GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Compromiso ambiental y crecimiento sostenido. Un problema dinámico.

Publicado en Revista Cultura Económica Año XXXVI  N°96 Diciembre 2018: 77-94

Resumen: Este trabajo analiza los problemas que se generan por la interacción del
hombre con el ambiente con el correr de los siglos y ante el crecimiento poblacional.
La discusión que esto genera sobre los derechos individuales, la propiedad, la
interferencia gubernamental y su incremento impone la necesidad de generar un
marco doctrinario aceptable, consensuado y lógico, que lo regule, preservando la
autonomía de la voluntad y considerando la evolución y el progreso tecnológico.
Asimismo, menciona diferentes aportaciones relevantes de diversos autores. Y la
evolución del pensamiento económico.


Palabras clave: Ecología; Acción Humana; Desarrollo; Derecho


Abstract: This article analyses the problems generated by the interaction of man
with the environment over the centuries and with population growth. The discussion
that this generates about individual rights, property, government interference and
its increase imposes the need to generate an acceptable, consensual and logical
doctrinal framework that regulates it, preserving the autonomy of the will and
considering the evolution and technological progress. Likewise, the article mentions
different relevant contributions of various authors in the course of the evolution of
economic thought.


Keywords: Ecology; Human Action; Development; Sustained Growth; Law

I. La actividad del hombre y su impacto
Las ideas que hablan sobre un posible impacto negativo de la actividad
de los seres humanos en la tierra tienen una antigüedad similar a la de
la ciencia económica. Existen muchas teorías que han sostenido y
algunas que, aún hoy en día, sostienen la posibilidad de un colapso
catastrófico de la población mundial a causa de los efectos de la

 Recibido: 08/11/2018 – Aceptado: 10/12/2018

actividad del hombre. Malthus advertía que podían existir limitantes
de la evolución de la humanidad hacia la felicidad. Y se refería a una
gran causa, unida íntimamente a la naturaleza del hombre. En sus
palabras: “La causa a la que aludo es la tendencia constante de toda
vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los
recursos disponibles para su subsistencia” (Malthus, 1998: 7). Está
claro que esta cita, que data de 1798, no era, de ninguna manera, una
posición incontrovertible ni compartida por algunos de sus
contemporáneos. Incluso autores bastante anteriores, ya sostenían la
posición contraria.
Spiegel, (1996: 161) refiriéndose a William Petty, (1623-1687),
destaca que sus criterios económicos eran independientes de los
prejuicios de la época, dándole una gran importancia al crecimiento de
la población como fuente del aumento de los ingresos. A su juicio, el
crecimiento poblacional contribuiría a licuar los gastos del estado, que
según decía, no crecían en la misma proporción. Además, enfatizaba
que una mayor población obligaba a mayores esfuerzos y también a
una creciente especialización y enseñanza de oficios y técnicas. En sus
estudios, veía al crecimiento de la población como la solución a los
problemas nacionales.
Por su parte, Spengler (1998: 3) reconocía que la idea de que el
excesivo crecimiento poblacional podía reducir la productividad por
trabajador, deprimir el nivel de vida de las masas y generar conflictos,
era de tal antigüedad que aparecía en trabajos de Confucio y otros
filósofos de la antigua China.
Todas estas teorías se deben enfrentar hoy con la evidencia
incontrovertible de que la población mundial ha crecido mucho más
allá de lo esperado por aquellos autores, provocando hasta ahora unos
niveles de prosperidad nunca imaginados. De acuerdo con el United
States Census Bureau, las estimaciones más bajas acerca de la
población mundial 10.000 años antes de Cristo ascienden solo a 1
millón de seres humanos, y las estimaciones más altas hablarían de 10
millones. En la actualidad, la población mundial está cerca de los
7.500 millones de seres humanos según el reloj de población del

mismo organismo. (United States Census Bureau, 2018: disponible en
línea). Es impensable imaginar que semejante salto poblacional,
acompañado por la producción que ha sido necesario desarrollar para
mantener con vida a una masa poblacional de tal magnitud, que
además ha mejorado sus niveles de prosperidad en forma
astronómica, podría haberse logrado sin que la actividad productiva
del hombre generara impacto ambiental.
II. El enfoque ecologista o de desarrollo sostenible
En los últimos 50 años, como mínimo, las actividades de producción
de bienes y servicios se han visto influenciadas, en la toma de
decisiones empresariales, por lo que se podría denominar, el “enfoque
ecologista” o de “desarrollo sostenible”. Es decir, la preocupación
sobre la sostenibilidad de la actividad productiva, toda vez que la
actividad humana en la tierra implica un impacto sobre el medio
ambiente. Pero, según algunos autores, estas preocupaciones, que en
algún grado son legítimas, generan una influencia perniciosa en el
debate político, la agenda gubernamental y el enfoque del gobierno,
incluso en el tamaño del propio gobierno. Para Seldon:
Democratic government has been inflated by political oversensitivity to exaggeration, rumour and confusion on the risks of
environmental damage […] The fallacies in the extravaganzas of
the environmentalists are mainly five: exaggeration of the
evidence, questionable deduction, the confusion between
inherent risks (in food or medicines) and amounts or doses,
neglect of the cost of prevention, and the allocation of surmised
benefit over the unknown generations (Seldon, 2005: 114).
Incluso va más allá al afirmar que el argumento ambientalista en
favor de medidas de emergencia en el siglo XXI es tan falaz como el
pánico poblacional de Thomas Malthus a principios del siglo XIX. Y
que tiene similares elementos de influencia sobre la ansiedad del
público: advertencias plausibles, pero insustanciales, sobre el riesgo
de daños severos para la humanidad. Seldon considera que así como
Malthus subestimó la tasa de innovación tecnológica, los

ambientalistas de hoy en día pasan por alto el poder de un inesperado
pero probable avance científico para descubrir nuevos tratamientos
que prevengan sus peores escenarios imaginables y hagan innecesario
equipar al gobierno con mayores poderes para influir sobre el accionar
individual.
Actualmente vemos la proliferación de regulaciones e incluso un
movimiento que algunos han calificado como de “sobre-legislación”.
Se pretende regular la contaminación, la degradación del medio
ambiente, la influencia de sistemas de producción sobre las especies
silvestres y la biodiversidad. Esto genera toda una batería de
preocupaciones sobre riesgos supuestos, incluso no probados y hasta
indemostrables, originados en el uso de substancias que no son del
todo conocidas, o que ni siquiera existen en la naturaleza, sino que han
sido sintetizadas y muchas veces diseñadas por el hombre. También se
busca influir y limitar la interferencia humana, y la aplicación de
métodos científicos modernos en la selección y el diseño de
organismos vivos, alteraciones genómicas, transgénicos y
cruzamientos con diferentes objetivos productivos y económicos.
Sin embargo, muchas veces se generalizan los efectos nocivos de
ciertas prácticas, y se desconoce su impacto positivo en el ambiente.
Por ejemplo, la cría de cruzas de surubí que no se dan en estado natural
logra darles vigor híbrido y mayor peso y tasa de crecimiento; la
introducción de genes de especies silvestres o incluso ornamentales en
cultivos industriales de oleaginosas se emplea para darle resistencia a
esquemas de combate químico de malezas. Otro caso es el de la
incorporación de genes de bacilos a híbridos de cereales, capaces de
matar instantáneamente a los insectos que intentan comerlos, y que
permiten prescindir de la utilización de insecticidas. Asimismo, la
introducción de genes de especias que imprimen colores, como el
índigo, en cultivos industriales de textiles como el algodón,
reemplazan la utilización de tinturas industriales para el teñido y la
obtención de telas de denim azul. Estos son sólo algunos ejemplos
ilustrativos de entre muchos otros que sería prácticamente imposible
enumerar aquí, en la brevedad de este estudio.

