economica”, el journal de la LSE, uno de sus trabajos más citados: “The Nature of the Firm”.

En este, hace un análisis económico de las reglas y de los costos de las negociaciones, que implica cualquier sistema de asignación de precios. Tema luego abordado también por Oliver Williamson y retomado por él mismo en un famosísimo trabajo de 1960, al que nos referiremos más adelante.

En la década del ´50 se traslada a los EE.UU. en donde se desempeña en la Universidad de Buffalo y posteriormente en el Center for Advanced Studys in the Behavioral Sciences, en la Universidad de Virginia. En esta época publica su “The Federal Communications Commission”, en donde propone la asignación de derechos de propiedad al espectro radioeléctrico, en vez del pago de licencias, como una forma de evitar los problemas de externalidades entre los diferentes usuarios. A partir de 1964 se incorpora al cuerpo docente de la escuela de leyes de la Universidad de Chicago, siendo Clifton R. Musser Professor Emeritus of Economics, y además, editor de la revista Law and Economics, de dicha institución, hasta 1982.

En 1960 publica el que se convertiría en su trabajo más citado y el más difundido de la economía, durante el siglo XX y hasta hoy: “El problema del costo social”. Allí analiza, nuevamente, el costo de los sistemas de asignación de precios y los arreglos sociales y métodos de pago implícitos en ellos. Observando las sinergias que se obtienen en la búsqueda de la reducción de costos de información, desarrollo y de intercambio de bienes entre las distintas divisiones de una empresa, arriba a la conclusión de que los costos de transacciones llevan a decisiones relevantes en estas organizaciones.

Hace un aporte incontestable a los problemas de lo que hoy conocemos como “externalidades”, es decir, acciones que causan efectos en nuestros vecinos y la comunidad. Y ataca la idea de Arthur Pigou de fijar impuestos a las externalidades negativas y subsidios a las positivas. Por el contrario, plantea que, en la medida en que los costos de transacciones sean suficientemente bajos y en que estén claramente asignados los derechos de propiedad, del modo que sea, los individuos, libremente, encontraran soluciones satisfactorias al problema de las externalidades, cuya apreciación  puede ser totalmente subjetiva. Como en el caso del pastor de ganado y del agricultor, que refiere en su texto. Se puede encontrar en esto una fuerte identificación con la teoría del valor de Menger.

En 1988 recibió su título de Doctor Rerum Politicarum H.C., es decir, doctor en Ciencias Políticas, en la Universidad de Colonia. Luego obtuvo  doctorados honorarios de las siguientes universidades: Yale University: (D. So Sc), Doctor en Ciencias Políticas, (1989). Washington University in St Louis: (LLD), Doctor en Leyes, (1991).  University of Dundee: (LLD), Doctor en Leyes, (1992).  University of Buckingham: (D. Sci). Doctor en Ciencias, (1995).  Beloit College: (D. H.L.) Doctor en Ciencias Sociales, (1996),  Universite de Paris I: Doctor, (1996).

En 1991 fue galardonado con el premio que otorga el parlamento sueco, en homenaje a Alfred Nobel, por sus aportes al campo de la economía, en su caso en particular, por: “por su descubrimiento y clarificación de los costos de transacción y los derechos de propiedad, para la estructura organizacional y para el funcionamiento de la economía”.

http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/economic-sciences/laureates/1991/press.html

Su disertación, en ocasión de recibir dicho premio, puede leerse aquí:

http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/economic-sciences/laureates/1991/coase-lecture.html

El Dr. Coase fue un humanista convencido. Para él, la economía era la ciencia en la que las personas se desempeñaban y tomaban decisiones. Claramente, no fue un empirista. Estaba persuadido de que: “El modo en que funciona el sistema económico es complicado. Tiene muchos componentes. Cada componente es en sí mismo un mini-sistema. El modo en que estos mini-sistemas interactúan es muy complejo. Una regresión de datos estadísticos agregados, no nos dicen mucho acerca del modo en que funciona la economía”

Su objetivo académico, a lo largo de su vida, fue enfocarse en los problemas que consideraba más importantes para el desarrollo de la economía: “No pierdan más el tiempo con elucubraciones teóricas acerca de la educación, la familia o los delitos: no son temas nuestros. Además, el bien que les hacemos es sólo parcial, puesto que, sin bien los aspectos económicos son relevantes, no son los únicos y son los menos importantes para esas ciencias. Ocúpense en cambio de la economía real, pero a fondo, no sólo con la mirada estrecha de la lógica económica maximizadora, sino considerando todos los motivos que inciden en las decisiones y hechos económicos”.

Para Coase: “La economía mala o incorrecta es la que he llamado economía de pizarrón. No estudia la economía real del mundo. En cambio, focaliza sus esfuerzos en un mundo imaginario que sólo existe en la mente de los economistas, por ejemplo, el mundo de los costos de transacción cero. Las ideas e imaginaciones son importantísimas en la investigación económica, al igual que en cualquier ciencia. Pero el objeto de estudio debe ser real”.

Ronald Harry Coase fue un profesor dedicado, un economista certero y generoso, una persona de modales académicos impecables y de gran compromiso con la profesión. Todos aquellos que hemos tenido la suerte de poder abordar lo que él llamaba la “Economía correcta”, guardaremos una eterna deuda de gratitud, con sus aportes al conocimiento. Una deuda ciertamente impagable.

En su homenaje, vendría muy bien que releyéramos algunos de sus trabajos más importantes:

http://web.usal.es/~isuarez/teoria_de_la_empresa/la%20naturaleza%20de%20la%20empresa.pdf

http://www.eumed.net/cursecon/textos/coase-costo.pdf

http://www.eumed.net/cursecon/textos/rev45_coase1.pdf

 

Uno de sus últimos artículos, publicado a la edad de 102 años, se puede consultar aquí:

http://hbr.org/2012/12/saving-economics-from-the-economists/ar/1

Un detalle exhaustivo e todas sus publicaciones puede encontrarse aquí:

http://www.coase.org/coasepublications.htm

Algunas otras opiniones sobre sus trabajos:

http://www.eumed.net/cursecon/colaboraciones/Miro-Coase.htm

Una disertación a sus 99 años:

http://www.law.uchicago.edu/video/coase112309

Entre sus distinciones, merecen mencionarse las siguientes:

Distinguished Fellow, American Economic Association

Honorary Fellow, London School of Economics

Fellow, American Academy of Arts and Sciences

Corresponding Fellow, the British Academy

Membre Titulaire, The European Academy

¿Hay virtudes en el Socialismo?

