GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

El ambiente Anti-negocios y el Crecimiento en Argentina:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 25/2/05 en “Libremente”

Una importante razón que explica el porque del estancamiento de nuestra economía:

La predisposición de un gobierno a favorecer el crecimiento de la actividad privada, es  la esencia del crecimiento de la economía. Que sin empresas privadas y empresarios no puede haber desarrollo es algo tan evidente, que ni las posiciones más extremas del llamado “progresismo”, que a la sazón aboga por una regresión de nuestra sociedad al más cruel de los esquemas feudalistas, se anima a sostener.

Esto se puede explicar de varias formas: Los empiristas afirmarán que el fracaso del comunismo soviético demuestra a las claras que una planificación centralizada de toda la producción, distribución y asignación de bienes y servicios es imposible. Más de 100 millones de muertos por el hambre, las purgas, el tráfico mercantil reprimido, y la búsqueda de la libertad negada, en el llamado “bloque soviético”, desde 1917 hasta la caída del muro de Berlín son mudos testigos de esta afirmación.

Pero esta afirmación no es solo cierta por que Stalin, Pol Pot, Mao Tse Dong , Castro y otros tiranos lo hayan intentado y hayan producido este genocidio.

Es cierta, básicamente porque se puede explicar desde la esfera teórica:

Para poder tomar decisiones económicas debemos hacer algunas estimaciones del acontecer futuro de nuestros negocios: Hay que estimar precios, volúmenes de venta, plazos de implementación de inversiones en planta y equipo; volúmenes de producción y economías de escala, para conocer costos de producción, pero por sobre todo hay que tener una idea muy firme y ajustada a la realidad de cual va a ser la tasa de interés, el costo del capital y el impacto de los impuestos en la actividad que se plantea invertir.

¿Es esto posible en la argentina actual?

El Banco Central está incrementando día a día sus compras de dólares, para sostener dentro de un rango el valor de la divisa, para de esta forma proteger el valor en pesos de una recaudación que mayoritariamente está en dólares, ya que los derechos de exportación tienen hoy un protagonismo excluyente en la financiación del gasto del estado y de esta ficción de superávit, que se sostiene solamente sin el pago de los compromisos de deuda del estado. Además, por falta de financiamiento se ve obligado a variar el volumen de sus operaciones de pases, lo que influye asimismo sobre la tasa de interés de mercado.

Esta terquedad del gobierno en pretender mantener un dólar alto, en una economía que exporta y que por superávit comercial debería ajustar hacia abajo el precio de la divisa, está generando que inversores de corto plazo estén pensando en  especular con activos en pesos, al menos mientras la burbuja del dólar alto continúe y antes de que el banco central deba dejar de manipular la moneda. Como consecuencia, el fantasma de los flujos de capitales golondrina obsesiona al gobierno, que ya piensa en implementar controles de capitales, que generarán un aumento del costo de transacciones, y desalentarán la inversión y el crecimiento.

La discriminación intolerable que sufren ciertos sectores de la actividad económica, esencialmente los eficientes, que tienen capacidad de exportar, por la aplicación de impuestos regresivos, diferenciales y contrarios a las normas que rigen la desregulación mundial del comercio de materias primas y mercaderías hace pensar en lo insostenible de estos esquemas de financiamiento, que por otra parte fueron instituidos como gravámenes de emergencia, otro factor que hace pensar en la necesidad de su inminente derogación.

Frente a eso, cualquier analista lúcido debería alertar sobre los riesgos de proyectar negocios en función al actual esquema impositivo, a la actual paridad cambiaria, al nivel que muestran hoy las tasa de interés y de inflación, a los actuales niveles de tipo de cambio real, que para peor son múltiples, según la actividad y a los niveles que ostentan en este momento el salario real, y el consumo.

Pero como si todo esto fuera insuficiente, se vislumbran en el horizonte otro tipo de nubarrones, que ya no son contradicciones teóricas evidentes de la esfera de la economía, sino que son graves escollos políticos que no son fáciles de superar para un verdadero empresario.