III. El marco institucional
Todo esto nos obliga a enfocar los problemas que mencionamos, desde
el punto de vista institucional. En efecto, para su estudio y resolución,
no puede perderse de vista el hecho de que las interacciones
intersubjetivas de los millones de individuos involucrados en estas
actividades son movidas por incentivos económicos, desde luego. Pero
tienen estricta relación con sus derechos individuales, su preservación,
con el derecho de propiedad y con la autonomía de la voluntad sobre
esta, y con el interés general y el bien común.
Estas materias han sido estudiadas profundamente en las
últimas décadas por una cantidad importante de teóricos, quienes han
dado origen a lo que se conoce como el análisis económico del derecho,
llamado también el enfoque de Law & Economics. En esta rama del
análisis económico y jurídico de la interacción del hombre en sociedad,
resulta insoslayable considerar el enfoque de Ronald Coase. Este fue
expuesto en su muy difundido artículo “The Problem of Social Cost”,
publicado por primera vez en The Journal of Law & Economics en
1960.

  1. El problema del costo social de Coase
    Dau-Schmidt & Ulen (1998: 81) consideran que el nacimiento del
    nuevo movimiento conocido como Law & Economics y la aplicación
    del análisis económico a un espectro mucho más amplio de problemas
    legales se identifica con la publicación de este trabajo seminal de
    Coase. Su autor fue laureado con el Premio del Banco de Suecia en
    Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel en 1991, en parte,
    por sus aportes originales, reflejados en su renombrado artículo. Coase
    explica el contexto de su análisis de la siguiente manera:
    This paper is concerned with those actions of business firms
    which has harmful effects on those occupying neighboring
    properties. The economic analysis of such a situation has usually
    proceeded in terms of a divergence between the private and social

    product of the Factory, in which economists have largerly
    followed the treatment of Pigou in The Economics of Welfare”
    (Coase, 1960: 81).
    En su argumentación, Coase manifiesta que discrepa con el
    enfoque de Pigou (1946), el cual podría resumirse en que sería
    conveniente asignarle una responsabilidad al dueño de la fábrica por
    los daños causados a los vecinos afectados por el humo o
    contaminación, o si fuera difícil o impracticable hacerle pagar por los
    daños, aplicarle un impuesto variable en proporción a la cantidad de
    humo o contaminación producidos, equivalente en términos
    monetarios al daño que causa, o finalmente, excluir a las fábricas de
    las zonas habitadas (Coase, 1960: 82). Las razones por las que Coase
    objeta la posición de Pigou las explica alegando que los cursos de
    acción sugeridos por éste serían inadecuados, porque arribarían a
    resultados no deseados, que incrementarían el costo de toda la
    sociedad en su conjunto, afectando sus posibilidades de desarrollo y
    de prosperidad.
    El error, para Coase, radica en formular el problema como si el
    individuo A estuviera causando un daño al individuo B. Para evitar
    esto, se le debe generar un costo a A de tal magnitud que le haga
    desistir en su accionar, como si, siempre y en todos los casos, el
    accionar de A no generara ningún tipo de beneficio ni personal ni
    social.
    Afirma que el enfoque es erróneo, porque para ambas partes hay
    costo y beneficios, y se debe encontrar una regla para establecer por
    qué se beneficiará a uno de ellos y se perjudicará al otro. Esta regla
    propone reducir el costo a la sociedad en su conjunto, maximizando
    sus beneficios. Para ello ejemplifica con la actividad de un panadero
    que produce vibraciones que impiden la acción terapéutica de un
    médico. Y, dado que los servicios del médico son más restringidos y
    más valorados que los del panadero, se debería lograr que este último
    cese en su actividad (Coase, 1960: 82).

    Asimismo, refiere un ejemplo del profesor Stigler, de una
    industria que produce mortandad de peces por la contaminación de un
    curso de agua, y afirma que habría que tasar si los peces tienen más
    valor, o la producción industrial los supera (Stigler, 1952: 105) El
    problema, para poder tasar estos costos, explicado con varios ejemplos
    exhaustivos, radica en que los precios y los costos variarán en función
    a los rendimientos, y serán muy diferentes si una de las partes se ve
    obligada a reducir el volumen de su actividad, en función de evitar
    externalidades que afecten a la otra parte.
    Todos los precios relativos de insumos y productos se verán
    tergiversados, en caso de introducirse una regulación, de maneras que
    no se pueden determinar de antemano. La propuesta de Coase, (1960:
    110) radica en cambiar el enfoque del problema que los economistas
    han planteado como una divergencia entre el beneficio social y el
    beneficio privado. Afirma que las medidas correctivas pueden generar
    perjuicios sociales no adecuadamente considerados, y remite al
    concepto de costo de oportunidad, un aporte claramente austríaco y
    emparentado con el análisis marginalista, que debemos a Friedrich
    von Wieser. Recomienda usar esta alternativa cuando se manejan
    cuestiones de política económica, comparando, en cada caso, el
    producto total obtenido mediante ordenamientos sociales
    alternativos. Asimismo, condena firmemente que la comparación se
    realiza entre un mundo de laissez faire y una especie de mundo ideal
    en el que no existen ni están muy claramente determinados los costos
    y los beneficios (Coase, 1960: 110).
    También destaca que hay una falacia implícita en establecer el
    análisis como si se tratara del uso de insumos que tienen un
    determinado valor de mercado, que en el caso del ejemplo, parecería
    ser el valor que tienen en el momento inicial. Sin embargo, en realidad,
    cada uno de estos insumos debe observarse como un conjunto de
    derechos de usos alternativos que el propietario tiene sobre ellos, y
    cuyo valor varía claramente en función a las restricciones que sobre su
    uso se establezcan. Precisamente, las limitaciones al uso de cada uno

    de los recursos involucrados son claramente lo que les asigna su valor
    real (Coase, 1960: 111).
    La crítica que Coase hace a Pigou es simple: afirma que el
    enfoque del problema se centra en un examen del valor de la
    producción física. El producto privado es el valor del producto
    adicional resultante de la actividad particular de un negocio. El
    producto social es igual al producto privado menos la disminución en
    el valor de la producción en otra parte, por la que no paga una
    compensación el propietario del negocio (Coase, 1960: 107). Para
    Pigou, el análisis focaliza en la decisión del negocio individual, y no
    considera que el uso de ciertos recursos no está tasado en los costos
    (Pigou, 1920: 4ª Ed 1932: 177-183). Por su parte, Coase encuentra
    preferible usar el concepto de costo de oportunidad y comparar el
    valor del producto obtenido por los factores en otros usos alternativos.
    Afirma que la ventaja principal de un sistema de precios es que
    conduce al empleo de los factores donde el valor del producto
    resultante es mayor y lo hace a un costo menor que los sistemas
    alternativos (Coase, 1960: 107).
  2. Opiniones concordantes
    Salin se plantea si el ecologismo es una amenaza para el ambiente. Y
    afirma que si se quiere hacer desaparecer a una especie animal o
    vegetal, lo mejor sería darle el estatus de especie amenazada y erigirla
    en “patrimonio de la humanidad”, ya que ésta nunca se ha movilizado
    en defensa de ninguna especie en peligro (Salin, 2008: 412). Acusa a
    los burócratas y activistas ecologistas de lucrar con este tipo de
    proclamas para adquirir notoriedad, cuando el problema real pasa por
    una insuficiencia de capitalismo. Por ejemplo, presenta el caso de los
    elefantes en África, que corrían peligro de extinción porque eran
    bienes sin dueños, de modo tal que el que se apropia de uno obtiene
    un lucro privado frente a un costo colectivo, sobre el que nadie tiene
    interés. Entre los efectos no deseados de las regulaciones
    gubernamentales al respecto, que llama “efectos perversos”, cita la

