GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Archivar para el mes “diciembre, 2011”

Manuel Ayau: In Memoriam

Palabras pronunciadas por el Prof. Guillermo Luis Covernton, con motivo de la inauguración del Tercer Congreso Internacional “La Escuela Austríaca en el siglo XXI”, organizado por: Fundación Bases; Instituto Hayek; Facultad de Cs. Económicas del Rosario (UCA)
Rosario, Argentina 5, 6 y 7 de Agosto de 2010

Estimados Amigos:

El pasado Martes 3 de agosto, es decir apenas dos días atrás, quienes creemos en la sana economía, en el estudio sistemático y en la importancia de la educación económica para impulsar el bienestar y el desarrollo de las personas hemos tenido que lamentar el fallecimiento del Dr. Manuel Ayau Cordón:

Industrial guatemalteco, ingeniero mecánico, doctor honoris causa en letras humanistas por el Hillsdale College, y doctor honoris causa en Derecho por Northwood University, fue Rector fundador de la Universidad Francisco Marroquin. También se desempeñó como presidente de la Bolsa de Valores de Guatemala y de la Sociedad Mont Pèlerin. Fué miembro del Consejo Consultivo del Centro de Estudios Económico Sociales de Guatemala. Fiduciario de la Foundation for Economic Education de Nueva York. Y miembro de la Junta Directiva de Liberty Fund, Inc., Indianapolis.

Varios de quienes asistimos a este congreso tuvimos el privilegio de conocerlo, a fines del siglo pasado, con motivo del inicio de un programa de perfeccionamiento docente que propuso para su querida Universidad. Con ese motivo fuimos invitados, junto a un grupo de catedráticos argentinos entre quienes se contaban los Dres. Juan Carlos Cachanosky, Martín Krause, Gabriel Zanotti y yo mismo.

Nuestra tarea docente en la Universidad que él había contribuido a fundar y en donde dictó cátedra por años, nos permitió disfrutar, casi cotidianamente, y durante nuestras estadías en su país, que se extendieron a lo largo de los siguientes años, de su afabilidad, su sencillez, su don de gentes y su genuino interés por ayudar a la difusión de las ideas de la libertad, del respeto por el disenso, y del conocimiento económico serio y metódico que aspiraba para todos los ciudadanos de su querida patria.

Querido Muso: Gracias por todo lo que nos diste y gracias a Dios por permitirte acompañarnos estos 3 días, porque estoy seguro que tu alma estará compartiendo con nosotros este congreso que ahora se inicia.

Les propongo un minuto de silencio en su memoria.

Gracias.

Merkantilismo: Efectos sobre el salario real:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 7/7/2011 en: http://www.fundacionbases.org/cms/index.php?option=com_content&task=view&id=363

Desde hacen más de dos siglos, los estudiosos de la economía se vienen refiriendo, con el término de Mercantilismo, a una corriente del pensamiento económico cuyo objetivo más notorio era impulsar las exportaciones, por encima de las importaciones, con claros objetivos de política fiscal.

Nosotros introduciremos el neologismo del título, para pasar a referirnos a un programa de política económica que viene implementando el actual gobierno, y analizar sus graves consecuencias.

No es nuestra intención aquí abogar a favor del verdadero mercantilismo de los siglos XVII y XIX, que han demostrado causar efectos claramente indeseables, pero no viene mal repasar, para ampliar la comprensión de las causas, el contexto económico en el que surgió.

La economía de los siglos mencionados no solo era una economía de extrema simplicidad, comparada con cualquier estructura productiva actual, sino que carecía, además de posibilidades concretas y ciertas de control fiscal.

Dicho en términos más claros: Los impuestos posibles de ser cobrados, dado lo rudimentario de las técnicas de administración, eran meramente los impuestos que pudieran gravar mercaderías en tránsito. Y como las fronteras debían ser aseguradas, por razones de supervivencia del estado, el eje central de la tributación eran los impuestos al comercio exterior. Hubiese sido imposible implementar métodos de control que permitieran una determinación cierta y concreta de los tributos actuales.

Las mencionadas razones han desaparecido. Pero también y paralelamente, ha evolucionado el entendimiento de las cuestiones económicas.

Actualmente sería casi imposible encontrar opiniones económicas que contradigan ciertas afirmaciones, que por otra parte, suenan absolutamente razonables para cualquier intelecto inquieto, aunque no sea un experto en economía, cosa que no es ni siquiera necesaria:

Por ejemplo, que el producto se destina al consumo, o bien a la inversión:

 (Y = C + I).

O que el destino del ingreso puede ser el consumo, o bien el ahorro:

                                      (Y = C + A)

Ciertos economistas[i] plantean estas ecuaciones para simplificar  la comprensión de algunas cuestiones que, analíticamente, también son evidentes:

Por ejemplo, que en una economía abierta, con fuerte presencia del estado, las opciones para la producción agregada serían: el consumo privado, o la inversión,  o el gasto público, o destinar un hipotético excedente a la exportación. Este último aspecto puede adquirir el significado contrario: Importar lo que nos falte.  Esta idea se puede ilustra así:

                            (Y= C + I + G + NX)

Luego tenemos sectores que tributan y otros que reciben subsidios: El ingreso disponible de los individuos se forma con su ingreso neto de los tributos, más los subsidios o transferencias que puedan estar recibiendo:

                            (YD = Y – T + TR)

 

Como las personas , con su ingreso disponible solo pueden optar entre gastar o ahorrar.

                            (YD = C + A)

Si hiciéramos algunas operaciones algebraicas, manejando estas igualdades, podríamos concluir algo que cualquier honesto padre de familia podrá entender:

                            A – I = (G + TR – T) + NX

Esta expresión que puede resultar algo críptica enseña algunas lecciones: Que el déficit del sector público, más el superávit del sector externo, solo podrá salir de la diferencia entre el ahorro y la inversión.

Más sencillo, para poder darnos el lujo de soportar que los gastos públicos, más los subsidios que se reparten sean mayores que los impuestos, y que, a su vez, exportemos más de lo que importamos, (idea que agrada a algunos demagogos, que creen apoyar así al empresariado local), deberemos irremediablemente invertir mucho menos de lo que ahorramos.

Es decir que el déficit fiscal y el superávit comercial salen de invertir menos de lo que ahorramos. Y no pueden salir de otro lado.

Y a eso es a lo que nos lleva un esquema fiscal que ha hecho crecer tantos el gasto como los subsidios, sin poder hacer crecer de igual modo la base imponible, es decir la producción de riquezas.  Y que sustenta buena parte de su capacidad recaudatoria en que las exportaciones crezcan, para generar recaudación vía retenciones, y en que no puedan entrar productos importados, porque no se ha entendido este aspecto central: Así se destruye la posibilidad de inversión.