Ante la pregunta de un amigo, alumno de UCA, y genuinamente preocupado por los problemas sociales, que me puso a reflexionar sobre una respuesta a porque los socialistas no logran sus objetivos, o que pasaría si fueran gente virtuosa, preparé la siguiente explicación, que comparto con Uds.

 

¿No hay socialistas buenos, que puedan lograr una sociedad más justa?

 

No tengo dudas de que puede haber personas que sean coherentes con las ideas socialistas que pregonan. El hecho de que yo no haya conocido jamás a ninguno, no indica que no puedan existir. A lo sumo es un problema de desconocimiento de esas personas, de mi parte.

De lo que sí estoy muy seguro, es que las ideas del socialismo son absolutamente inconducentes al paraíso que proponen. Sencillamente porque nos llevan en otra dirección. No importando quienes las lleven a cabo. Ni que sean corruptos como Chávez o Castro o que sean virtuosos como la Madre Teresa de Calcuta o SS Francisco. El problema del Socialismo, que es un asunto diferente al que planteaste, es que termina vulnerando la naturaleza de las personas.

Es propio del ser humano, es una aspiración genuina y un derecho humano fundamental, poder acceder a tener bienes en propiedad. El derecho de propiedad es inherente a la naturaleza humana y es esencial a la dignidad de las personas. Los fundamentos de esto pueden encontrarse no solo en escritos económicos, sino en la propia doctrina social de la iglesia. Todos los sistemas sociales que pretendan lograr sus objetivos a través de mecanismos que afecten o vulneren el derecho de propiedad son inconducentes, inmorales y perversos, porque violan derechos humanos esenciales. El socialismo implica aplicar una re-distribución de bienes diferente a la que las personas pueden arribar mediante sus arreglos libres y voluntarios, en un sistema de economía libre, abierta y sin injerencia gubernamental. También implica afectar el sistema de precios que revela información esencial que es solo descubrible por este mecanismo. Y cuando se intervienen los precios, nos quedamos sin conocer las necesidades y las valoraciones de los millones de individuos que integran la sociedad. Por ende, por muy buenas que sean nuestras intenciones, jamás vamos a poder atender a sus necesidades, siguiendo sus propias escalas de jerarquías, privilegiando lo que consideran urgente y difiriendo lo que consideran accesorio, sencillamente porque no vamos a tener esa información esencial. Por lo tanto, vamos a producir menos, y vamos a producir bienes no tan deseados como otros de los que careceremos. La sociedad va a caer en la miseria. No importa que la maneje Hitler, Castro o un pajarito chiquitico que encarne el espíritu de Chávez. La gente va a ser cada vez más pobre. La asignación de recursos va a ser cada vez peor. No habrá innovación tecnológica, nuevos productos y servicios ni forma de descubrirla. Sin una economía abierta, libre, basada en arreglos libres y voluntarios en el mercado, que funcione cerca, el ideal socialista no tiene forma de guiar la producción ni de asignar recursos, ni de premiar la creatividad, la innovación y la búsqueda de la prosperidad, inherente a la persona humana. Solo puede haber intentos de socialismo, parasitando e intentando emular a una economía libre.

James McGill Buchanan, Jr (QEPD).

Por Guillermo Luis Covernton.

Publicado en:

http://eseade.wordpress.com/2013/01/09/james-mcgill-buchanan-jr-qepd/

http://www.hacer.org/latam/?p=23275

Hoy 9 de Enero de 2013, lamentamos el fallecimiento del Dr. James McGill Buchanan, Jr, (Ph. D.), acaecido en Blacksburg, Virginia, (EE.UU.). El profesor Buchanan nació el 3 de Octubre de 1919 en Murfreesboro, Tennesee, (EE.UU.), en donde se crió en una granja humilde en el área rural. Recibió su Bachelor of Arts del Middle Tennessee State Teachers College en 1940, graduándose con el mejor promedio de su clase y especializándose en matemáticas, literatura inglesa y ciencias sociales. Luego hizo su Master of  Science en la  University of Tennessee en 1941, siempre incentivado por su madre, que era maestra en una escuela pública. En 1941 ingresó a la escuela de guerra naval en New York, donde recibió entrenamiento de oficial y luego fué asignado a las órdenes del Almirante Chester W. Nimitz, comandante de la Flota del Pacífico, primero en Pearl Harbour y luego en Guam. Fué condecorado con la Estrella de Bronce por Servicios Distinguidos.

Finalizada la contienda se casó con Ann Bakke Buchanan, en San Francisco, a quién conoció mientras ella servía en el comando de transporte aéreo del ejército y con quién no tuvo hijos. En 1946  se dedicó a realizar sus estudios de Doctorado, que completó en 1948 en la University of Chicago, con su disertación: “Equidad fiscal en un estado federal”, trabajo fuertemente influenciada por el pensamiento de Frank H. Knight, con quién tomó clases de Teoría de los Precios. Por esos años empieza a enfatizar en el proceso de mercado como coordinador de esfuerzos individuales y empieza a alejarse del paradigma de maximización que da lugar a la idea de “fallas de mercado”.

En 1948 descubre y traduce desde el alemán, la tesis doctoral de Knut Wicksell.

De 1948 a 1951 es profesor asociado en la University of Tennessee, en Knoxville.

De 1951 a 1956 dicta cátedra en Florida State University en Tallahassee.

En 1956 se incorpora a la University of Virginia, en Charlottesville. Y gana una beca Fullbright para estudiar en Italia. Allí inicia la preparación de su primer obra: “Public Principles of Public Debt, donde rechaza las ideas keynesianas y adopta el individualismo metodológico que luego le inspiró otras ideas.

Desde 1968a 1969 enseñó en la University of California, en Los Ángeles y de 1969 a 1983 enseñó en el Virginia Polytechnic Institute. Fundó lo que se conoce como “Escuela de Política Económica de Virginia”. Y a sus esfuerzos se deben los inicios del  Thomas Jefferson Center for the Protection of Free Expression en el ámbito de la UCLA, y del  Center for the Study of Public Choice (CSPC) en Virginia Tech, que luego mudó a la George Mason University.

Fué distinguido con el Doctorado Honoris Causa por la University of Giessen en 1982, el Distinguished Fellow de la American Economic Association, en 1983, el Frank Seidman Distinguished Award in Political Economy y el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Zurich en 1984. Asimismo la Universidad Francisco Marroquín le concedió un Doctorado Honoris causa en 2001.