    prohibición al comercio de marfil, con el declarado objetivo de
    proteger a los elefantes. La aparición de un mercado negro dispara el
    precio del marfil, haciendo mucho más lucrativa la caza de la especie
    amenazada. Así, Salin muestra que la economía liberal se basa en el
    respeto a los derechos de los demás, limitando de esta manera el
    espíritu de lucro. Privatizar los elefantes obligaría a respetar los
    derechos de sus dueños, quienes tendrían un interés concreto en
    protegerlos y arbitrar los medios para facilitar su reproducción (Salin,
    2008: 414).
    Podemos afirmar que a nadie se le ocurriría que las vacas
    pudieran extinguirse, dado el actual ordenamiento jurídico. Pero
    queda claro que esto sí podría ocurrir si una regulación internacional
    prohibiera su explotación y comercio. Y obligara a dejarlas en estado
    silvestre. Salin, (2008: 416) afirma que es la falta de capitalismo y de
    derechos de propiedad lo que genera la destrucción del ambiente.
    Ejemplifica con la tala indiscriminada de bosques tropicales, realizada
    por empresas multinacionales que explotan concesiones de
    explotación, que no implican la propiedad de los bosques. Por lo tanto,
    no tienen ningún incentivo para proteger o explotar el recurso de
    manera sostenible. Si esos bosques fueran asignados en propiedad y
    pudieran ser vendibles, sus dueños velarían por reponer las especies
    explotadas y por mantener un stock de ejemplares explotables
    constante, realizando una tala sostenible, de modo de mantener el
    valor del recurso en el largo plazo. Reconstruir el recurso explotado
    implica un gasto presente, que generará solo un ingreso futuro,
    bastante lejano. Un contrato de concesión de un plazo menor, no
    genera los incentivos necesarios para la sostenibilidad.
    Krause, Zanotti y Ravier plantean la duda: “¿Son el crecimiento
    y la protección ambiental objetivos contrapuestos? ¿Cuál es el sistema
    que mejor permite a los individuos alcanzar estos objetivos?” (Krause,
    M; Zanotti, G y Ravier, A., 2007: 579). Estos autores nos recuerdan
    que la economía neoclásica seguía los preceptos de Lionel Robbins,
    quien consideraba que las comparaciones entre la utilidad, para
    personas diferentes, eran juicios de valor absolutamente subjetivos, y

    por ende no podían ser terreno de la ciencia. Luego nos recuerdan que
    otros autores avanzaron en este sentido planteando que hay mayor
    utilidad cuando hay crecimiento económico, pese a que ha habido
    movimientos ecologistas ascéticos, que defienden políticas de
    “crecimiento cero” como más valorables, en cuanto a que no impactan
    o impactan menos en el medio ambiente. Esto nos lleva nuevamente a
    Robbins.
    Krause, Zanotti y Ravier citan el acierto de Hazel Anderson,
    cuando denuncia que las medidas más difundidas de crecimiento no
    consideran el valor de un medio ambiente limpio (Krause, Zanotti y
    Ravier, 2007: 582). Y da como ejemplo el supuesto crecimiento
    económico de Alaska, luego del desastre del naufragio del buque
    tanque petrolero “Exxon Valdez”, que al bañar sus costas con petróleo
    crudo, hizo necesario tareas de saneamiento y limpieza, que si bien
    impactan sumando en el PBI, claramente destruyeron valor. De
    ninguna manera se podría plantear como una recomendación de
    política económica, hundir un superpetrolero, para reactivar la
    economía.
    Citan el intento de Naciones Unidas de implementar un sistema
    de contabilidad ambiental, para detectar, de alguna forma el
    incremento o reducción de ese patrimonio natural. (Krause, Zanotti y
    Ravier, 2007: 584). La misma implicaría la realización de un
    inventario físico de especies animales y vegetales, los ecosistemas
    implicados y la calidad del aire y el agua subterránea, la biodiversidad
    y las especies silvestres, materiales y energía involucrados en los
    recursos naturales. Pero el aspecto crucial es que, para poder afirmar
    que menores cantidades de unos se compensan con mayores
    cantidades de otros, sería preciso y determinante poder hacer una
    valoración, en una unidad de cuenta, es decir en moneda, mediante la
    cual se pueda unificar la forma de medir aumentos o disminuciones de
    los agregados, frente a cambios en las respectivas cantidades de unos
    bienes por otros.
    Pensemos en la magnitud de la tarea que el “contador ambiental”
    quiere autoimponerse: en muchas instancias, ni siquiera los

    biólogos han podido enumerar la totalidad de especies vegetales
    o animales existentes, además sería necesario contabilizar los
    stocks y sus variaciones. (…) Parece una idea que rápidamente
    puede llevar al ridículo (…) ¿Cómo habrá de hacerse eso? Pues la
    economía ha demostrado que, hasta el momento existen solo dos
    formas: a través del funcionamiento del sistema de precios como
    mecanismo de transmisión de información de las necesidades de
    los consumidores (Hayek, 1937, 1954); o por medio de políticas
    de comando y control, esto es la planificación económica, donde
    son los funcionarios gubernamentales los que deciden la
    asignación de recursos. La economía también ha considerado el
    primer método como claramente superior tanto por cuestiones
    de eficiencia, como éticas. (Krause, M; Zanotti, G y Ravier, A.,
    2007: 584 a 585)
  3. Subjetivismo y la tradición austriaca
    Otro aspecto que a nadie escapa aquí, es que la solución del problema,
    de manera objetiva, es virtualmente imposible, toda vez que las
    valoraciones, en economía, son completamente subjetivas y varían de
    individuo en individuo. Asimismo, para el mismo individuo, varían de
    instante a instante, guardando relación con su utilidad marginal. ¿Qué
    tiene más valor económico, una selva tropical o grandes rebaños de
    ganado de carne? ¿Para quién? ¿Será posible determinar tal cosa como
    un valor “social”? Aunque la pregunta parezca posible, su respuesta ya
    fue dada por la teoría económica, hace más de un siglo. El valor es
    completamente subjetivo y responde a la utilidad marginal
    decreciente. Ignorar esta verdad evidente nos sometería a que los
    sistemas de producción quedaran prisioneros de las estimaciones y de
    las valoraciones de funcionarios o burócratas, quizás incluso bien
    intencionados, y en algún caso, honestos, que pretenderían asignar
    valores y determinar qué es lo que los integrantes de la sociedad
    deberían perseguir como objetivo en cuanto a ese resultado. Pero, la
    inmensa mayoría de las veces, sería poner el esfuerzo productivo
    completo de una sociedad en manos y al arbitrio de personas que nada
    arriesgan. Funcionarios que no tienen forma de conocer valores y
    precios y podrían ser objeto de enormes maniobras de corrupción y de
    favorecimiento de sus allegados, beneficiando a quienes dejarían de