Y sin inversión, la capacidad de nuestros trabajadores de generar riqueza disminuye en proporción a la amortización, es decir el desgaste de la capacidad instalada. Esto cumple con el recordado mandato de la marcha partidaria de uno de nuestros partidos mayoritarios: Combate el capital, destruyéndolo. Y paralelamente hace lo mismo con el salario real: En tanto y en cuanto nuestros trabajadores dispongan de menos herramientas y equipos para producir, su aporte a los sistemas de producción será menor y devengaran salarios más bajos.

Los países que logran mejorar la calidad de vida de sus habitantes son aquellos que logran destinar todos sus ahorros a la inversión productiva.

Del mismo modo que lo hace una familia honesta y laboriosa.


[i] Por ejemplo: DORNBUSCH, Rudiger, FISHER, Stanley y STARTZ, Richard:  “Macroeconomía”. Cap. 2. Madrid, Mc Graw Hill, 2004 ISBN: 84-481-4181-4

¿Hay Inflación? ¿Es un problema?:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 8/6/2011 en http://www.fundacionbases.org/cms/index.php?option=com_content&task=view&id=352

En los últimos tiempos, los habitantes de nuestro país se vienen haciendo las preguntas del título, cada vez con más frecuencia. Y podemos decir que estos planteos no son tan recientes, ya que se viene hablando de esto prácticamente desde el principio del mandato del actual gobierno.

Dado lo breve de este comentario, no nos vamos a enredar en definiciones ni en enfoques teóricos relativos a las causas de la inflación y sus efectos. Este país ha padecido este cáncer por demasiados años en, digamos, la segunda mitad de su vida institucional, como para darnos el lujo de ignorarlos.

Sencillamente reflexionaremos, primero, en que las preguntas del título se suscitan precisamente porque desde el gobierno se ha dinamitado la confianza que históricamente tenían los ciudadanos en la solvencia técnica y la honestidad intelectual de los integrantes de los organismos encargados de medir la pérdida de poder adquisitivo del dinero, y en sus metodologías.

Se ha socavado el crédito público, basado en la honestidad con que se elaboran los índices que luego se utilizan para ajustar las condiciones de ciertas operaciones de financiamiento fiscal.

Se ha alterado la paz social, ya que ni trabajadores ni empleadores pueden tener indicios ciertos de la equidad que debe regir en las relaciones laborales.

Se ha impedido la normal marcha de los negocios, al introducirse nuevamente, como se padecía antaño, un factor aleatorio en toda operación a plazos o de tracto sucesivo.

Tal cual era de esperar, cuando el partido gobernante dio el golpe institucional que nos legó el último gobierno de facto de nuestra historia, a cargo de un actual candidato presidencial, y volvió a re-establecer el curso forzoso de la moneda doméstica.

Y es que esta medida de imponerle a los ciudadanos de una república el signo monetario que necesariamente deberán utilizar, correctamente abolida hacen dos décadas, ha sido utilizada hasta el hartazgo para confiscar los ahorros y destruir el poder adquisitivo de los salarios que ciertos gobernantes de corte populista dicen intentar proteger.

Seguidamente queremos llamar la atención en el hecho evidente, que se está observando desde hacen 2 o 3 meses, de la reanudación de las negociaciones salariales sobre la base de aumentos programados, para lo que resta del año, que oscilan entre el 28 y el 36 %, o incluso más, dependiendo del convenio, el gremio involucrado y otros detalles.

Aquí podríamos preguntarnos si sería razonable fijar semejantes parámetros de indexación salarial, si fuera cierto que la inflación anual no va a exceder de un dígito.

Dejemos de lado, por un instante, el comportamiento faccioso del gobierno, homologando este tipo de acuerdos salariales, mientras prohíbe expresamente similares tasa de actualización en contratos de locación de obras o incluso de inmuebles, a la par que niega sistemáticamente la correcta y necesaria aplicación de metodologías de determinación de resultados por exposición a la inflación en estados contables de las empresas, obligándoles a tributar impuestos sobre ganancias inexistentes.

El principal problema que se está generando, y que no parece observarse que nadie con poder de decisión lo advierta ni intente revertirlo, es que el mantenimiento de este tipo de políticas conlleva irremediablemente a un camino de destrucción, no solo del ahorro y del salario, sino también del capital invertido en la estructura de producción de la república.

Y esto es precisamente lo más alarmante dado que ya no quedan casi argumentos para negar que este es, precisamente, el que posibilita la mejora del salario real y origina las posibilidades de ahorro de los ciudadanos.

Aunque nos hayamos acostumbrado por décadas a ser gobernados por políticos que cantan, a modo de marcha partidaria, la clara intención de destruir el capital, también observamos que, ni desde la esfera de lo teórico, ni desde la argumentación intelectual, ni desde la historia económica del mundo en el pasado siglo, se puede ya ignorar esta verdad evidente:

Y nos referimos a que el salario real de los ciudadanos solo podrá crecer si logramos hacer que aumente  su capacidad para producir bienes y servicios, mediante la utilización de iguales cantidades de insumos, e incluso de tiempos laborales.

Este concepto de productividad está ínclitamente relacionado al stock de capital disponible. Y es este y ningún otro fundamento el que permite explicar la enorme brecha salarial que padecen nuestras economías emergentes, cuando se las compara con las de los países desarrollados.

Y el capital disponible solo puede crecer, si además de reponerse lo que anualmente se pierde por desgaste y obsolescencia, podemos acercar una masa creciente de ahorros que surgen del esfuerzo cotidiano en incrementar la producción por hora de trabajo y por unidad de insumo.

La sociedad argentina sufre ya demasiadas carencias y postergaciones como para que las urgencias electorales persistan en este camino de destrucción de las oportunidades de realización a las que, genuinamente, aspiran sus ciudadanos.

Boicot a la inversión y al sistema de precios:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 17/3/2005 en la web de Fundación Atlas:

Un boicot al crecimiento, a la estabilidad y a la justicia:

La Argentina es tapa en todos los diarios del mundo. No nos resignamos a nuestro destino de república latinoamericana que deviene rápidamente en republiqueta subdesarrollada. Ni tampoco nos resignamos a ir desapareciendo del contexto mundial, pese a que mientras muchos de los demás países en desarrollo han duplicado su PBI per cápita en los últimos 30 años, nosotros seguimos mostrando indicadores de la década del 70. Y estamos en la tapa de todos los diarios del mundo porque nuestro presidente, a la manera de los dictadores más perversos del hemisferio, se ocupa, en vez de gobernar, en pelearse con empresas privadas, constituidas en el país, con trayectorias casi centenarias, sencillamente porque no le gustan sus políticas comerciales.