Los trabajos de Buchanan se extendieron a amplios ámbitos del estudio de la economía, la política y las ciencias sociales, especialmente en lo relativo al financiamiento del estado, razones y mecanismos de endeudamiento público, sistemas electorales y sus efectos y métodos de negociación de influencias para la aprobación de leyes. Así también investigó y escribió sobre Economía Institucional y teorías libertarias y de opción pública.

Entre sus trabajos publicados merecen citarse y leerse los siguientes:

Liberty, Market and State, Wheatsheaf, 1985*

The Reason of Rules (with G. Brennan), Cambridge University Press, 1985*

The Power to Tax (with G. Brennan) Cambridge University Press, 1980)*

What Should Economists Do?, Liberty Press, 1979

Freedom in Constitutional Contract, Texas A & M University Press, 1978*

Democracy in Deficit (with R. Wagner), Academic Press, 1977*

The Limits of Liberty, University of Chicago Press, 1975*

Cost and Choice, Markham Press, 1969

Demand and Supply of Public Goods, Rand McNally, 1968

Public Finance in Democratic Process, University of North Carolina Press, 1967

The Calculus of Consent, with G. Tullock; University of Michigan Press, 1962*

Fiscal Theory and Political Economy, University of North Carolina Press, 1960*

Public Principles of Public Debt, Richard D. Irwin, 1958

 Fué Presidente del Consejo Consultivo de ESEADE a fines de la década del ´90 y visitó la Argentina en varias oportunidades, tres de ellas invitado por ESEADE.

Quienes tuvimos el enorme privilegio de conocerlo y de tratarlo lo recordaremos siempre como un ejemplo superlativo de intelectual a la vieja usanza, de una cultura enciclopédica, y una gran capacidad para vincular aspectos que parecieran lindar con lo interdisciplinario, pero también con una tremenda capacidad de focalizar y profundizar en el desarrollo de teorías. De trato cordial, típico sureño, pero muy enfático en los temas de discusión, hacía gala de un escepticismo científico, clave para desarrollar ideas propias.

Bibliografía:

 * Method and Morals in Constitutional Economics: Essays in Honor of James M. Buchanan. Edited by Geoffrey Brennan, Hartmut Kliemt & Robert D. Tollison

Entrevista del diario “La Capital de Rosario”:

Versión completa de la entrevista que nos realizara el 11/9/2012, el periodista Sebastián Ortega, para el diario rosarino. Algunas de estas consideraciones fueron luego publicadas, extractadas de ellas en un artículo en donde se acompañaron otras opiniones, el 4/11/2012 en

http://www.lacapital.com.ar/ed_impresa/2012/11/edicion_1460/contenidos/noticia_5191.html

1 – ¿Qué diagnóstico se hace desde la Escuela de Economía Austríaca de la crisis financiera internacional?

La EAE es, en realidad, una corriente de pensamiento que reconoce diferentes etapas. Nosotros preferiríamos referirnos, en principio, a los puntos de vista de los autores fundacionales de esta tradición del pensamiento económico. Por dos razones: En primer lugar, porque estos autores son los que más nos han atraído, y sobre los que más hemos podido profundizar. Y en segundo lugar por una cuestión de buen gusto: Resultaría imposible e imprudente pretender conocer lo que opinan actualmente cada uno de los que académicos que podríamos caracterizar como “austríacos”, ya que esta tradición del pensamiento se ha difundido mucho, especialmente, en los últimos 10 años.

 Hecha esta salvedad, se podría decir que lo que estos autores plantearon, puede aplicarse a la presente crisis. Y entonces se podría describir a la actual, como una situación típica de expansión del crédito. Cuando decimos “crédito”, nos referimos no solamente a las operaciones de préstamos que conceden las entidades financieras, en particular, sino también, y en general, a la expansión de los medios de pago fiduciarios, es decir de todos aquellos medios que los agentes económicos individuales utilizan diariamente para pagar operaciones comerciales. Esto es así, porque, en la tradición austríaca, el dinero fiduciario, (es decir, el papel moneda inconvertible), es considerado un instrumento de crédito, tal como lo es cualquier papel de comercio susceptible de una sesión de créditos.

¿Por qué es crítica y perjudicial la expansión del crédito y de los medios de pago? ¿Qué volumen de crédito, y de dinero es el adecuado y a que se le puede llamar “expansión”?.

El enfoque austriaco asume al dinero como una herramienta facilitadora de los intercambios que diariamente necesitamos hacer los individuos, a raíz de las ventajas que se derivan de la división del trabajo. Lo que los clásicos llamaban “La ley de asociación de Ricardo”.

Dado que si nos especializamos e intercambiamos, el producto total de nuestros esfuerzos asociados es mayor, naturalmente buscamos un elemento que haga las veces de “facilitador” de los intercambios: Y a este elemento, oro, plata, dólar, o peso, lo recibimos ahora, aunque no es lo que queremos en realidad, para intercambiarlo en el futuro por aquello que estamos buscando o queriendo adquirir. Así el dinero asume la función de reserva de valor. Es lo mismo guardar transitoriamente monedas de oro en un banco, hasta que queramos utilizarlas, que recibir, en su lugar, un papel convertible, o un cheque, o un papel inconvertible, al que el gobierno le otorga una garantía de que puede utilizarse para cancelar ciertos compromisos, (por ejemplo, para pagar impuestos). En la medida en que este medio de pago siga siendo aceptado, será lo mismo. Y en la medida que nosotros creamos esto, lo recibiremos.

Este es el origen del dinero. Y mientras se respete su esencia, el dinero tendrá valor. Históricamente, el dinero siempre fue escaso. Y difícil de trasladar. Y caro de guardar. En su lugar, se generaron todos estos otros medios de pago que conocemos hoy.

Pero, como surge de este razonamiento, la cantidad “adecuada”, es la que los agentes económicos necesitan. Es decir que la posición austriaca sostendría que la cantidad de dinero “correcta”, es decir la que haría que el dinero conserve su valor y no genere distorsiones, debe ser regulada naturalmente por la oferta y demanda de dinero. Del mismo modo que la cantidad de automóviles compatibles con el precio actual, es la que surgiría de una coincidencia entre oferta y demanda. Si ofrecemos más bajarán de precio.

Y para el caso del dinero, cuando este se expande en demasía, tiende a perder valor. Y  los precios de los bienes, en consecuencia aumentarán. Hará falta más dinero para comprar lo mismo.