    ser empresarios y se convertirían en destinatarios de prebendas y
    financiadores de estos esquemas de corrupción.
    Esto nos lleva a la segunda alternativa mencionada, es decir, a la
    planificación central y al socialismo. Como explica Mises (1986: 144 a
    190): Es el proceso de mercado, a través de intercambios libres y
    voluntarios, el que va asignando precios a cada uno de los bienes, en
    función de la interacción de cientos de miles de individuos, quienes,
    con sus compras y abstenciones de comprar, determinan los precios
    de mercado y las ganancias y las pérdidas empresariales que los guían
    en el más adecuado proceso de asignación de recursos. Para esto, es
    necesario que exista la propiedad privada de los medios de
    producción. (Mises, L.E. 1986: 194-195) Libertad de comercio y de
    elegir entre unos bienes u otros. Competencia y ganancias
    empresariales que orienten los esfuerzos productivos. Soberanía del
    consumidor, que sabe que al elegir ciertos bienes, está sacrificando la
    posibilidad de acceder a otros. Del mismo modo que el agricultor, en
    el inicio de la colonización de tierras silvestres, que supo que la tala del
    bosque para construir su cabaña y liberar tierras donde sembrar
    pasturas que le permitan alimentar su ganado y sembrar otras especies
    comerciales, le proporcionaban un hogar, abrigo, defensa contra los
    animales silvestres, alimento y la posibilidad de cuidar y educar a sus
    hijos. Renunció a la belleza del ambiente silvestre, que lo condenaba a
    la pobreza, la indigencia y la escasez crónica de todo tipo de alimentos.
    Asimismo, el autor es terminante en afirmar que no existen
    alternativas posibles a este sistema capitalista, que protege y respeta
    la dignidad humana:
    Un orden social basado en el control privado de los medios de
    producción no puede funcionar sin acción empresarial, ganancia
    empresarial y, desde luego, pérdida empresarial (…) En un
    sistema socialista no existen ni empresarios ni pérdidas ni
    ganancias empresarias. Sin embargo, el director supremo de la
    República socialista, tendría que esforzarse para obtener un
    exceso de los ingresos sobre los costos de la misma manera que
    lo hacen los empresarios en un régimen capitalista (…) Lo que es
    importante en este contexto es solamente el hecho de que no es
    factible un tercer sistema. No puede haber algo así como un

    sistema no socialista sin pérdidas y ganancias empresarias”.
    (Mises, L.E. 1986: 194)
    Así también, el mismo autor destaca que esta elección entre la
    manera en que la sociedad va a determinar la forma en que se asignen
    los recursos productivos y se remuneren los factores y los distintos
    esfuerzos humanos implicados en el proceso, condiciona
    inevitablemente el régimen político y las instituciones sociales que
    regirán a esa sociedad. Y que el régimen republicano de gobierno, el
    estado de derecho, la democracia y las libertades civiles se ganan o
    pierden en esta elección.
    Al elegir entre el capitalismo y el socialismo, la gente también
    elige implícitamente entre todas las instituciones sociales que
    necesariamente acompañan a cada uno de estos sistemas, su
    “superestructura”, según Marx. Si el control de la producción es
    arrebatado a los empresarios diariamente elegidos por el
    plebiscito de los consumidores y pasa a manos del comandante
    supremo de los “ejércitos industriales” (Marx y Engels) o de los
    “trabajadores armados” (Lenin), ni el gobierno representativo ni
    las libertades civiles pueden sobrevivir. (Mises, L.E. 1986: 194-
    195).
  4. La falacia de las fallas de mercado y la competencia
    perfecta
    Uno de los enfoques más difundidos aún en el presente, es aquel que
    plantea que la interferencia gubernamental en los procesos de
    producción es imprescindible ya que el mercado fracasa en el logro de
    su cometido. Parte de la base de que el punto óptimo que debe alcanzar
    el mercado es aquel punto definido por Pareto, (Óptimo de Pareto), en
    donde ya no hacen falta más reasignaciones de recursos ni
    intercambios, el mercado cae en un equilibrio y “se vacía”,
    desapareciendo oferentes y demandantes como lo explica Ekelund
    et.al. (Ekelund et.al, 1992: 446 y 637) La afirmación es tan
    disparatada, como lo es la idea de que se ha alcanzado el máximo de
    satisfacción y nada puede hacerse para mejorar. Ignora, como ya se ha

    dicho más arriba, que el valor de los bienes está dado por la utilidad
    marginal. Ignora también que para que ese modelo pueda darse
    existen algunas condiciones, a saber: un conocimiento perfecto de
    precios y cantidades ofrecidas y demandadas, como en una rueda
    bursátil; producto homogéneo, es decir que nos dé lo mismo comprar
    a unos oferentes u otros; nulos costos de transporte, es decir que
    podamos acceder a cualquier oferta a igual costo; infinidad de
    oferentes y demandantes operando cantidades tan insignificantes que
    su acción individual tenga un impacto infinitesimalmente pequeño;
    valoraciones estáticas, que no vayan variando, conforme uno va
    adquiriendo o desprendiéndose de unidades marginales. Cualquier
    mercado que no se ajuste a estos supuestos, en opinión de los
    intervencionistas, merecería ser regulado, porque no logra ese
    equilibrio estático descripto.
    En la realidad, nosotros sabemos perfectamente que el mercado
    es un proceso muy imperfecto de asignación de recursos, en donde los
    agentes económicos, por sucesivas iteraciones, van ajustando su
    comportamiento, de una situación claramente insatisfactoria, a una
    más satisfactoria, sin poder llegar al punto ideal en ningún momento.
    Esto no solo no invalida el proceso, sino que lo asemeja a otras
    situaciones del mundo real. Por ejemplo: es muy claro que un gobierno
    que respete la diversidad de criterios de los ciudadanos es mucho más
    conveniente a sus intereses, que el de un autócrata. Y vamos a
    encontrar un gran consenso en la afirmación de que un gobierno
    representativo y republicano es preferido a uno tiránico y despótico.
    Sin embargo, Kenneth Arrow describió la inherente imposibilidad de
    acceder a un gobierno que refleje perfectamente las preferencias y
    aspiraciones de los individuos, toda vez que ese gobierno sea
    representativo y sus individuos no actúen cada uno en nombre propio.
    Es lo que la literatura llama el “Teorema de la Imposibilidad de
    Arrow”, descripto en su obra “Elección social y valores individuales”,
    (1951), tal como lo reseña Spiegel (1996: 672). Y, sin embargo, la
    imposibilidad de acceder a un gobierno perfecto no nos hace preferir
    al dictador y tirano. Es claro que la democracia representativa es más
    conveniente.