El boicot “decretado” por el ejecutivo contra la petrolera anglo-holandesa Shell, iniciado a fines de la semana pasada, se disfraza de una política contra la inflación y contra las grandes corporaciones multinacionales, y en defensa de la soberanía, y es exactamente lo contrario, por las razones que quiero profundizar:

La lucha contra la inflación: La inflación es un cáncer que debe ser evitado porque genera una alteración artificial de los precios relativos, que afecta la toma de decisiones económicas que los empresarios deben realizar todos los días. Cuando se dispara una espiral inflacionaria, la suba desordenada de precios no permite distinguir que precios suben porque hay una mayor demanda de esos bienes en el mercado y que otros aumentan sencillamente porque el dinero está perdiendo poder adquisitivo.

La economía es dinámica. Las demandas, así como la producción cambian permanentemente. Por eso debe permitirse que los precios cambien constantemente. Los precios reflejan preferencias de los consumidores y muestran la necesidad de aumentar la producción de aquellos bienes que están aumentando de precios. Y es de la esencia de la labor del empresario contribuir al descubrimiento de estas señales que orientan las decisiones. En una economía devastada por la inflación, estos mensajes se pierden en la neblina de un deterioro generalizado del poder adquisitivo del dinero, que provocará también subas en aquellos otros bienes cuya demanda no ha aumentado. En este marco es imposible tomar decisiones racionales, asignar recursos y crear riqueza. Pero la lucha por la inflación no pasa por el congelamiento de precios, porque este tipo de herramientas son tan perniciosas como lo que se busca evitar, ya que impiden que los empresarios entiendan que ocurre con la demanda y no permiten ver donde hay necesidad de radicar inversiones.

La lucha contra las corporaciones multinacionales: Este no puede ser el objetivo de ningún gobierno, ni siquiera en un año electoral, aunque su partido haya postulado históricamente que “combatía al capital”. Pero de todos modos, es evidente que el estado nunca va a poder lograr esto: Si una empresa es perseguida, simplemente venderá sus activos antes de que bajen demasiado de precio, y retirará su capital del país. Si estos activos son comprados por una empresa estatal, los únicos que perderán serán sus ciudadanos, que han pagado impuestos para recibir a cambio bienes y servicios necesarios, y en cambio, estos fondos son dedicados a la compra de empresas que pierden dinero por regulaciones gubernamentales. Alguien puede pensar que el gobierno puede hacer un buen negocio luego si remueve esas regulaciones. Pero en verdad, si llegara a hacer esto para recuperar la rentabilidad perdida, la competencia de otros empresarios arbitrará sus ganancias. La única forma de obtener ganancias extraordinarias es con mercados protegidos y con limitaciones a la competencia: Pero este tipo de políticas produce un perjuicio al consumidor, que pagará más caro y obtendrá menor calidad. Lejos de combatir al capital, lo que se termina combatiendo es el salario real, el bienestar de la sociedad, la libertad de trabajo y de empresa y las ganancias genuinamente obtenidas.

La defensa de la soberanía: Pareciera que permitir operar a empresas extranjera afectara la soberanía y utilizar el aparato del estado contra los ciudadanos que deben elegir a los gobernantes es ejercer la soberanía: Aquí el problema radica en no entender quien es el soberano: Soberano es quien no reconoce ninguna autoridad por encima de la suya. En una república con un gobierno representativo, el soberano es el ciudadano. El poder ejecutivo no debe reclamar soberanía ya que nunca puede ser soberano. Por encima de su voluntad están siempre las limitaciones que la constitución le asigna a los demás poderes, y por encima de todos, está la voluntad de los ciudadanos. En una verdadera república, la esencia del sistema se basa en los límites al poder de los gobernantes, Un gobernante sin límites, o que pretenda no reconocerlos, al asumir la suma del poder público, se convierte en un tirano que merece la pena de los infames traidores de la patria.

¿Por qué dijimos que nuestro presidente se comporta como los peores dictadores del hemisferio? Porque así como resulta patético ver a Castro impulsando una mejor asignación de recursos en Cuba mediante un discurso en donde recomienda el uso de ollas a presión, para ahorrar combustibles. Así de lastimoso es verlo preguntar a la multitud ¿Quién quiere la olla a presión?, como si las decisiones más elementales que deben tomar los individuos en una sociedad debieran ser inspiradas, respaldadas, recomendadas y censuradas por quien ostenta el poder. Del mismo modo nuestro presidente pretende “iluminarnos” impulsándonos a comprar o no comprar, aceptar precios o rechazarlos, todo inspirado en un supuesto conocimiento cabal de la realidad económica, que si lo tuviera, mucho mejor haría en bajar al llano, conseguir capital y convertirse en empresario. No es lícito para el gobernante pretender imitar al empresario privado aventurando el destino de los fondos públicos. Mucho menos es pretender arrogantemente interpretar las necesidades de los ciudadanos diciéndoles que deben hacer con sus sueldos y sus rentas.

Es muy importante tomar conciencia de que si hoy permitimos que se afecte el derecho de los particulares impidiéndole a un empresario fijar sus precios, mañana no nos va a extrañar que se impulse el control de una parte sustancial de la actividad económica. Y de este modo iremos perdiendo todas las libertades. Que el boicot a una empresa petrolera no sea el inicio de una “noche de los cristales”, que, a la manera del nazismo hitlerista, empiece discriminando a extranjeros para terminar en un genocidio en masa.

Si hoy no me quejo, porque no soy una multinacional petrolera, estaré actuando del mismo modo que quienes miraron hacia otro lado porque no eran judíos, y terminaron luego enviando a la muerte a sus propios hijos, devorados por el resultado de las políticas dictatoriales que hoy se pretenden resucitar.

El discurso presidencial es lastimoso y anacrónico. Parece que todavía no se ha dado cuenta que el aceite lubricante ya no viene más en latas.

El ambiente Anti-negocios y el Crecimiento en Argentina:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 25/2/05 en “Libremente”

Una importante razón que explica el porque del estancamiento de nuestra economía:

La predisposición de un gobierno a favorecer el crecimiento de la actividad privada, es  la esencia del crecimiento de la economía. Que sin empresas privadas y empresarios no puede haber desarrollo es algo tan evidente, que ni las posiciones más extremas del llamado “progresismo”, que a la sazón aboga por una regresión de nuestra sociedad al más cruel de los esquemas feudalistas, se anima a sostener.

Esto se puede explicar de varias formas: Los empiristas afirmarán que el fracaso del comunismo soviético demuestra a las claras que una planificación centralizada de toda la producción, distribución y asignación de bienes y servicios es imposible. Más de 100 millones de muertos por el hambre, las purgas, el tráfico mercantil reprimido, y la búsqueda de la libertad negada, en el llamado “bloque soviético”, desde 1917 hasta la caída del muro de Berlín son mudos testigos de esta afirmación.