En la medida que los gobiernos pretenden adquirir más crédito, por la vía de expandir los medios de pago, ya sean billetes, o depósitos bancarios o todo junto, se producirán distorsiones de precios peligrosas. Y esto ocurre cuando el emisor de dinero, (Banco Central, en nuestro caso), o los generadores de crédito, (Bancos comerciales y entidades financieras), atienden a objetivos diferentes que los que son de la esencia de su sano funcionamiento: En vez de proveer de medios de pago a los agentes económicos, ceden a las presiones del gobierno y lo financian con dinero o crédito que no solo no es requerido por la economía productiva, sino que persigue el único objetivo de cubrir el déficit fiscal.

Una de las peores consecuencias de esta distorsión es la que se refleja en las tasas de interés. Las tasas de interés reflejarían, en ausencia de distorsiones inflacionarias, el precio que los ahorristas desean cobrarnos para facilitarnos sus ahorros. Si este es alto, no se puede o no es rentable encarar negocios de largo plazo. Si este es bajo, los negocios de largo plazo son más rentables. Los empresarios buscan permanentemente desarrollar negocios a largo plazo, porque este tipo de sistemas de producción son más productivos y tienen costos más bajos. El límite a esto es la capacidad de ahorro de la sociedad que los financia. Esto hace que en Japón, haya una utilización más intensiva de ciertos bienes de capital. Y en Vietnam, se utilicen sistemas de producción más intensivos en mano de obra: No hay ahorro suficiente.

En este marco, la suba de precios de ciertos bienes, como por ejemplo inmuebles, en vez de reflejar una corrida inflacionaria, la enmascara dando a entender que hay una creciente prosperidad que incrementa la demanda de estos bienes. Todos construyen y buscan y obtienen créditos para comprarlos. Porque la suba de precios licuará los intereses que se deben pagar.

La realidad, en cambio, refleja que los precios suben aunque la demanda no haya crecido tanto. Luego, cuando por cualquier motivo se frene la expansión y apenas algunos empiecen a dudar de la sostenibilidad de esta situación, la realidad se hará presente. Y veremos que hay demasiada oferta y no existen medios de pago genuinos para adquirirlos, porque no hay suficientes ahorros para financiar a tanto consumo en el presente.

2 – ¿Cuáles fueron las predicciones de la Escuela de Economía Austríaca respecto a esta crisis? ¿Por qué no fueron tenidas en cuenta?

Los autores de esta corriente de ideas han afirmado siempre que la aceleración del ritmo de capitalización de una sociedad, no debe ser forzada por la concesión de préstamos otorgados por agentes del gobierno, bancos oficiales, u oficinas gubernamentales. En caso de incurrirse en estas conductas, como las que dieron origen a la proliferación de las operaciones de hipotecas “sub-prime”, que son, a nuestro juicio, adecuadamente sindicadas como responsables de la crisis, se producirá una distorsión de precios grave.

Las tasas de interés harán pensar a los empresarios que se pueden emprender proyectos de inversión en mayor medida de lo que lo permitirían los ahorros existentes. Y para peor, los precios de muchos bienes aumentarán, por exceso de esta demanda artificialmente inflada, dando la errónea idea de que es conveniente aumentar la producción de bienes que luego no serán consumidos.

Se acumulan stocks, se inmovilizan ahorros y no se consigue mercado. Luego sobrevienen las quiebras generalizadas.

Es suicida involucrar al gobierno en el negocio de financiar la compra de viviendas por encima de lo que los ahorros genuinos de los agentes económicos pueden lograr.

3 – ¿Qué relación existe entre esta y la anterior crisis de las puntocom? ¿De qué manera las recetas aplicadas en aquel momento promovieron una nueva crisis?

De alguna manera, la interpretación que se hace es que el crecimiento del sector de las empresas que promovían negocios por Internet, fue también impulsado equivocadamente por los bancos y agentes financieros, que podían prestar unos excedentes de dinero que solo eran inyectados por las necesidades de financiamiento de un gobierno deficitario.

4 – ¿Qué pronósticos hacen a futuro y cuáles creen que deberían ser las medidas a aplicarse para salir de la crisis?

Los pronósticos no son algo ni sencillo ni prudente de hacer, cundo nos encontramos en escenarios de tanta complejidad. Esto lo afirmamos enfáticamente: No es serio pronosticar. Quien crea que sabe lo que va a ocurrir, y especialmente cuando, no pronosticaría: Tomaría posición en ciertos mercados, esperando hacerse rico con sus aciertos.

Si podemos hacer recomendaciones, que darán resultado más rápido o más lentamente dependiendo de la energía con que se apliquen y de la confianza que susciten.

Debe cesar el manejo monetario y crediticio orientado a la satisfacción de objetivos del gobierno. En todo el mundo. Las políticas monetaria y financiera deben excluyentemente orientarse a proveer a los agentes económicos individuales de medios de pago de valor estable y confiables.

Las tasas de interés no pueden estar influidas por estas políticas, sino que deben reflejar la capacidad de ahorro de la sociedad.

¿Cómo logra esto, en un mundo en donde nadie puede obligar a otros países a actuar como lo proponemos?

Por medio de mecanismos de mercado: Competencia. Incluso en el mercado monetario y financiero. Un país que proporcione dinero estable y abra sus mercados crediticios a la competencia internacional, puede encabezar una espiral de prosperidad.

Incluso un país tan pequeño como el nuestro. Debe eliminarse el curso forzoso del dinero. Debe permitirse la utilización de divisas de otros países. Esto obligará a los Bancos emisores a orientar su política monetaria y crediticia a la estabilidad.

Cuando hagamos esto, los países con dinero inflacionario, van a preferir nuestro dinero. Y los ahorristas de otros países, ante el riesgo de verse confiscados por la inflación, van a preferir invertir aquí. Nuestros vecinos van a tener que, necesariamente imitarnos, para no ver devaluadas sus divisas o fugado su ahorro. Y todos los países van a querer comerciar y relacionarse con los países que sigan esta senda.

Es lo que ha hecho Suiza en el último siglo. Lo que la mantuvo al margen de las dos conflagraciones mundiales más catastróficas que vivió la humanidad.

Eliminando el curso forzoso. Promoviendo la competencia de divisas. Impulsando y protegiendo el ahorro y la propiedad privada. Respetando los contratos y forzando su cumplimiento. Permitiéndole a la gente comerciar libremente y explotar sus ventajas comparativas. Este es el camino a la prosperidad, la felicidad y la paz.