    Del mismo modo, la doctrina cristiana nos enseña que el
    matrimonio es una institución que enaltece a los seres humanos y es
    la base de la familia, que nos permite formarnos y formar a nuestros
    hijos en valores elevados, y que esta unión debe aspirar a una
    perfección tal como la de Cristo y su Iglesia. Sin embargo, somos
    conscientes de que somos humanos e imperfectos y que jamás
    podremos elevarnos a esas alturas, y eso no nos hace preferir la vida
    en aislamiento. En definitiva, la imposibilidad de acceder a la
    perfección divina, no nos impide tratar de vivir a su imagen, ejemplo
    y semejanza. Y se podrían dar muchos más ejemplos sobre esto. El
    absurdo del planteo de las fallas de mercado está explicado más
    exhaustivamente por Krause, M; Zanotti, G y Ravier, A. (2007: 588).
    IV. Conclusión
    En definitiva, si queremos comparar cualquier enfoque de lo que se
    conoce como “Ecología de libre mercado”, en donde los incentivos
    para actuar correctamente y en armonía con nuestros semejantes
    estén alineados con alicientes económicos, deberemos aceptar que no
    se puede comparar y descartar el proceso de mercado, imperfecto,
    humano, mejorable instante a instante y cambiante, con una idea de
    mundo perfecto, inalcanzable e inconducente a decisiones adecuadas.
    En este sentido, destacamos lo que sintetizan Anderson y Leal
    (1993), que han dedicado años al estudio de estos temas y que son
    tomadas como referentes. Estos autores insisten en que las normas del
    llamado “desarrollo sostenible” exigen regulaciones políticas que
    intentan disciplinar a productores y consumidores, limitando el
    crecimiento económico. (Anderson, T. L. & Leal, D. R., 1993: 259)
    También sostienen que esta falta de crecimiento económico
    afecta la colaboración social y lleva a los agentes económicos como si
    vivieran en una economía de suma cero. Eso deriva en políticas
    redistribucionistas y de control de la natalidad. (Anderson, T. L. &
    Leal, D. R., 1993: 259)

    Para poder tener eficiencia en ese proceso regulatorio y de
    control, sería menester que el mismo fuera llevado a cabo por:
    “expertos omniscientes y benevolentes que pueden modelar
    ecosistemas y dictar soluciones” (Anderson, T. L. & Leal, D. R., 1993:
    259).
    El nivel de conocimientos, información y sentido ético de estos
    planificadores los obligaría a conocer aspectos del problema que no se
    pueden conocer en el presente, y ni siquiera responden a incentivos
    presentes:
    los gestores de la política deben poseer la información, los
    conocimientos, y el sentido ético necesarios para administrar la
    sostenibilidad. Deben tener conocimientos tecnológicos sobre la
    cantidad y la calidad de los recursos, tanto humanos como físicos.
    Deben conocer asimismo las necesidades materiales tanto de la
    generación actual como de las venideras. Y deben, además, dejar
    de lado todo interés personal y egoísta y actuar única y
    exclusivamente en beneficio de la presente generación y de las
    futuras… (Anderson, T. L. & Leal, D. R., 1993: 260)
    Aceptar estos extremos nos obligaría a asumir que el proceso
    político tiene la suficiente perfección y representatividad como para
    reflejar muy detalladamente las demandas individuales y dejar de lado
    las necesidades presentes, y equipararlas con las futuras. Y asumir que
    la tecnología no podrá proponernos soluciones alternativas, mucho
    más económicas, en el futuro.
    Nuestras conclusiones están en un todo alineadas con los
    expertos en “Ecología de Mercado” que citamos. Estamos convencidos
    en que hay que confiar en la capacidad humana de innovar y encontrar
    soluciones diferentes y mejores a problemas que ya existían desde
    tiempos bíblicos y que no se solucionaban con mecanismos
    compatibles con las instituciones políticas y sociales de hoy. Ha sido la
    libertad, el derecho de propiedad y la concepción del valor tiempo del
    dinero y los incentivos para encontrar soluciones para el momento
    actual lo que nos ha permitido salir de la pobreza. Y a la vez,
    desarrollar mecanismos republicanos y democráticos, asegurar el
    estado de derecho y la ausencia de privilegios, elevando los niveles de

    vida y el bienestar material, así como el conocimiento científico a
    niveles impensables hace apenas dos siglos. Y logrando, como dicen
    otros autores: “ elevar los niveles de vida y –tal vez lo más importantede ensanchar el espacio de las libertades individuales” (Anderson, T.
    L. & Leal, D. R., 1993: 263).
    Referencias bibliográficas
    Anderson, T. L. & Leal, D. R. (1993). Ecología de mercado. Unión
    Editorial, Madrid.
    Coase, R. H. (1960). “The Problem of Social Cost”. En Dau-Schmidt &
    Ulen Law and Economics Antology. Anderson Publishing Co.,
    Cincinnati.
    Dau-Schmidt & Ulen (1998). Law and Economics Antology. Anderson
    Publishing Co., Cincinnati.
    Ekelund R.B. & Hébert, R.F. (1992). Historia de la teoría económica
    y de su método. Mc Graw Hill.
    Krause, M; Zanotti, G y Ravier, A. (2007). Elementos de economía
    política. La Ley, Buenos Aires.
    Malthus, T. R. (1998). Ensayo sobre el principio de la población.
    Fondo de Cultura Económica, México.
    Mises, L.E. (1986). Planificación para la libertad. Centro de estudios
    sobre la libertad, Buenos Aires.
    Pareto, V. (1906). Manuale di Economia Politica con una
    Introduzione alla Scienza Sociale. Societá Editrice Libraria,
    Milano.
    Pigou, A. C. (1920) (4ª ed. 1932). The Economics of the Welfare.
    Macmillan, Londres.
    Salin, P. (2008). Liberalismo. Unión Editorial, Madrid.
    Seldon, A. (2005). Government Failure and Over-Government.
    Liberty Fund, Indianápolis.
    Spiegel, H. W. (1996). El desarrollo del pensamiento económico.
    Ediciones Omega, Barcelona.

    Spengler , J. J. (1998). “History of Population Theories”. En Simon,
    Julian L. The Economics of Population: Classic Writings.
    Transaction Publishers, New Brunswick.
    Stigler, G. J. (1952) The Theory of Price. Macmillan, New York
    United States Census Bureau (2018). https://census.gov/data/tables/
    time-series/demo/international-programs/historical-estworldpop.html
    Ultimo acceso: junio 2018
    Wieser, F. v. (1914). Theorie der gesellschaftlichen wirtschaft. J.C.B.
    Mohr, Tübingen.
Anuncio publicitario

La inmigración, como determinante del desarrollo:

Un estudio analógico entre el desarrollo explosivo de la Argentina y el futuro del Sahara Occidental.

Este trabajo fue expuesto en El Aayún, Sahara Occidental, en el evento: Alter Forum, desarrollado entre los días 5 y 7 de Junio de 2019.

Los fundamentos causales, determinantes del desarrollo, constituyen una temática de enorme interés para el debate sobre un futuro promisorio, armonioso y de progreso para el Sahara Occidental. Una región del mundo en la que no parece haber acuerdo sobre si es absolutamente pobre o es de una riqueza enorme, muchas veces representadas por las enormes reservas de fosfatos, evidenciadas en las minas de Bucraa y los inconmensurables bancos de peces del atlántico, entre Canarias y el Sahara occidental.

Para acercarnos a una mejor comprensión de los mecanismos institucionales e incentivos más adecuados, conducentes a este objetivo de progreso y de prosperidad, de interés común, propondremos analizar el proceso de desarrollo inicial de nuestra patria, como un estudio analógico con lo que, creemos, puede llegar a ser el desarrollo y prosperidad del Sahara Occidental en los años venideros. 