Una de ellas son las distorsiones provocadas por los impuestos a las exportaciones, que además, al no ser coparticipables actúan como una verdadera transferencia desde los distritos productivamente eficientes, en subsidio de aquellos que padecen de administraciones totalmente inviables, pero alineadas, por clientelismo político con las autoridades que definen este reparto.

Pero el sesgo anti-empresa no termina aquí: Todos los días leemos noticias que acentúan esta percepción en cualquier empresario que quiera invertir:

La tragedia de República Cromagnon, solo posible por la desidia o complicidad de los encargados de aplicar una serie de controles oficiales excesivos e ineficientes, desalientan a empresarios verdaderos a organizar todo tipo de actividad relativa con el entretenimiento o el espectáculo, ya que en vez de asumir sus responsabilidades, los políticos involucrados la emprenden con más normas de cumplimiento y eficiencia dudosa.

Este atropello se extiende ahora a instituciones educativas privadas, que se verán obligadas a cumplir normas que ni remotamente se aplican en reparticiones oficiales u oficinas públicas de ningún tipo, a las que igualmente asisten ciudadanos y contribuyentes.

El descubrimiento de maniobras de tráfico de cocaína hacia España, utilizando medios de transporte aéreo, desnuda la vulnerabilidad de la situación de las empresas que pretendan prestar servicios públicos de transporte, con tarifas y rutas sujetas al control oficial. Para operar estos mercados excesivamente regulados, los titulares de estos emprendimientos deben aceptar condicionamientos como subsidios, absorción de personal desempleado por la quiebra de empresas similares, o directamente la amenaza de competencia de una organización financiada con dinero estatal, que ni tiene el mismo costo de capital, ni tampoco el imperativo de obtener ganancias, ya que su fuente de financiamiento es casi inagotable. Esto coloca al empresario privado en una situación que le hace imposible proyectar resultados ni obtener financiamiento a costos razonables, ya que el riesgo de su actividad se dispara al infinito.

El incremento de la tasa que grava la venta de Gas-Oil ejerce un perjuicio evidente para los distritos de mayor nivel de consumo, esto pretende disimularse alegando que se introducirán cláusulas que impidan su traslación al precio: Como si la manipulación de la ecuación económica de los productores de insumos de semejante importancia, fuera no solo posible, sino también deseable, cuando sabemos que cualquier intervención de este tipo afectará no solo la rentabilidad, sino también los planes de inversión, los volúmenes de producción, y por ende afectará más que proporcionalmente sus costos de producción y la competitividad de estos productores para exportar.

Finalmente debemos entender que la tarea del empresario es no solo esencial para descubrir precios y asignar recursos en la economía: También es esencial para permitir que el consumidor ejerza su soberanía de decidir que empresarios se harán ricos, porque sirven a los intereses de la sociedad, brindando más y mejores bienes y servicios a precios más bajos, y quienes deberán salir del negocio por no servir a la comunidad. Aquí radica la verdadera responsabilidad social empresaria, en permitir a los empresarios hacer su trabajo.

Tiene que haber el incentivo de una ganancia lícita para que alguien busque oportunidades de negocios ocultas, no explícitas o no explotadas y quiera aprovechar por un tiempo, hasta que sus competidores lo imiten, la posibilidad de obtener una ganancia extraordinaria, para lo cual deberá revelar este negocio a un universo de potenciales competidores, que al arbitrar sus ganancias lo obligarán a continuar incansablemente la búsqueda de otras situaciones similares.

Pero si en vez de eso, desde la esfera oficial se reparten prebendas, se administran precios, se distribuyen subsidios, se manejan salvaguardas de mercado, se deciden inversiones de fondos públicos en desmedro de la inversión privada, se impide competir, no hay terreno para el empresariado.

Solo queda un coto de caza para cortesanos que utilizarán la rentabilidad que obtengan por ser propietarios de estructuras de capital, ( no empresarios), para comprar favores públicos.

Y esto además garantiza que la democracia no funcione. Que el hecho de elegir funcionarios no nos garantice vivir en un sistema republicano, en estado de derecho y con imperio de la ley. Ya que por muy bueno que sea el elegido, su poder es tan inmenso que abusará de el, en perjuicio de quienes lo designaron.

 

 

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