“Una investigación sobre los principios económicos de Juan Bautista Alberdi y sus vinculaciones con la tradición de la Escuela Austriaca”

El Dr. Juan Bautista Alberdi, nacido en 1810 y fallecido en 1884 fue abogado,  jurista, periodista, tratadista de derecho comparado, constitucionalista, economista, legislador, músico y político, y es considerado una figura insoslayable en la inspiración de las instituciones políticas, sociales y económicas de la organización nacional de la República Argentina durante el siglo XIX. De hecho es tenido como la fuente primaria, principal y casi excluyente de la constitución de la República Argentina que fuera aprobada por el Congreso de 1853, si se toma en cuenta a todos sus trabajos de derecho comparado.

Complementariamente, escribió además, un tratado sobre “El sistema económico y rentístico” que aconsejaba adoptar a la Confederación Argentina. En el trabajo que acabo de citar, se  encuentra una amplia colección de puntos de vista y advertencias sobre aspectos económicos que se consideran relevantes para preservar y consolidar al sistema económico que sugería adoptar por la confederación. Con posterioridad, en diferentes fechas, e incluso en forma póstuma, se dieron a conocer más trabajos suyos, en los que abordaba cuestiones económicas importantes. A través de ellos podemos concluir que nos encontramos frente a un economista de amplios y fundamentados criterios en la mayoría de los temas relevantes que hacen a nuestra ciencia.

Entre estos trabajos, adquieren particular significación, dentro de la colección de “Escritos póstumos”, publicados por su hijo Manuel, en 1895, los que corresponden al primer volumen, de los 16 que integran esa colección. En ella se recopilan una importante cantidad de páginas escritas, unas más estructuradas para su publicación, otras más en forma de apuntes para futuras obras. Este primer volumen reviste especial interés, ya que, tal como fue titulado, agrupa un interesante lote de “Estudios Económicos”.

Su inspiración filosófica, es definidamente clásica: Como él mismo se ocupa de explicar, basa sus estudios en los más conspicuos representantes de esa escuela. Y en ellos reconoce al ideal de libertad como un pilar esencial e insoslayable del progreso económico, el desarrollo y la prosperidad con la que soñaba para este rincón del mundo, en los años en que escribió  los fundamentos esenciales de su obra. Me refiero al período previo e inmediatamente posterior a la organización nacional, época en que la viabilidad de estas tierras, como país, era todavía incierta.

Así dejaba en claro sus fundamentos:

La filosofía europea del siglo XVIII, tan ligada con los orígenes de nuestra revolución de América, dio a la luz la escuela physiocrática o de los economistas, que flaqueó por no conocer más fuente de riqueza que la tierra, pero que tuvo el mérito de profesar la libertad por principio de su política económica, reaccionando contra los monopolios de toda especie. A ella pertenece la fórmula que aconseja a los gobiernos: – dejar hacer, dejar pasar, por toda intervención en la industria.

En medio del ruido de la independencia de América, y en vísperas de la revolución francesa de 1789, Adam Smith proclamó la omnipotencia y la dignidad del trabajo; del trabajo libre, del trabajo en todas sus aplicaciones -agricultura, comercio, fábricas- como el principio esencial de toda riqueza. …

Esta escuela, tan íntima, como se ve, con la revolución de América, por su bandera y por la época de su nacimiento, … conserva hasta hoy el señorío de la ciencia y el respeto de los más grandes economistas. Su apóstol más lúcido, su expositor más brillante es el famoso Juan Bautista Say, cuyos escritos conservan esa frescura imperecedera que acompaña a los productos del genio.

A esta escuela de libertad pertenece la doctrina económica de la Constitución Argentina, y fuera de ella no se deben buscar comentarios ni medios auxiliares para la sanción del derecho orgánico de esa Constitución.

La Constitución es, en materia económica, lo que en todos los ramos del derecho público: la expresión de una revolución de libertad, la consagración de la revolución social de América”.[1]

 

Dada su formación, que puede considerarse anterior a la del fundador de la Escuela Austriaca, (ya que la vida de Alberdi se inicia y termina unos 30 años antes que la de Menger), y considerando la barrera del idioma y otras cuestiones que pueden separarlos, la idea de este trabajo es tratar de investigar sobre los puntos de contacto entre ambas corrientes del pensamiento, el pensamiento Alberdiano y la Escuela Austriaca. No entendiendo al primero como inspirado en ella, sino probablemente,  en las mismas fuentes que  dieron origen a esta última.

La intención de esta investigación es doble: Por un lado, abrir un camino de estudio y dar a conocer a otros ámbitos, el pensamiento del Genial Tucumano, y su vigencia en el tiempo.

Por otro lado, analizar si dada la actual revalorización del pensamiento austriaco, especialmente en lo relativo a su teoría del ciclo económico, y considerando la proverbial inestabilidad mostrada por la economía argentina, al menos en los últimos 80 años, se pudiera intentar revertir esta tragedia. Ver si, retornando a los valores Alberdianos, se puede rescatar un ordenamiento institucional, que por encontrarse en la esencia de su pensamiento y por ende ser absolutamente compatible con el espíritu fundacional de nuestra constitución, nos permita además de un fortalecimiento de nuestras instituciones, el saneamiento de la economía, que brinde certeza y seguridad a las normas jurídicas, crecimiento y desarrollo.

Veremos qué era lo que pensaba Alberdi sobre ciertos temas que nos parecen característicos de la Escuela Austriaca y que, además, son esenciales a sus conclusiones, a sus recomendaciones y a su interpretación causal de los temas más controvertidos.

 

Aspectos monetarios y del sistema financiero y bancos estatales o banca libre:

Alberdi se muestra claramente partidario de la estabilidad monetaria. Este es un enfoque muy propio de su formación de abogado. Para él, el cumplimiento de los contratos era la esencia de una sociedad que pudiera funcionar armónicamente. Se opone tenazmente a que el estado asuma la función de banquero y mucho menos a que ostente el monopolio de emisión. Considera que la expansión del comercio, al que asocia directamente con el crecimiento y la prosperidad, está condicionada directamente a la posibilidad de intercambiar con una moneda sana, de valor estable y que brinde confianza en la contrapartida que recibe el comerciante, a cambio de los géneros de los que se desprende. Y por esto mismo entiende al papel moneda, como la contrapartida que se entregaba a cambio de un empréstito. Entendemos que cuando, aquí, menciona al “comercio”, se está refiriendo a los comerciantes o empresarios privados.

Afirma que, cuando los agentes económicos operan con dinero emitido por el estado, están, transitoriamente, entregándole sus riquezas a cambio de un título que debiera garantizarles la recuperación de las mismas. En ningún momento se le escapa que lo que se conoce como “Señoreaje”, es un crédito gratuito otorgado al emisor, que no paga intereses por las divisas o el metálico que respaldan su emisión.