Vamos a hacer una salvedad metodológica, ya que no somos empiristas. Como ya explicara uno de los grandes maestros: Los hechos del pasado, muy poco nos dejan prever, acerca de lo que nos depararán los acontecimientos futuros. No hay fundamentos lógicos para afirmar que lo que haya ocurrido alguna vez, en ciertas circunstancias, deberá repetirse en un ambiente similar. Pero sí podemos afirmar que los hombres tienden a actuar buscando su propio beneficio y de esta forma establecen lazos y vínculos que tejen un proceso de colaboración social. Luego de muchos intentos, han terminado prefiriendo la cooperación pacífica y el entendimiento, al estado de naturaleza y a la confrontación[1]. Precisamente por esto, no son los datos del pasado ni sus similitudes los que nos llevarán a defender ciertas afirmaciones. Sino más bien, los fundamentos lógicos del accionar humano serán los que nos van a ayudar muchísimo a interpretar que pasó en el desierto Argentino y porque. A partir de allí podremos encontrar razones como para afirmar científicamente que es posible lograr resultados similares, valgan las importantes diferencias, para poder lograr un desarrollo armónico del Sahara Occidental, en los próximos años, si se logran implementar los incentivos adecuados y un marco institucional coherente.

Argentina, hasta la adopción de su ordenamiento constitucional, en 1853, era un desierto. Consideremos su superficie: Un país de más de 2 millones 780 mil Kms2, (2.780.400). Para tener una magnitud de su extensión, vale recordar que la distancia entre 2 de sus ciudades más alejadas, La Quiaca y Ushuaia[2], (4.319 kms), equivale a la distancia entre Lisboa y Moscú, (4.650 kms)[3].

Al momento de iniciarse la “Organización Nacional”, es decir, cuando se terminan las guerras civiles internas que fueron una constante a lo largo del Siglo XIX y al adoptarse la Constitución Nacional, que aún rige sus destinos, su población se podía estimar en 1 millón 216 mil, (1.216.000) habitantes, en 1853. Eso nos indica una densidad de Cero coma 4373, (0,4373) habitantes por Km2. Una densidad de población, por Km2, muy similar a la que exhibe hoy el Sahara Occidental, según las estimaciones de las Naciones Unidas de los últimos 5 años.

A partir de allí, la Argentina llegó a crecer a tasas anuales de más del 30 por mil, debido a la afluencia masiva de migrantes reducidos a la extrema pobreza, pero fuertemente esperanzados en su futuro en la nueva nación. Alcanzando en 1895 una población de más de 4 millones 123 mil habitantes, (4.123.800)[4].

Semejante tasa de crecimiento poblacional, que no se explica por el crecimiento vegetativo, sino más bien por el arribo de ingentes masas de migrantes sumidos en la más absoluta miseria, debió haber hecho caer el ingreso por cápita de la población. Pero, contrariamente a lo esperable, este ingreso no solo creció a escalas inusitadas, nunca más vistas, sino que, además se convirtió, en el referido año de 1895, y manteniéndolo en 1896, en el PBI per cápita más alto del mundo, como lo atestiguan los estudios del “Proyecto Maddison”[5].[6]

http://www.libertadyprogresonline.org/wp-content/uploads/2018/04/pbi-1895.png

Todo aquello por lo que se conoció a la Argentina de la época y todo aquello por lo que se la conoce hoy, no existía. No existía la agricultura, porque las tierras no eran susceptibles de apropiación privada. Durante el período colonial, la totalidad del territorio que hoy integra la nación era un dominio del Rey de España. Quién concedía permisos de explotación de distinto tipo, pero muy rara vez otorgaba la propiedad de nada que no fueran fincas urbanas. Y cuando lo hacía, solo era a favor de españoles nobles. Un ejemplo de los muy contadísimos de ellos puede ser el del malogrado Juan José Feliciano Fernández Campero y Pérez de Uriondo Martiarena, Marqués de Yavi[7], ejecutado por la corona, por su apoyo a la revolución[8]. No existía la ganadería porque las tierras baldías del rey eran periódicamente asoladas por los malones de los aborígenes que, desconociendo el más mínimo orden jurídico, al que nunca habían estado sometidos, robaban el ganado y las mujeres de quienes intentaran poblarlas[9]. No habian posibilidades de transportar una producción que ni siquiera existía porque no había infraestructura ferroviaria, ni inversión extranjera, ni tecnología. No había explotación pesquera, porque se ignoraban las artes de la navegación y no se contaban con barcos adecuados a esas tareas. No existían posibilidades de exportar esa producción que se generó después, cuando el capital extranjero se hizo presente, invirtiendo en puertos, vías férreas, almacenaje y logística, por la inexistencia de esas infraestructuras imprescindibles.

A tal punto que solo se exportaban cueros salados de los animales vacunos que vagaban silvestres, por imposibilidad de mantenerlos cautivos y sujetos a domesticación que permitiera su engorde, y posterior faena, para aprovechar su carne[10]. El país entero era un enorme desierto poblado por gauchos y aborígenes nómadas, que vivían, unos de la caza de rebaños salvajes y otros, del pillaje y el malón, que asolaba las poblaciones de los colonos que intentaban producir.[11].

Pero luego vino la civilización. Se diseñó un marco institucional, se juró la Constitución Nacional, pensada y redactada por Juan Bautista Alberdi, a inspiración de la Constitución de los Estados Unidos de América y de la Constitución de California y de otros estados del norte. Se enfatizó en la protección de los derechos individuales, en el amparo de la propiedad privada, en la autonomía de la voluntad a los efectos del diseño e implementación de los arreglos contractuales que resulten necesarios, en la subordinación del estado al sistema jurídico, en el estado de derecho, ante el cual, existe igualdad ante la ley para los gobernados y ante los gobernantes y el estado. Y en la subsidiariedad de la acción estatal, frente a la iniciativa privada y al capital de riesgo[12].

Juan Bautista Alberdi abogó fuertemente por promover la inmigración, como una herramienta de impulsar la adopción de conocimientos tecnológicos aportados por los migrantes, con experiencias de vida muy diversas. Y de esa forma impulsar el progreso y el bienestar a través de la constitución de empresas, promoción del comercio e industria y de toda actividad económica conexa[13].

Estas ideas quedaron plasmadas en el ordenamiento institucional, a partir de su elevación al rango constitucional de estos principios rectores de la política argentina durante el siglo XIX. Así se estableció que:

Art. 20. – Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión; poseer bienes raíces, comprarlos y enajenarlos; navegar los ríos y costas; ejercer libremente su culto; testar y casarse conforme a las leyes. No están obligados a admitir la ciudadanía, ni a pagar contribuciones forzosas extraordinarias. Obtienen nacionalización residiendo dos años continuos en la Nación; pero la autoridad puede acortar este término a favor del que lo Solicite, alegando y probando servicios a la República.[14]

Es por eso que en nuestra patria no puede hablarse de tal cosa como “inmigración ilegal”. Porque cualquier ciudadano extranjero, que no hubiera cometido delitos y estuviese evadiendo la justicia de origen, pudo establecerse, trabajar, educarse, enseñar, difundir ideas por la prensa y dar origen a cualquier emprendimiento empresarial que lo llevara a prosperar.