Pero esta afirmación no es solo cierta por que Stalin, Pol Pot, Mao Tse Dong , Castro y otros tiranos lo hayan intentado y hayan producido este genocidio.

Es cierta, básicamente porque se puede explicar desde la esfera teórica:

Para poder tomar decisiones económicas debemos hacer algunas estimaciones del acontecer futuro de nuestros negocios: Hay que estimar precios, volúmenes de venta, plazos de implementación de inversiones en planta y equipo; volúmenes de producción y economías de escala, para conocer costos de producción, pero por sobre todo hay que tener una idea muy firme y ajustada a la realidad de cual va a ser la tasa de interés, el costo del capital y el impacto de los impuestos en la actividad que se plantea invertir.

¿Es esto posible en la argentina actual?

El Banco Central está incrementando día a día sus compras de dólares, para sostener dentro de un rango el valor de la divisa, para de esta forma proteger el valor en pesos de una recaudación que mayoritariamente está en dólares, ya que los derechos de exportación tienen hoy un protagonismo excluyente en la financiación del gasto del estado y de esta ficción de superávit, que se sostiene solamente sin el pago de los compromisos de deuda del estado. Además, por falta de financiamiento se ve obligado a variar el volumen de sus operaciones de pases, lo que influye asimismo sobre la tasa de interés de mercado.

Esta terquedad del gobierno en pretender mantener un dólar alto, en una economía que exporta y que por superávit comercial debería ajustar hacia abajo el precio de la divisa, está generando que inversores de corto plazo estén pensando en  especular con activos en pesos, al menos mientras la burbuja del dólar alto continúe y antes de que el banco central deba dejar de manipular la moneda. Como consecuencia, el fantasma de los flujos de capitales golondrina obsesiona al gobierno, que ya piensa en implementar controles de capitales, que generarán un aumento del costo de transacciones, y desalentarán la inversión y el crecimiento.

La discriminación intolerable que sufren ciertos sectores de la actividad económica, esencialmente los eficientes, que tienen capacidad de exportar, por la aplicación de impuestos regresivos, diferenciales y contrarios a las normas que rigen la desregulación mundial del comercio de materias primas y mercaderías hace pensar en lo insostenible de estos esquemas de financiamiento, que por otra parte fueron instituidos como gravámenes de emergencia, otro factor que hace pensar en la necesidad de su inminente derogación.

Frente a eso, cualquier analista lúcido debería alertar sobre los riesgos de proyectar negocios en función al actual esquema impositivo, a la actual paridad cambiaria, al nivel que muestran hoy las tasa de interés y de inflación, a los actuales niveles de tipo de cambio real, que para peor son múltiples, según la actividad y a los niveles que ostentan en este momento el salario real, y el consumo.

Pero como si todo esto fuera insuficiente, se vislumbran en el horizonte otro tipo de nubarrones, que ya no son contradicciones teóricas evidentes de la esfera de la economía, sino que son graves escollos políticos que no son fáciles de superar para un verdadero empresario.

Una de ellas son las distorsiones provocadas por los impuestos a las exportaciones, que además, al no ser coparticipables actúan como una verdadera transferencia desde los distritos productivamente eficientes, en subsidio de aquellos que padecen de administraciones totalmente inviables, pero alineadas, por clientelismo político con las autoridades que definen este reparto.

Pero el sesgo anti-empresa no termina aquí: Todos los días leemos noticias que acentúan esta percepción en cualquier empresario que quiera invertir:

La tragedia de República Cromagnon, solo posible por la desidia o complicidad de los encargados de aplicar una serie de controles oficiales excesivos e ineficientes, desalientan a empresarios verdaderos a organizar todo tipo de actividad relativa con el entretenimiento o el espectáculo, ya que en vez de asumir sus responsabilidades, los políticos involucrados la emprenden con más normas de cumplimiento y eficiencia dudosa.

Este atropello se extiende ahora a instituciones educativas privadas, que se verán obligadas a cumplir normas que ni remotamente se aplican en reparticiones oficiales u oficinas públicas de ningún tipo, a las que igualmente asisten ciudadanos y contribuyentes.

El descubrimiento de maniobras de tráfico de cocaína hacia España, utilizando medios de transporte aéreo, desnuda la vulnerabilidad de la situación de las empresas que pretendan prestar servicios públicos de transporte, con tarifas y rutas sujetas al control oficial. Para operar estos mercados excesivamente regulados, los titulares de estos emprendimientos deben aceptar condicionamientos como subsidios, absorción de personal desempleado por la quiebra de empresas similares, o directamente la amenaza de competencia de una organización financiada con dinero estatal, que ni tiene el mismo costo de capital, ni tampoco el imperativo de obtener ganancias, ya que su fuente de financiamiento es casi inagotable. Esto coloca al empresario privado en una situación que le hace imposible proyectar resultados ni obtener financiamiento a costos razonables, ya que el riesgo de su actividad se dispara al infinito.

El incremento de la tasa que grava la venta de Gas-Oil ejerce un perjuicio evidente para los distritos de mayor nivel de consumo, esto pretende disimularse alegando que se introducirán cláusulas que impidan su traslación al precio: Como si la manipulación de la ecuación económica de los productores de insumos de semejante importancia, fuera no solo posible, sino también deseable, cuando sabemos que cualquier intervención de este tipo afectará no solo la rentabilidad, sino también los planes de inversión, los volúmenes de producción, y por ende afectará más que proporcionalmente sus costos de producción y la competitividad de estos productores para exportar.

Finalmente debemos entender que la tarea del empresario es no solo esencial para descubrir precios y asignar recursos en la economía: También es esencial para permitir que el consumidor ejerza su soberanía de decidir que empresarios se harán ricos, porque sirven a los intereses de la sociedad, brindando más y mejores bienes y servicios a precios más bajos, y quienes deberán salir del negocio por no servir a la comunidad. Aquí radica la verdadera responsabilidad social empresaria, en permitir a los empresarios hacer su trabajo.

Tiene que haber el incentivo de una ganancia lícita para que alguien busque oportunidades de negocios ocultas, no explícitas o no explotadas y quiera aprovechar por un tiempo, hasta que sus competidores lo imiten, la posibilidad de obtener una ganancia extraordinaria, para lo cual deberá revelar este negocio a un universo de potenciales competidores, que al arbitrar sus ganancias lo obligarán a continuar incansablemente la búsqueda de otras situaciones similares.

Pero si en vez de eso, desde la esfera oficial se reparten prebendas, se administran precios, se distribuyen subsidios, se manejan salvaguardas de mercado, se deciden inversiones de fondos públicos en desmedro de la inversión privada, se impide competir, no hay terreno para el empresariado.