“Donde no hay moneda, no hay seguridad en los cambios. Los cambios son el comercio y viceversa.

No hay moneda donde pretende hacer sus veces la deuda pública, es decir, el empréstito continuo, indirecto y forzoso, emitido en bonos disfrazados con la forma y el nombre de papel de banco. …

Recibir el papel de deuda, emitido por un banco o por un gobierno, es prestar a ese banco o a ese gobierno la fortuna que se da en cambio de ese papel”.[2]

Vemos que asocia definidamente al comercio, como la fuente de crecimiento y prosperidad de un país. Y para que este exista comercio y se desarrolle ampliamente, se hace necesaria la moneda sana.

Se puede observar un enfoque prudente en lo relativo al volumen de crédito y a cómo debe determinarse este. Parece esencial a su pensamiento que la dosificación del crédito debe depender del sector privado de la economía, en tanto la considera una actividad comercial esencial y propia de este sector. Y porque todo el conjunto del comercio depende de la suerte o desgracia que acarree un adecuado manejo del crédito.

También afirma que la propiedad de un negocio de riesgo se muestra como la esencia del buen manejo del mismo, ya que, con bancos privados, quién no se maneje así, puede perder el patrimonio involucrado. Aquí también, cuando menciona al “comercio”, entendemos que se está refiriendo al empresario privado.

“El crédito, como el alimento que nos nutre, no es nocivo sino desde que se hace exorbitante. …

La suerte y la mejora del crédito… depende toda ella del celo inteligente de aquellos a quienes se confía la dirección de una institución.

Una institución esencialmente comercial, como es el banco, debe estar confiada naturalmente a su dueño, que es el comercio.

Entregar la dirección del crédito al gobierno, es entregarle la suerte misma del comercio; es suplantar el comercio por el gobierno, en el ejercicio de una industria que nada tiene que hacer con la política.

Esa es la suplantación que se opera por la institución de crédito llamada banco de estado”.[3]

Ve a los bancos estatales como una competencia desleal para con los bancos privados, a los que considera, excluyentemente, como los únicos a quienes puede permitírseles emitir medios fiduciarios, ya que no pueden sustraerse de las consecuencias legales de sus errores. La expansión del crédito se vería adecuadamente limitada por la amenaza de quiebra.

Por el contrario, su juicio sobre los bancos estatales es totalmente adverso: Destaca la imposibilidad de que ambos tipos de instituciones convivan en el mismo sistema. Y explicita el riesgo moral del banco público, al no tener que asumir las consecuencias del empresario privado.

Se observa también en Alberdi, su oposición explícita al curso forzoso de los medios fiduciarios proporcionados por el estado. Se basa en que su valor se debería a privilegios políticos que tienen como fundamento la posibilidad fáctica, aunque contraria a derecho, de  alterar las relaciones contractuales. Y por eso vuelve a insistir en la peligrosidad de establecer el curso forzoso. Y en el  carácter intrínsecamente inflacionario de esta medida.

“Esa es la suplantación que se opera por la institución de crédito llamada banco de estado.

Esa institución no tiene de <banco> sino el nombre y el aparato exterior. En realidad es una oficina del gobierno, de carácter fiscal, que no existe sino para impedir, por sus privilegios, la existencia de los bancos verdaderos, que son los bancos de emisión sujetos a la pena del bancarrotero cuando dejan de pagar en oro y a la vista, los billetes emitidos con esa promesa.

Todo establecimiento investido del poder de faltar impunemente a esa promesa, y del privilegio en cuya virtud sus billetes inconvertibles de carácter político gozan del honor, que no tienen los billetes comerciales convertibles en oro, de extinguir legalmente las deudas privadas y públicas: todo establecimiento de ese género, aunque lleve el nombre de banco, no es más que una oficina de la tesorería del estado. …

Las emisiones de ese banco tendrán por límite no las necesidades del comercio y la actividad de sus cambios, sino las necesidades del gobierno;  es decir, que serán ilimitadas, y su depresión creciente será igualmente ilimitada”.[4]

Detecta y advierte la tendencia inflacionaria inherente a la moneda de curso legal, cuando existe monopolio de emisión por parte del estado, como un riesgo propio del esquema institucional. Cosa que no ocurriría con las monedas puesta en circulación por los emisores privados, que en cambio, permitirían que los comerciantes las utilizaran como medida de valor. Y habla de “necesidades fiscales” y se refiere al Banco Estatal como “Oficina de la tesorería”, porque también reconoce la posibilidad del gobierno, cuando ostenta estos privilegios, de recaudar los recursos que precise, por este mecanismo ilegítimo que es el emisionismo inflacionario. Y  considera que solo la privatización de las entidades que manejan la oferta monetaria puede dar lugar a que el papel circulante tenga efectivo valor, por sí mismo.

“Al comercio le importa que el papel que regla sus cambios no se deprima; poco le importa al gobierno que el billete valga la mitad de su valor nominal: le bastará que la prensa dé dos golpes en vez de uno, para tener el valor que necesita. …

Convertir el papel moneda en moneda papel, es decir en papel pagable en oro al portador y a la vista, es un cambio que solo es practicable por la conversión del banco de estado en banco comercial de circulación o más bien dicho, por el cambio del banquero. …

Si el banquero soberano determina, en uso de su soberanía, no pagarlo en plata ni en oro. ¿Se lo estorbará la ley? La ley dada por el banquero mismo, que ordena no emitir, será derogada por otra ley que mande hacer otra emisión”.[5]

Se puede encontrar una muy fuerte coincidencia conceptual con Mises[6] y con otros  trabajos, algunos mucho más recientes de la tradición austríaca, como los de Vera Smith[7], Lawrence H. White[8] y George Selgin[9].

Lamentablemente, la historia reciente nos revela cuanta exactitud tenían los conceptos formulados aquí por el Gran Tucumano, y tristemente, cuanta actualidad revisten al momento de discutir estos temas.

Afirma que la única medida que puede regular el volumen del crédito y de los medios de pago fiduciarios a que este da lugar, es su aceptación voluntaria por medio de los agentes comerciales. Considera imprescindible que sus emisores lo hagan en franca competencia comercial, de modo tal que los aceptantes de estos medios de pago puedan optar por recibirlos o no, o aceptarlos con descuento, de acuerdo a su ponderación del riesgo implícito. Y la justipreciación de este último estará en línea con el volumen que se ponga en circulación. Un enfoque plenamente alineado con el que expone un siglo después Hayek. [10]

Otra de las cuestiones sobre las que demostraba absoluta conciencia, y por ello, enfatizaba en la necesidad de salvaguardarla, era en la necesidad de mantener la estabilidad monetaria, a efectos de no afectar el comercio exterior: Sostenía que este intercambio comercial iba a ser imprescindible para la integración económica del país, con el mundo.