Se garantizaron los derechos de las personas de forma taxativa e inalienable, dejando en claro cuales eran estos derechos esenciales a la libertad:

Se garantizó la libre circulación de las mercaderías:

“Art. 10. – En el interior de la República es libre de derechos la circulación de los efectos de producción o fabricación nacional, así como la de los géneros y mercancías de todas clases, despachadas en las aduanas exteriores.[15]

Se prohibió la aplicación de gravámenes e impuestos que tasen la circulación de bienes y mercaderías:

“Art. 1 l. – Los artículos de producción o fabricación nacional o extranjera, así como los ganados de toda especie, que pasen por territorio de una provincia a otra, serán libres de los derechos llamados de tránsito, siéndolo también los carruajes, buques o, bestias en que se transporten; y ningún otro derecho podrá irnponérseles en adelante, cualquiera que sea su denominación, por el hecho de transitar el territorio[16]”.

Se enumeraron y dejaron bien claros los derechos de los habitantes del país, que eran reconocidos aún a los extranjeros y a quienes no fueran ciudadanos:

“Art. 14: -Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria licita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.[17]

No fueron los recursos naturales, que ni siquiera eran de utilidad en esos tiempos, los que hicieron crecer al país. Sino sus instituciones, los marcos regulatorios de las relaciones interpersonales, las posibilidades infinitas de relacionarse con los demás, de asociarse, de dar origen a formas de negocios y a mecanismos de negociación que garantizan el cumplimiento de los contratos y dan seguridad y permiten administrar o derivar los riesgos comerciales. Como ejemplo de eso se pueden mencionar, en la actualidad, a los mercados institucionalizados de materias primas agrícolas, (granos, oleaginosas, carnes), así como a los mercados de derivados financieros y mecanismos de cobertura de riesgo mediante contratos de futuros[18]. Fue muy importante el respeto por la cultura, la diversidad y las creencias, así como la libertad religiosa.

Todo este marco institucional permitió generar riquezas y oportunidades de negocios y explotar ventajas competitivas, que generaron una correcta asignación de recursos, captaron inversiones competitivas y dieron lugar a la creatividad y al establecimiento de miles de empresas y negocios de propiedad particular. En sintonía con las tendencias que se vieron en otros países, ya avanzado el siglo XX. Es por eso que, actualmente, una parte sustancial de la generación de valor de la economía de los países más desarrollados no se encuentra en la producción de materias primas, sino en la posibilidad de generar ganancias a partir del comercio, la logística, el financiamiento o la administración de riesgos, la búsqueda de eficiencia a través de economías de escala y de coberturas de riesgos.

Es la creatividad, el desarrollo de nuevas formas de negociación, la creación de mecanismos institucionales para descubrir los precios futuros y asegurarlos, la principal fuente de ingresos de las sociedades maduras. Así como la información, la generación de conocimiento y la asunción de riesgos empresariales.

Autores de enorme peso académico internacional, como Julian L. Simon consideran que el mayor recurso con que puede contar un país, para avanzar en forma concluyente hacia su desarrollo son los recursos humanos. Y que el crecimiento de la población impulsa muy fuertemente la riqueza y la prosperidad, lejos de constituirse, como planteaban otras visiones apocalípticas, en una limitante al progreso[19].

Este enfoque afirma que, en realidad, la presencia de recursos naturales no determina el crecimiento. Sino la capacidad de los individuos de explotar, encontrar, reciclar y reformular la utilización de los mismos es lo que determina la prosperidad. El continente que cuenta con más recursos naturales es África. Si pensamos en oro, o diamantes, miraremos al sur, si pensamos en energía y petróleo, pensaremos en Nigeria, Angola o Argelia[20]. Sin embargo, es África, nuevamente el continente que lidera la recepción de ayuda humanitaria. Camerún, Etiopía, Chad, padecen situaciones que no tienen estrictamente que ver con la falta de fuentes de sustento o de ingresos para sus habitantes. Sino con conflictos. Y sus consecuentes desplazamientos de población[21].

En términos de las horas de trabajo que hacen falta aportar para conseguir el valor de una tonelada de cualquier materia prima, como podemos ver en la actualidad, todos estos precios han bajado a niveles insignificantes, en relación a los que tenían 100 años atrás. Y mucho más, si lo relacionamos a 1000 años atrás. ¿Qué es lo que ha hecho que, pese a esa disminución de su precio real, no monetario, sino medido en bienes que no han perdido valor, como puede ser el de la hora de trabajo o el de la jornada laboral, estos bienes se sigan produciendo y volcando a los mercados en proporciones cada vez crecientes? La respuesta nos llega de parte de los nuevos sistemas de producción, desarrollados a partir de la búsqueda de economías de escala y de la especialización. ¿Qué es lo que ha hecho que hoy, con un precio 10 veces menor al de hacen apenas 100 años, un agricultor en la Argentina se dedique a producir Trigo, Soja o Maíz? ¿Por qué sigue trabajando pese a la dramática caída de su precio, que lejos de ser una mala noticia, es excelente, desde el punto de vista de las personas que antes padecían hambre? La respuesta se debe buscar en los volúmenes obtenidos y en la minimización de los márgenes de rentabilidad, producidos por una competencia global, que obliga a lograr niveles de eficiencia impensables años atrás. Con inversiones en tecnología y en capital que no existían hace apenas 30 años. Actualmente un agricultor puede sembrar maíz, soja, o trigo a razón de 60 a 80 has. por día y puede cosechar maíz a razón de 80 toneladas por hora. Una sola persona. Con un stock de maquinarias que supera el millón de U$S. Frente a semejante grado de especialización, las formas de vida antiguas, con economías de subsistencia y en escalas artesanales no pueden sobrevivir por sus enormes costos relativos. Medidos en la cantidad de horas que una persona debe dejar de utilizar en su propia capacitación intelectual y técnica, estos costos son ahora imposibles de asumir, sin vernos condenados a no salir nunca de la indigencia y el subdesarrollo.

La utilización cada vez más intensiva de las materias primas y de los recursos naturales lleva a una mayor prosperidad y esta, a una mayor capacidad de compra de los mismos, y los somete a una utilización más intensiva. Esto genera escaseces, que en una economía de mercado abierta y competitiva dan lugar a la suba de sus precios y al desarrollo de nuevas inversiones y asimismo de nuevas tecnologías que permiten una mayor posibilidad de obtener cantidades mayores de esos recursos y luego eso precipita sus precios a la baja en el largo plazo. Y asimismo, nos obliga a explotar los recursos, cuando sus precio de venta cubre ya adecuadamente los gastos de inversión y desarrollo[22].

Pensemos, por un momento en el petróleo. El volumen de sus reservas, los costos de extracción y los usos que se hacían del mismo a principios del siglo XX. Y la situación actual. Cuando se inicia la industria del petróleo, esta se basó en la explotación de un recurso que no solo estaba completamente a la mano, sino que obstaculizaba la obtención de otros más urgentes, como el agua. A partir de disponer del recurso en forma casi gratuita, se empezaron a buscar usos alternativos del mismo, los cuales fueron, en primera instancia, para el querosene, utilizado en la iluminación y posteriormente para otro de sus subproductos residuales, como la gasolina que luego se empezó a utilizar para mover automóviles. Luego se dio uso al fuel oil, para mover buques y trenes y al diesel, para el transporte por camión. El desarrollo tecnológico permitió que se disminuyeran dramáticamente las cantidades a utilizar para producir trabajo mecánico, mediante la eficiencia y el desarrollo de nuevas máquinas térmicas, de menor consumo[23]. Y así llegamos al día de hoy en que el desarrollo de nuevas tecnologías, como la iluminación mediante LEDs minimiza el consumo de electricidad y el diseño de turbinas eólicas hace innecesario el petróleo para aplicaciones de energía hogareña. Los automóviles híbridos hacen caer el consumo a un tercio del de hacen 25 años. Y el desarrollo de nuevas tecnologías de prospección y extracción nos ponen a disposición ingentes cantidades, apenas ayer desconocidas, como lo ha sido el desarrollo del megayacimiento de Vaca Muerta en Argentina. El segundo más grande del mundo en petróleo no convencional, que dará lugar a inversiones privadas de más de 120 mil millones de dólares en los próximos años[24].