Solo queda un coto de caza para cortesanos que utilizarán la rentabilidad que obtengan por ser propietarios de estructuras de capital, ( no empresarios), para comprar favores públicos.

Y esto además garantiza que la democracia no funcione. Que el hecho de elegir funcionarios no nos garantice vivir en un sistema republicano, en estado de derecho y con imperio de la ley. Ya que por muy bueno que sea el elegido, su poder es tan inmenso que abusará de el, en perjuicio de quienes lo designaron.

 

 

República Cromagnon, Responsabilidad Civil y la Tragedia de los Comunes:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 11/3/2005 en la web de Fundación Atlas:

Una respuesta desde el ámbito del derecho privado, basada en la racionalidad económica.

La muerte de más de 190 personas atrapadas por el fuego, en un lugar repleto de materiales inflamables, sin suficientes salidas de emergencia, y donde se realizaba la presentación de un grupo musical, ha provocado un intenso debate en la sociedad.

El profundo dolor que tal circunstancia nos e infunde, así como la íntima solidaridad hacia los familiares y amigos de quienes fallecieron nos impulsa a manifestar aquí algunas opiniones e ideas, con la plena conciencia de que no podemos hacer demasiado por quienes sufren por este desgraciado hecho, pero sí que podemos hacer muchísimo para que este luctuoso suceso no se repita jamás.

La opinión pública, movilizada por opositores y familiares pidió, con fundamento, la renuncia del Jefe de Gobierno de la Ciudad, por la responsabilidad que sin duda le cabe, al no haber velado por el estricto cumplimiento de las normas de seguridad.

Hay ordenanzas que obligan a que el ejecutivo verifique el cumplimiento de estas normas, se recaudan tasas por ingentes sumas que debieran destinarse a financiar estos controles, y encima de todo esto, todos los días aparecen acusaciones de corrupción en este caso en particular.

Pero aún si todo esto provocara el cambio de quienes están a cargo del poder ejecutivo; si además de ello, el titular actual fuera sucedido por alguien profundamente responsable y enemigo de la corrupción; esto no bastaría para asegurarnos demasiado para el futuro.

Desde nuestro personal punto de vista estas tragedias ocurren por una cadena de negligencias, y esta sucesión de errores debería combatirse actuando sobre sus principales causas.

Y creemos que una de las principales causas es delegar las tareas de control y prevención en el aparato político del estado, incorporándole cada vez más funciones y responsabilidades, que concomitantemente harán preciso asignarles más recursos, que siguiendo la constante histórica serán ineficientemente aprovechados, parcialmente dilapidados y corruptamente utilizados.

Analicemos el problema desde otra óptica: Si estaciono mi auto en la puerta de mi vecino y el frente de su casa se desploma, cayendo sobre mi techo y provocando la muerte de mi familia, deberé iniciar una acción civil de daños y perjuicios, para obtener resarcimiento. La justicia, rápidamente trabará embargo sobre el inmueble de mi vecino y yo recibiré una adecuada compensación. ¿Es esto suficiente para mitigar mi dolor y compensar mi pérdida? No, por supuesto, no habrán bienes materiales suficientes que puedan  compensar la pérdida de los años dedicados a establecer el vínculo que tenía con mi esposa ni las horas dedicadas a convertir a mis hijos en personas de bien, sensibles y útiles a la sociedad.

Pero la magnitud del resarcimiento que deberá enfrentar mi vecino, más que perseguir una compensación, busca establecer una sanción ejemplar: Que todo el mundo sepa que es preferible gastar el 3 % del valor de un inmueble en evitar que ninguna de sus partes se derrumbe a caer en la ruina por tener que pagar los daños ocasionados.

En la esfera del derecho privado, las sanciones de responsabilidad civil bastan.

Pero: ¿Que ocurrirá si, en cambio, lo que se desploma sobre mi auto es el árbol de la vereda? Como la vereda es un área pública y el árbol pertenece al estado, para que mi demanda prospere, uno de los poderes del estado, el judicial, deberá fallar contra otro de sus poderes, el ejecutivo, condenándolo a pagar el daño. Para ello deberá quedar probado que el estado no se movió con la suficiente prudencia en la elección de las variedades que integran el arbolado, o que las podas realizadas no cumplieron con las reglas del arte, o que no se realizaron los controles sanitarios que evitaran que el ejemplar enfermara, o que hubo tiempo suficiente desde el fallecimiento del árbol hasta su caída, como para que los responsables lo talaran, o que algún vecino había denunciado el riesgo sin haber sido diligentemente atendido, o todos estos extremos o varios de ellos a la vez.

A su vez, en caso de sentencia condenatoria, el ejecutivo deberá extremar todas las instancias procesales o apelaciones posibles antes de pagar, so pena de incumplimiento de su deber de defensa del patrimonio común.

Finalmente un tribunal jurídico-político, ( corte suprema), evaluará no solo el daño y el derecho, sino las razones de oportunidad, mérito o conveniencia para condenar al estado, sentando un precedente que lo obligaría a extremar una serie de controles para los cuales quizás ni esté preparado, ni tenga asignados recursos suficientes.

También evaluará si las necesidades insatisfechas de los contribuyentes y los recursos del estado permiten poner a su cargo estas cuestiones.

En el ínterin, es posible que el ejecutivo, si observa que puede beneficiarse electoralmente con el hecho, alimente los argumentos del reclamante, ya que los fondos que se utilizarán para resarcir, lejos de venir de sus arcas particulares, provienen de la hacienda común, alimentada por impuestos que, en todo caso, convendrá elevar.

De cualquier manera que el caso se resuelva, o no se hará lugar a un resarcimiento suficiente, o aún en el caso de que lo sea, este no servirá de apercibimiento para evitar males mayores en el futuro, ya que el político de turno pagará con fondos provenientes de los impuestos al sector privado, y contará además con un nuevo argumento para incrementarlos, imponer más controles, colocar a más amigos políticos en puestos oficiales para controlar, y hacer crecer así su área de influencia.

En conclusión, y volviendo a “República Cromagnon”, consideramos que el drama mayor, luego de las muertes, es que no se tome suficiente conciencia que si los controles de seguridad son materia del estado, estos caen en la tragedia de los bienes comunes: Nadie se ocupa ni cuida de ellos.

Si los fundados reclamos por atención médica, gastos de todo tipo, y aún resarcimiento civil son asumidos por el fisco, ningún empresario pondrá demasiado énfasis en cuidar que estos hechos no se repitan para así preservar su patrimonio.

Si los artistas, músicos o como queramos llamar a quienes daban el espectáculo no se ven alcanzados patrimonialmente, difícilmente pongan demasiada atención en cuidar en que tipo de ámbitos se presentan.