Y para que esta corriente comercial fuera constante y previsible, era esencial que se confiara en la moneda del país.

Siendo la moneda el instrumento con que se opera el cambio de nuestros productos por los artefactos en que la Europa nos trae su civilización, toda alteración grave en el valor de esa mercancía intermediaria del cambio de las otras, introduce una perturbación en el comercio, siempre funesta a la suerte de estos países …

Según eso, es opuesta a las miras expresas de la Constitución argentina toda manera de ejercer el crédito público o privado capaz de enajenarnos la confianza del comercio, de los capitales y de las poblaciones de la Europa, que la Constitución argentina se empeña en atraer por las palabras terminantes de sus artículos 20, 25, 26, 27 y 64, inciso 16, y por todos los principios de su política económica y rentística”.[11]

Causas de las crisis económicas:

El crédito es visto por Alberdi como una causa esencial en el proceso de crisis. Y la expansión del dinero y el crédito, como el motor del problema. Las tasas de redescuento son reconocidas como un indicador importante de la tendencia de la economía y de la proximidad de problemas:

“Las crisis comerciales conócense [sic] naturalmente por el instrumento soberano de los cambios: el medio circulante, el dinero, el crédito.

El barómetro de sus oscilaciones y movimientos es el descuento de los bancos, es decir el préstamo de dinero hecho a la especulación comercial.

El aumento de su cartera revela el de la circulación y el de la suma de capital puesto en préstamo en manos de los especuladores y empresarios, que han hecho descontar en épocas de crédito”.[12]

Explica como la expansión del crédito da origen a un incremento injustificado del tráfico comercial. Y este da lugar a que los precios sufran cambios. Ese es el papel que atribuimos a sus advertencias en torno a los especuladores, quienes, serían los que llevan al alza de precios y salarios. De este modo se afectan las relaciones de precios anteriores y se distorsionan las decisiones de los agentes individuales, en opinión del autor. También reconoce que el exceso de medios de pago da origen a niveles de gasto privado que son superiores a los que libremente se elegirían si la provisión de medios de pago fuera ajustada. Lo que debilita el ahorro, disminuyéndolo. Y asimismo señala que se emprenden inversiones que de otro modo no se hubieran llevado a cabo. Pareciera enfatizar en que no se asignan las inversiones, apoyadas en la rentabilidad de esta, sino, en cambio, y esto es lo peligroso, sencillamente por la disponibilidad de medios fiduciarios obtenibles sin un alto costo. También puede encontrarse una idea de valor del dinero en función a la utilidad marginal decreciente, muy propia del pensamiento austriaco. Veamos cómo explica esta cuestión claramente:

“El exceso del préstamo engendra, naturalmente, el exceso de la especulación. Puesto así el dinero en manos de todos, todos se creen ricos, aunque el dinero no sea propio. La mera posesión del dinero tiene la virtud de infundir confianza en el poder propio. Todos emprenden y emprenden sobre todo, sin más razón que la de poseer dinero para ello. Todo el mundo gasta como rico, no según sus entradas reales, sino según sus valores imaginarios….

…cada uno quiere ser más rico y no hay negocio que no emprenda con el dinero facilitado por los bancos. Todos los precios y valores se levantan. Los salarios aumentan de más en más”. [13]

La otra cuestión que distingue con claridad, es la burbuja previa a la crisis, y luego, cómo esta crisis se precipita por cuestiones que, aunque actúan como detonantes del problema, suelen ser azarosas, impredecibles, prácticamente imposibles de determinar con exactitud. Es decir que nuestro autor diferencia nítidamente las causas determinantes, del hecho que las gatilla. Distingue perfectamente la inflación previa y la recesión posterior, la crisis de sector externo y la fuga de capitales. La imposibilidad de las entidades financieras de poder recuperar los fondos prestados, por la iliquidez, producto del tiempo implícito en todo proceso de producción, y de que estos no han llegado a madurar y carecen de capacidad de repago. Describe las liquidaciones forzosas a precios ruinosos. Los problemas de destrucción de ahorros, por la imposibilidad de revertir el uso de los capitales mal invertidos. Y de qué forma, la catarsis que sigue es necesaria y conveniente para la corrección del rumbo de los negocios: Pensemos, cuando habla de oro, que se refiere a las divisas extranjeras. Esta es su visión sobre las consecuencias de la expansión del crédito:

“El oro depreciado, corre a torrentes por las calles, la sociedad rebosa de bienestar y progreso; pero, en realidad, es entonces cuando se encuentra al borde a un abismo. Repentinamente cesa ese movimiento. Por una mala cosecha o por depresión de los productos del país. Las importaciones exceden a las salidas. Es preciso oro para pagar el déficit. El oro emigra y se encarece a medida que sale del país. El papel se deprecia a medida que el oro sube. La alarma se pronuncia. El crédito se contrae. Los vencimientos llegan. Todo dinero es imposible de obtener. Vienen las protestas, los embargos, las ventas forzadas, las quiebras, los suicidios, las fugas, la pobreza general, la liquidación de todos.

Felizmente todo ello no es para concluir con la existencia sino para renovarla y renovarla en mejores y más brillantes condiciones.

Esa es, palabra por palabra, la historia de todas las crisis que han ocurrido en Europa y América, en los años de este siglo, es decir, desde que los bancos de circulación han facilitado la difusión y alcance de los capitales”.[14]

Para fundamentar aún más sus argumentos, y como si quisiera rebatir el escepticismo que algún economista de una corriente de opinión diferente pudiera abrigar, y haciendo un cambio repentino en su metodología de análisis, se vuelca por un momento al método empírico. Alberdi aprovecha la experiencia histórica para basar su oposición a la moneda inconvertible, de curso legal, emitida por el gobierno. Y nos hace una relación histórica de lo que pudo observar por experiencia:

“Las crisis nacen en el Plata, como en todas partes, con la institución del Banco, en 1825.

Fundado el banco en 1822, con un capital de un millón de pesos, de que solo un tercio se entregó en metálico, había emitido un millón ochocientos mil (1.800.000) antes de los dos años siguientes, prestados a especulaciones numerosas.

El exceso de especulación fomentada por el banco, el bloqueo y la guerra del Brasl, paralizaron el comercio exterior y el dinero desapareció de la plaza, y la desaparición de toda reserva metálica trajo la primera crisis de Buenos Aires, ocurrida en 1825, cuya consecuencia fue la primera suspensión del reembolso en metálico por el banco y el curso forzoso de sus billetes.

