GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Boicot a la inversión y al sistema de precios:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 17/3/2005 en la web de Fundación Atlas:

Un boicot al crecimiento, a la estabilidad y a la justicia:

La Argentina es tapa en todos los diarios del mundo. No nos resignamos a nuestro destino de república latinoamericana que deviene rápidamente en republiqueta subdesarrollada. Ni tampoco nos resignamos a ir desapareciendo del contexto mundial, pese a que mientras muchos de los demás países en desarrollo han duplicado su PBI per cápita en los últimos 30 años, nosotros seguimos mostrando indicadores de la década del 70. Y estamos en la tapa de todos los diarios del mundo porque nuestro presidente, a la manera de los dictadores más perversos del hemisferio, se ocupa, en vez de gobernar, en pelearse con empresas privadas, constituidas en el país, con trayectorias casi centenarias, sencillamente porque no le gustan sus políticas comerciales.

El boicot “decretado” por el ejecutivo contra la petrolera anglo-holandesa Shell, iniciado a fines de la semana pasada, se disfraza de una política contra la inflación y contra las grandes corporaciones multinacionales, y en defensa de la soberanía, y es exactamente lo contrario, por las razones que quiero profundizar:

La lucha contra la inflación: La inflación es un cáncer que debe ser evitado porque genera una alteración artificial de los precios relativos, que afecta la toma de decisiones económicas que los empresarios deben realizar todos los días. Cuando se dispara una espiral inflacionaria, la suba desordenada de precios no permite distinguir que precios suben porque hay una mayor demanda de esos bienes en el mercado y que otros aumentan sencillamente porque el dinero está perdiendo poder adquisitivo.

La economía es dinámica. Las demandas, así como la producción cambian permanentemente. Por eso debe permitirse que los precios cambien constantemente. Los precios reflejan preferencias de los consumidores y muestran la necesidad de aumentar la producción de aquellos bienes que están aumentando de precios. Y es de la esencia de la labor del empresario contribuir al descubrimiento de estas señales que orientan las decisiones. En una economía devastada por la inflación, estos mensajes se pierden en la neblina de un deterioro generalizado del poder adquisitivo del dinero, que provocará también subas en aquellos otros bienes cuya demanda no ha aumentado. En este marco es imposible tomar decisiones racionales, asignar recursos y crear riqueza. Pero la lucha por la inflación no pasa por el congelamiento de precios, porque este tipo de herramientas son tan perniciosas como lo que se busca evitar, ya que impiden que los empresarios entiendan que ocurre con la demanda y no permiten ver donde hay necesidad de radicar inversiones.

La lucha contra las corporaciones multinacionales: Este no puede ser el objetivo de ningún gobierno, ni siquiera en un año electoral, aunque su partido haya postulado históricamente que “combatía al capital”. Pero de todos modos, es evidente que el estado nunca va a poder lograr esto: Si una empresa es perseguida, simplemente venderá sus activos antes de que bajen demasiado de precio, y retirará su capital del país. Si estos activos son comprados por una empresa estatal, los únicos que perderán serán sus ciudadanos, que han pagado impuestos para recibir a cambio bienes y servicios necesarios, y en cambio, estos fondos son dedicados a la compra de empresas que pierden dinero por regulaciones gubernamentales. Alguien puede pensar que el gobierno puede hacer un buen negocio luego si remueve esas regulaciones. Pero en verdad, si llegara a hacer esto para recuperar la rentabilidad perdida, la competencia de otros empresarios arbitrará sus ganancias. La única forma de obtener ganancias extraordinarias es con mercados protegidos y con limitaciones a la competencia: Pero este tipo de políticas produce un perjuicio al consumidor, que pagará más caro y obtendrá menor calidad. Lejos de combatir al capital, lo que se termina combatiendo es el salario real, el bienestar de la sociedad, la libertad de trabajo y de empresa y las ganancias genuinamente obtenidas.

La defensa de la soberanía: Pareciera que permitir operar a empresas extranjera afectara la soberanía y utilizar el aparato del estado contra los ciudadanos que deben elegir a los gobernantes es ejercer la soberanía: Aquí el problema radica en no entender quien es el soberano: Soberano es quien no reconoce ninguna autoridad por encima de la suya. En una república con un gobierno representativo, el soberano es el ciudadano. El poder ejecutivo no debe reclamar soberanía ya que nunca puede ser soberano. Por encima de su voluntad están siempre las limitaciones que la constitución le asigna a los demás poderes, y por encima de todos, está la voluntad de los ciudadanos. En una verdadera república, la esencia del sistema se basa en los límites al poder de los gobernantes, Un gobernante sin límites, o que pretenda no reconocerlos, al asumir la suma del poder público, se convierte en un tirano que merece la pena de los infames traidores de la patria.

¿Por qué dijimos que nuestro presidente se comporta como los peores dictadores del hemisferio? Porque así como resulta patético ver a Castro impulsando una mejor asignación de recursos en Cuba mediante un discurso en donde recomienda el uso de ollas a presión, para ahorrar combustibles. Así de lastimoso es verlo preguntar a la multitud ¿Quién quiere la olla a presión?, como si las decisiones más elementales que deben tomar los individuos en una sociedad debieran ser inspiradas, respaldadas, recomendadas y censuradas por quien ostenta el poder. Del mismo modo nuestro presidente pretende “iluminarnos” impulsándonos a comprar o no comprar, aceptar precios o rechazarlos, todo inspirado en un supuesto conocimiento cabal de la realidad económica, que si lo tuviera, mucho mejor haría en bajar al llano, conseguir capital y convertirse en empresario. No es lícito para el gobernante pretender imitar al empresario privado aventurando el destino de los fondos públicos. Mucho menos es pretender arrogantemente interpretar las necesidades de los ciudadanos diciéndoles que deben hacer con sus sueldos y sus rentas.

Es muy importante tomar conciencia de que si hoy permitimos que se afecte el derecho de los particulares impidiéndole a un empresario fijar sus precios, mañana no nos va a extrañar que se impulse el control de una parte sustancial de la actividad económica. Y de este modo iremos perdiendo todas las libertades. Que el boicot a una empresa petrolera no sea el inicio de una “noche de los cristales”, que, a la manera del nazismo hitlerista, empiece discriminando a extranjeros para terminar en un genocidio en masa.

Si hoy no me quejo, porque no soy una multinacional petrolera, estaré actuando del mismo modo que quienes miraron hacia otro lado porque no eran judíos, y terminaron luego enviando a la muerte a sus propios hijos, devorados por el resultado de las políticas dictatoriales que hoy se pretenden resucitar.

El discurso presidencial es lastimoso y anacrónico. Parece que todavía no se ha dado cuenta que el aceite lubricante ya no viene más en latas.

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