Si las compañías grabadoras, representantes, managers, etc no deben responder con su patrimonio personal, no afectarán , la próxima vez, recursos suficientes, en la forma de abogados, peritos en temas de seguridad, controles sobre los elementos que ingresa el público, etc., para evitar accidentes.

Nuestra propuesta concreta es: Evitemos que esto se repita. Deroguemos todos los controles del estado. Ahorremos recursos al fisco, que serán mejor aprovechados en equipar hospitales, bibliotecas, pagar policías, maestros, jueces y médicos.

Legislemos adecuadamente de modo tal que quede claro que en caso de una tragedia de este tipo, no solo el propietario del inmueble deberá responder totalmente por los daños, sino también los artistas participantes, sus representantes, auspiciantes, compañías discográficas, titulares de derechos de autor y demás empresarios privados que lucran legítimamente con el show.

Del mismo modo que cuando muere una persona realizando un trabajo, la legislación laboral no se preocupa por averiguar si existía contrato de trabajo, si habían recibos de sueldos firmados, si el contratante era el titular del establecimiento o si  habían en el medio una cadena de subcontratistas, y si se había suscripto o no un seguro de accidentes personales o uno de riegos del trabajo, sino que todos pasan a ser solidaria e ilimitadamente responsables; de igual modo, se deberá asignar el mismo tipo de responsabilidad a quienes organizan y lucran con estos espectáculos.

El único control que debería realizarse sería el de asegurarse que se han contratado seguros de responsabilidad civil, en compañías solventes, que puedan cubrir un eventual siniestro, en caso en que el patrimonio personal de los organizadores no alcance para hacerlo.

Entonces, toda la eficiente maquinaria del sector privado se pondrá en marcha: una legión de abogados estará a disposición para estudiar las pólizas de seguros, un ejército de analistas de riesgos y seguridad estarán disponibles para opinar sobre las condiciones de habilitación de los locales. Expertos de todo tipo podrán desnudar falencias en la ventilación, los materiales usados, las salidas de emergencia, elementos de lucha contra incendios, etc.

Quienes pagan la entrada asumirán el costo de su seguridad, y no tendremos subsidios ocultos en la habilitación de trampas mortales para satisfacer las ambiciones de pseudo-empresarios, que no llegarán a ser nunca empresarios porque no operan en ámbitos competitivos, con reglas de juego iguales que las de sus competidores.

Lo que no puede aceptarse es que una joven deba dar a luz a su hijo en un decadente hospital público, con todo tipo de falencias, o que un niño deba perder días de clase porque sus maestros no cobran, mientras se dilapidan fondos públicos en tratar de paliar muy parcialmente los efectos de catástrofes evitables, causadas por gente que pretende lucrar evadiendo sus responsabilidades, mientras los funcionarios de turno intentan llevar agua para su molino y aprovechan para ampliar su poder político, aumentar impuestos y agrandar las funciones del estado para hacerlas más ineficientes.

La ciudad parece poder controlar la seguridad de quienes acuden a las funciones de gala del teatro Colón. Pero no parece poder manejar la seguridad de los más necesitados, a quienes el discurso político progresista dice proteger.

 

Reestructuración de deuda, inversión y superávit comercial

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 1/2/2005 en la web de Fundación Atlas:

Pongamos atención en tres noticias:

– Solo el 26.6 % de los tenedores de bonos, han aceptado el canje.

– El Foro Económico Mundial, en Davos, concluyó que no hay interés en invertir  en América Latina.

– El superávit de balance comercial registrado por Argentina en 2004 se redujo un 22.8 %, porque, si bien las exportaciones crecieron un 17 % , las importaciones aumentaron  en un 61 %. Pero el volumen de las exportaciones solo creció un 5 %. El resto de la suba se explica por una mejora en los precios.

Las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario representaron un 34 % ; más de un tercio de las exportaciones argentinas. Y su precio , en el ejercicio pasado fue un 50 % más alto que el que se cotiza para la campaña que viene.

Sabemos que si el país no resuelve favorablemente el problema de la deuda, es muy difícil que se radiquen inversiones. Las conclusiones del Foro Económico Mundial, confirman esto.

Sin inversiones no hay forma de aumentar la productividad, cambiar métodos de producción, reducir costos y ganar competitividad internacional.

En todo proceso de producción, el capital fijo sufre un deterioro. Si no lo renovamos, reinvirtiendo, producimos cada vez menos, y nuestros costos suben.

La crisis de hacen 2 años, no ha permitido que las empresas locales inviertan, apenas pudieron apoyarse en una coyuntura de precios favorable, situación que ya ha quedado en el pasado.

El canje de deuda tampoco avanza tan favorablemente: Ni siquiera el empresario local puede estimar cuales van a ser los compromisos de amortización de deuda que tendrá que enfrentar el estado en el corto, mediano y largo plazo.

¿Cómo analizar con lógica y fundamentos en donde le conviene colocar un excedente financiero, si es que lo tiene? Muchísimo menos va a poder justificar un proyecto de inversión y conseguir que un banco entienda su negocio, como para arriesgarse a financiarlo.

Los precios internos de muchos bienes y servicios han subido lo suficiente como para que se empiece a sentir la presión de los bienes importados.

Además, como la inversión no se hace presente, la necesidad de importar insumos se va haciendo más evidente.

En conclusión: Si los niveles de impuestos no bajan, especialmente los de las retenciones a las exportaciones, para permitir mejorar nuestra competitividad internacional, si  la incertidumbre respecto del manejo de la deuda no desaparece, generándose una corriente de inversión genuina, y si no se permite que quienes son eficientes y pueden exportar capturen estas ganancias y reinviertan, es muy difícil el crecimiento.

Finalmente: En presencia de superávit comercial y sin interferencia del gobierno, el dólar tenderá a bajar, y el superávit desaparecerá Mientras esto ocurre, los exportadores deberán poder importar bienes de capital y mejorar su competitividad, preparándose para el nuevo escenario de precios que deberán enfrentar en el futuro.

Pero el gobierno insiste en captar buena parte de ese superávit, ya sea con retenciones a las exportaciones, ( que le quitan rentabilidad a quienes exportan, y por ende les impide reinvertir), o sencillamente comprando ese excedente de dólares en el mercado, inyectando más dinero en la economía, esto provoca que los precios internos suban, los productos locales pierdan competitividad, le economía no pueda crecer, y aumente la demanda de productos importados. Nuevamente se está perdiendo una oportunidad de permitir que las empresas se capitalicen, los salarios reales puedan crecer por un aumento de la productividad, y se puedan ganar mercados. Mientras algunos nos estancamos, el resto del mundo sigue avanzando.

 

 

¿Qué es Dolarización, y a quién le conviene?

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 11/3/2002 en Buenos Aires Económico.

Días atrás, aquí mismo, se publicó un artículo, ( “Dolarización: Una solución o puja de Intereses”, por Salvador Treber), que me parece emblemático para comprender porque la economía de nuestro país transita por tan difíciles senderos.