El <<Banco de Descuentos>>, arruinado, escapó a su liquidación refundiéndose en el <<Banco Nacional>>, promovido en 1826 por el gobierno nacional de entonces, su principal accionista y gestor para objetos políticos más que comerciales…

El mismo año de su nacimiento fue relevado de la obligación de pagar en oro, y su papel fue de curso forzoso desde el día primero de su origen….

La deuda del gobierno al Banco era, desde entonces, de 9.422.565 pesos y toda su existencia en caja de 636.044 pesos.

El Banco nacía fundido.

El gobierno lo fundaba para procurarse recursos por su conducto; y no tuvo nunca otro carácter hasta ahora, en las cuatro fases de su existencia.

[15]

Finalmente, queremos destacar la visión que tenía Alberdi en relación a lo que los gobiernos debían hacer y a lo que no podían hacer, en la búsqueda del desarrollo de sus pueblos. Advertía claramente contra quienes esperaran la prosperidad de la mano del gobierno. Los pueblos educados evitan confiar estas cuestiones al estado:

            “La Riqueza de las naciones es la obra de las naciones, no de sus gobiernos. …

El cuidado de existir y vivir, es decir de tener su pan, su vestido, su casa de cada día, se guardan bien de dejarlo en manos del gobierno los individuos de una nación que no es salvaje….

Todo lo que el gobierno puede hacer para ayudar a la nación a enriquecerse, toda su <<economía política>>, es decir, la economía del gobierno, está encerrada en estas tres simples cosas, que son todo lo que la nación necesita del gobierno para enriquecerse a si misma, a saber: <<libertad, seguridad, tranqulidad>>….

Pero la libertad que enriquece a las naciones, no es la libertad de mentir, no es la libertad de insultar por la prensa, ni la libertad de derrocar o hacer gobiernos a cañoñazos, ni la libertad de quemar las leyes, ni es tampoco la libertad de fusilar, de confiscar, de desterrar, etc.; es decir, no es la <<libertad política>>, como se llaman a si mismas esas libertades antieconómicas.

La libertad que enriquece a las naciones es la libertad de trabajar y producir, de adquirir y gastar, de ganar y perder, de disponer de su persona, de su tiempo, de sus bienes, de viajar o estarse quieto, de salir del país o volver al país, de contratar, de casarse, de testar, la libertad de pensar, de hablar, de escribir, de acusar, de defenderse; en una palabra: la libertad social o civil, la libertad del hombre, natural y distintiva del hombre”.[16]

Esperemos que, nuevamente, el pensamiento inspirado de Juan Bautista Alberdi nos devuelva al camino del progreso, la armonía y la paz.     

Bibliografía:

 

  • ALBERDI, Juan Bautista: “Escritos Póstumos”. [1895]. Buenos Aires. Universidad Nacional de Quilmes. 1996. ISBN: 987-9173-05-8.
  • ALBERDI, Juan Bautista: “Sistema económico y rentístico de la Confederación Argentina según su constitución de 1853”. [1854]. [en línea]. Washington D.C. Hispanic American Center for Economic Research. [citado el 14 de junio de 2012]. Disponible en: http://www.hacer.org/pdf/sistema.pdf.  ISBN: 978-9875070813.
  • HAYEK, Friedrich  August. Von: “Good money, Part II: The standard”. [1999] . Hay trad. Castellana: “Ensayos de teoría monetaria II” Madrid : Unión Editorial, 2001. ISBN: 8472093646.
  • HAYEK, Friedrich  August. Von: Denationalisation of money. An analysis of the theory and practice of concurrent currencies.”. [1983] . Hay trad. Castellana: “La desnacionalización del dinero” Madrid : Unión Editorial, 1983. ISBN: 8472091554.
  • MISES, Ludwig v.: “Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel”. [1924] Hay traducción castellana: “La teoría del dinero y del crédito”.  Madrid. Unión Editorial. 1997. ISBN: 84-7209-313-1.
  • MISES, Ludwig v.: “ Kritik des interventionismus: untersuchungen zur wirtschaftspolitik und wirtschaftsideologie der gegenwart” [1929]. Hay traducción castellana: “Crítica del intervencionismo: estudios sobre la política económica y sobre la ideología económica de nuestro tiempo [El mito de la tercera vía]”. Madrid : Unión Editorial, 2001. ISBN: 84-7209-365-4.
  • MISES, Ludwig v.:  “Human action, a treatise on economics”. [1949] Hay traducción castellana: “La acción humana: tratado de economía”. Madrid : Unión Editorial, 1980. ISBN: 84-7209-116-3
  • MISES, Ludwig v.: “On the manipulation of money and credit”. [1978]. Dobbs Ferry, NY : Free Market Books, 1978. ISBN: 0-930902-01-7.
  • SELGIN, George: “Bank deregulation and monetary order”. [1996]. London : Routledge, 1996. ISBN: 0-415-14056-0.
  • SMITH, Vera C.: “The rationale of Central Banking and the free banking alternative”. [1936]. Hay traducción castellana: “Fundamentos de la banca central y de la libertad bancaria”. ISBN: 84-88203-00-4.
  • WHITE, Lawrence H.: “Competition and currency: essays on free banking and Money”. New York : New York University Press, 1989. ISBN: 0-8147-9224-3.
  • WHITE, Lawrence H.: “The theory of monetary institutions”. 1a ed. — Massachusetts : Blackwell, 1999. ISBN: 0-631-21214-0.


[1] ALBERDI, J. B. [1852] (en línea) pp. 3 y 4.

[2]  ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p.256.

[3] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p.260.

[4] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) pp.260 y 261.

[5] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p. 261.

[6]  MISES, L. v. [1924]. Ver también: MISES, L. v. [1929]. Además:  MISES, L. v. [1949]. y  MISES, L. v. [1978].

[7] SMITH, V. C: [1936] (1993).

[8] WHITE, L. H. [1989]. Ver también: WHITE, L. H. [1999].

[9] SELGIN, G. [1996].

[10] HAYEK, F. A. v. [1999] (2001). Ver también:  HAYEK, F. A. v. [1983].

[11] ALBERDI, J. B. [1852] (en línea) pp. 179 y 180.

[12]  ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p.258.

[13]  ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p.258.

[14] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) p.259.

[15] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) pp. 265 y 266.

[16] ALBERDI, J. B. [1895] (1996) pp. 311 y 312.

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