El artículo en cuestión no hace sino confirmar que el grado de confusión que sobre las cuestiones económicas siembran algunos analistas hace imposible un análisis técnico serio, desapasionado, profesional y ajustado a lo que la Ciencia Económica, ( y no la ideología política), requeriría para  hacer zafar al país del escollo en el que se encuentra varado, y que amenaza con echarlo a pique.

Su autor afirma, que haría falta un ingreso, vía endeudamiento de 55.000 millones de dólares para dolarizar la economía. Y no plantea ninguna otra forma de hacerlo. Es evidente que el articulo nos está planteando la imposibilidad de dolarizar. Y si no se puede dolarizar, lo único que nos resta es quedar a merced de una moneda doméstica que será manejada “en forma autónoma”, lo que es lo mismo que decir, de acuerdo a la conveniencia de los gobernantes de turno. ( Y atención, porque parece que los turnos, en Argentina, son cada vez más cortos).

Pensar que solo se puede mantener la estabilidad monetaria por la vía de incrementar aún más la deuda pública, (en un momento en que ha quedado probado que el crédito internacional y aún el interno han quedado cerrados), es por lo menos “naif”, e implica subestimar la capacidad de análisis del ciudadano medio.

Además sería como querer apagar el fuego con nafta o querer hacer callar a un chancho a palos.

Es absurdo plantear que la única forma de dolarizar la economía sea traer 50.000 millones de dólares en una valija, ( si es que entran), guardarlos en el Banco Central y luego emitir 50.000 millones de “recibos” en pesos y hacerlos circular, y con eso financiar el déficit fiscal. Eso además de descabellado e inflacionario, es exactamente lo que hizo el Dr. Cavallo en su última gestión, y es lo que nos ha llevado a donde estamos.

Al día siguiente los precios se elevarían a las nubes, por el incremento repentino en la cantidad de moneda.

El dinero es una institución económica que reconoce un origen espontáneo, privado y ajustado a las necesidades de la actividad económica. No entender esto es pretender que desde la esfera oficial se puede manipular una variable económica que es centralmente el termómetro de la economía. Implica no entender que si se destruye el sistema de precios, vía inflación, los empresarios se quedan sin información que les permita asignar recursos, y no pueden entender que bienes son los que los consumidores demandan, y que sistemas de producción pueden implementarse, dado un determinado stock de capital y según sea la preferencia por consumir o ahorrar que las personas del país demuestren en cada momento.

La solución a los problemas de liquidez que experimentó el sistema financiero, y con muchísima más gravedad las instituciones bancarias oficiales en los últimos días del año pasado y primeros de este año no se deben a que haya escasez de papeles impresos, ( sino, sería fácilmente solucionable imprimiendo papeles), ni a que haya escasez de dólares. Es un problema de confianza y de ruptura del marco jurídico.

La cantidad de dinero de una economía no depende exclusivamente de estas dos variables. Dependen también en gran medida de la velocidad de circulación y de las posibilidades que se den al mercado de generar lo que técnicamente se denominan “medios fiduciarios”, es decir medios de pago.

Veámoslo desde la esfera privada: Cuando cualquier comerciante solvente o empresario productivo no encuentra transitoriamente en su caja billetes o monedas para pagar una deuda, debe optar por cancelarla, girando un cheque sobre sus fondos depositados en un banco, o contra un crédito que obtiene de la entidad financiera.

En cualquiera de ambos casos, se están expandiendo los medios de pago. En el primero, es el empresario quien expande, basándose en su propio crédito. En el segundo caso, es el banco quien expande, basándose en el hecho generalizadamente reconocido de que normalmente nunca se retiran todos los depósitos bancarios al mismo tiempo y en el mismo día. Es decir que una mayor o menor cantidad de medios de pago depende de la confianza de todos los operadores económicos

Cualquiera de ambas conductas son lo que conocemos como expansión secundaria del dinero, y son la causa de que en los bancos, en los últimos meses, los ahorristas no encontraran el 100 % de sus depósitos. Y de que jamás vayan a encontrarlos en ningún sistema financiero del mundo que funcione con encajes fraccionales, ( es decir, que reciba depósitos para prestar una fracción importante de ellos a las empresas y familias).

Esencialmente, como vemos, un sistema financiero moderno funciona en base a la confianza: El ahorrista confía en que le devolverán su depósito. El banquero confía en que no le retirarán el 100 % de los fondos que recibió en un solo día. También confía en que, dado el caso, alguno de sus colegas banqueros le prestará dinero para cubrir situaciones transitorias de iliquidez. Quien toma un préstamo confía en que no le exigirán la devolución del crédito mañana, y por eso lo invierte en una actividad productiva que, quizás, tarde meses en dar frutos.

Todos confían en que el dinero mantendrá su poder adquisitivo, y que con la misma cantidad de dinero podrán comprar similar cantidad de bienes en el futuro.

Sin esta confianza, no habrían inversores, banqueros, tomadores de prestamos, pero esencialmente, tampoco habría dinero fiduciario. Y como vemos, para nada de esto se requiere de la acción del estado. Lo que se requiere es que el estado se abstenga de generar distorsiones. El sector privado jamás ha necesitado del estado para que este le provea de moneda, y en los últimos años, esto se había hecho evidente: Todo el dinero que había en la economía provenía de lo que el sector privado había generado como reservas de divisas, y que había entregado al estado a cambio de esos  “recibos en dólares”, que eran los “pesos convertibles”. La gente se los prestó al estado, gratis, sin cobrarle ningún interés, simplemente por la confianza que este les merecía.

Cuando en respuesta a esa confianza se responde incautándole a los particulares su riqueza legítimamente ganada, y destruyendo el derecho de propiedad, a partir de allí se genera la iliquidez que padecemos: la gente sospecha que el dinero perderá valor, y se acelera la velocidad de circulación. Nadie confía en que los bancos devuelvan depósitos, dado que ya no los están devolviendo. Ninguna casa matriz de un banco extranjero acude en auxilio de su filial en Argentina, ( lo que les llevaría menos del 1 % de sus depósitos totales, en cualquier caso), no porque no puedan o no sea lo que se hace en estos casos: Simplemente porque no hay confianza.

En la medida que no se detenga la ruleta redistributiva y se deje de repartir precios, ningún empresario querrá producir en nuestro país.

Si no se detiene de una vez el gasto improductivo del estado, ya nadie querrá pagar impuestos, simplemente querrán hacer caer al presidente golpeando sus cacerolas.

Pero la máxima confusión radica en creer que la soberanía es hacer la soberana voluntad del gobernante de turno: eso no es soberanía, es totalitarismo. Y eso, sino es convertir al país en una colonia, es convertirlo en un feudo medieval.

Un estado moderno, con un poder legítimo emanado de sus habitantes, solo puede darse en el marco de un sistema republicano que someta al gobernante a la voluntad del gobernado. Esos fueron los ideales de la gesta de mayo y de la gesta sanmartiniana.

No dejamos de ser colonia para ser víctimas de una facción de nuestros compatriotas.

 

 

¿Por qué las cacerolas? ¿Qué ganamos, y que perdimos?:

Por Guillermo Luis Covernton: Publicado el 8/2/2002 en Buenos Aires Económico.

“Pesifícanos nuestras deudas, así como nosotros pesificamos a nuestros deudores”

En los dos últimos meses hemos asistido a un “pandemonium” de planteos populares, donde columnas enteras de ciudadanos manifestaron indignados contra una cantidad de actos de gobierno.

Se han hecho todo tipo de interpretaciones tendientes a esclarecer las verdaderas intenciones de esos pronunciamientos, y sus objetivos políticos. ¿Por qué la gente golpea cacerolas? Esta pregunta parecería intrascendente, sino fuera porque, golpeándolas, nuestros conciudadanos están volteando a un presidente cada dos semanas.

Para no entrar en el terreno de lo opinable, ni poner en boca de otros algo que sea meramente nuestra propia posición, voy a tratar de analizar que cosas hemos perdido los argentinos a partir de las medidas de gobierno que se tomaron desde las últimas semanas de la presidencia del Dr. De la Rúa hasta el presente, tratando de ver entonces, si tiene sentido pensar que la gente se ha enojado por estas cuestiones concretas.

 Una medida en la que nadie enfatiza demasiado es el re-establecimiento del curso forzoso de la moneda: Se alega que de esa forma “recuperamos” la soberanía sobre nuestro dinero. Lo que no se aclara es “quien” recupera esa soberanía: Usando el plural, nuestros actuales gobernantes han  intentado maquillar la realidad: Sin curso forzoso, el soberano es el ciudadano, y el político debe aceptar la moneda que aquel elija. Con curso forzoso del peso, el individuo pierde el derecho de elegir en que moneda pactar derechos y obligaciones, y la corporación política adquiere la capacidad de cobrarle impuestos sin necesidad de tener que legislar, es decir, nos pueden sacar recursos económicos, sin dictar leyes impositivas.

 Otra prerrogativa que el estado se ha arrogado últimamente es la de obligarnos a incumplir nuestras obligaciones. Como el estado no puede hacerse cargo de sus deudas, se ha incautado de los activos que las personas conservaban en el sistema bancario, y a cambio les ha dado una ley que les permite defenderse de las acciones legítimas que sus acreedores hubieran podido tomar. Así hoy es imposible para alguien pagar una obligación con el exterior, aunque haya acumulado con esfuerzo y constancia los dólares necesarios en una cuenta bancaria a la vista, ( nótese que en este caso, ni siquiera los había prestado, ni iba a percibir intereses por su dinero, durante el tiempo que este quedara en el banco).

 Ante la inestabilidad total que sus conductas han generado en sus relaciones con los particulares, el gobierno no ha encontrado mejor solución que destruir la estabilidad en las relaciones entre particulares. Así por ejemplo, quien había contratado y estaba pagando un seguro en dólares, para cubrir el riesgo de un activo que tiene un valor muy estable en dólares, hoy se encuentra con que no sabe si puede seguir cumpliendo con su obligación de pagar la cuota, y tampoco sabe en que moneda la pagarán, en caso de siniestro, con lo que, en los hechos, ha quedado infra-asegurado.

Lo mismo ocurre con cualquier otro tipo de contrato en dólares, siendo mucho más grave el efecto sobre los contratos de futuros, que por su esencia requieren de estabilidad en la moneda que se pactan.

 Algo tan esencialmente de la esfera del derecho privado, como un contrato de mutuo, o de depósito bancario, ha pasado a ser visto como una cuestión de orden público, y por ende, no solo regulado por el estado, sino también, manejado por decreto por el poder ejecutivo, aún en contra de los dictámenes de la Corte Suprema.

 Se ha dicho que se busca proteger al ahorrista, pero se ha tratado por todos los medios de que aquellos bancos que no solo podían, sino que ofrecían devolver los depósitos en la moneda pactada, ( no olvidemos que para la inmensa mayoría de los grandes bancos internacionales, los depósitos pactados en Argentina no llegan ni al 1 % de sus activos), no pudieran hacerlo por disposiciones regulatorias de supuesto “orden público”.

Los ahorristas no quieren retirar su dinero de los bancos, y llevarlo a casa, simplemente quieren saber que lo pueden retirar en cualquier momento: Si se hubiera permitido devolver los depósitos, se hubiera frenado instantáneamente la corrida. Ninguna corrida bancaria se frena meramente con dinero. Es más útil la estabilidad en las reglas de juego, que una bóveda con dólares.

 Se ha dicho que se busca proteger a las empresas, para que no sufran pérdidas patrimoniales, pero parece perderse de vista que el valor de una empresa está determinado por un análisis en donde las expectativas de flujos de fondos futuros, descontados a una tasa de interés dada, juegan un rol fundamental: Por ende, toda política que tienda a disminuir los flujos de ingresos futuros, o eleve la tasa de interés a niveles estratosféricos, solo destruye valor de las empresas. Hoy cualquier activo productivo en Argentina vale la tercera parte de lo que podía obtenerse por su venta un año atrás.

 Un sistema de tipo de cambio fijo tiene ciertas dificultades para ajustar y mantenerse en equilibrio, y entre las más importantes se cuentan: Las rigideces de los salarios a la baja y los precios de ciertas tarifas de servicios públicos privatizados, ajustadas a valores de dólar. El problema, parece ser que, para evitar introducir una discusión en la que se tuviera que pensar en bajar algunos niveles de remuneraciones, o de re-negociar tarifas de servicios no transables, se ha abierto una caja de Pandora que trae como consecuencia la pulverización del salario real, y el más flagrante incumplimiento de los contratos de los servicios mencionados.

 Cuando alguien entra en nuestra casa y se lleva nuestros ahorros, nos está robando el fruto de nuestro esfuerzo pasado. Cuando alguien altera las reglas de juego impidiéndonos producir y generar trabajo, nos está robando la posibilidad de vivir nuestro presente. Cuando se destruye el marco jurídico, la estabilidad de la moneda, y se afecta el crédito y el derecho de los ahorristas, no solo nos están impidiendo ahorrar, y por ende acumular capital que en el futuro nos convertirá en un país más rico. Además nos están robando nuestro futuro.

 Frente a eso, quedan pocas opciones: Algunos golpean cacerolas. Otros, más resignados, rezan la oración del epígrafe.

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