Por otra parte, y por las mismas razones económicas, el capital está sujeto a la ley de rendimientos decrecientes a escala, lo cual obliga a las naciones más desarrolladas a invertir, preferentemente, en aquellas naciones que ostentan menores tasas de capitalización, ya que las tasas de rendimiento de determinado monto de capital, son muchas más altas en donde el capital es escaso, que en aquellas naciones en donde es abundante.

Las claves para que todo este progreso se materialice deben buscarse, asimismo, en el desarrollo de la empresarialidad, la creatividad, la iniciativa privada, la búsqueda personal de alternativas, que cada uno de los integrantes de la sociedad desarrolla, cuando se establecen los incentivos correctos. En este sentido, son muy interesantes los aportes de Israel Kirzner en lo relativo a los efectos multiplicadores de la iniciativa privada.

Este autor puso un gran énfasis en el proceso de descubrimiento de oportunidades empresariales, como eso beneficia a toda la sociedad, y como se plantea una distribución del ingreso basada en principios de equidad y justicia[25].

Asimismo, también ha destacado la importancia de la competencia, dentro de un proceso de mercado, para no solo descubrir, sino también incentivar y promover la iniciativa individual y el desarrollo de la persona[26].

Sin llegar a ser exhaustivos y por supuesto, sin poder llegar a conocer las peculiaridades y realidades sociales inabarcables en una tan breve intervención, hemos considerado que podía ser de interés este aporte de nuestra parte, basado asimismo en la experiencia que como empresarios y promotores de mecanismos institucionales hemos desarrollado en Latinoamérica en las últimas 3 décadas.

Por todo esto, esperamos haber hecho un aporte relevante de ideas y enfoques, que pueda resultar de utilidad para todo aquel que se sienta interesado en estos asuntos, que consideramos de gran importancia para el desarrollo del Sahara Occidental, en la actualidad.

Referencias:


[1] Mises, Ludwig v. : “Teoría e Historia”. Recuperado el 10/6/ 19 de: https://es.scribd.com/document/246775109/Teoria-e-Historia-Mises-pdf

[2] Distancia entre La Quiaca y Ushuaia: Recuperado el 10/6/19 de:

[3] Distancia entre Lisboa y Moscú: Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.distanciasentreciudades.com/buscar?origen=Lisboa&destino=Mosc%C3%BA

[4] Flores Cruz, Ramiro A.: “El crecimiento de la población Argentina”. Recuperado el 10/6/19 de:

http://webiigg.sociales.uba.ar/pobmigra/archivos/Ramiro_Flores/Crecimiento.pdf

[5] Anderson, Javier: “Argentina sí fue el país más rico del mundo”. Recuperado el 10/6//19 de: http://buendianoticia.com/nota/9986/argentina-si-fue-el-pais-mas-rico-del-mundo-fundacion-libertad-y-progreso

[6] Groningen Growth and Development Centre (GGDC): Recuperado el 10/6/19 de: https://www.rug.nl/ggdc/

[7] La historia del marqués de Yavi se hace presente

https://www.lagaceta.com.ar/nota/368916/informacion-general/historia-marques-yavi-se-hace-presente.html

[8] Teruel, Ana “El Marquesado del Valle de Tojo: patrimonio y mayorazgo. Del siglo XVII al XX en Bolivia y Argentina”. Recuperado el 10/6/19 de:

http://revistadeindias.revistas.csic.es/index.php/revistadeindias/article/download/1022/1094

[9] Zeballos, Estanislao S. (1878) «La Conquista de quincemil leguas»

https://studylib.es/doc/1235373/zeballos–1878–la-conquista-de-quincemil-leguas

[10] Nicolás Alberto Biangardi, Maximiliano Camarda «El negocio del cuero en el Río de la Plata a fines del siglo XVIII». Recuperado el 10/6/19 de: https://www.researchgate.net/publication/324180493_El_negocio_del_cuero_en_el_Rio_de_la_Plata_a_fines_del_siglo_XVIII

[11] Thomas Falkner: «Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional».

http://www.biblioteca.org.ar/libros/92625.pdf

[12] Levaggi, Abelardo: “Constitucionalismo Argentino 1810-1850” Recuperado el 10/6/19 de:

[13] Alberdi, Juan Bautista, “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”, 1ª  ed., Buenos Aires, Losada, 2008. Recuperado el 10/6/19 de: http://biblioteca.libertyfund.org/sites/default/files/bases-facsimile.pdf

[14]Constitución de la Nación Argentina: Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[15] Constitución de la Nación Argentina: Art. 10. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[16] Constitución de la Nación Argentina: Art. 11. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[17] Constitución de la Nación Argentina: Art. 14. Recuperado el 10/6/19 de:

http://www.senado.gov.ar/bundles/senadoparlamentario/pdf/institucional/constitucionNac1853.pdf

[18] Diferentes contratos de futuros:

[19] Simon, Julian Lincoln: “The Ultimate Resource 2” New Jersey Princeton University Press 1996.

[20] África: Petróleo Bruto. Producción.

https://es.actualitix.com/pais/afri/africa-petroleo-bruto-produccion.php

[21] Escola de Cultura de Pau: Recuperado el 10/6/19 de:

[22] Julian l. Simon, sobre la dinámica de los recursos naturales y sus precios.

[23] ¿Cómo llegó el petróleo a dominar el mundo?

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150331_iwonder_historia_petroleo_finde_dv

[24] Chorny, Rubén: Segunda reserva mundial: Vaca Muerta se llama la gran carta de crecimiento argentino. Recuperado el 10/6/19 de:

https://www.bbva.com/es/segunda-reserva-mundial-vaca-muerta-llama-gran-carta-crecimiento-argentino/

[25] Kirzner, Israel M. «Descubrimiento, capitalismo y justicia distributiva». Recuperado el 10/6/19 de:

[26] Kirzner, Israel M. “Competencia y Emprendimiento”. Recuperado el 10/6/19 de:

https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1496174

Un tipo de cambio irreal empuja a aplicar limitaciones a importar, que terminarían asfixiando a la economía

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/4/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__189

Desde hacen algunos meses encontramos advertencias sobre las dificultades que los importadores perciben al momento de ingresar productos, o incluso, en ciertos casos, de insumos estratégicos para ciertas industrias. A lo largo de 2020 el porcentaje de aprobación de las licencias de importación cayó a la mitad o menos desde cerca del 80 % a principios del año, hasta menos del 40 % en los últimos meses. [i] Este tipo de restricciones se agrava en industrias como la automotriz, dada la enorme variedad de piezas diferentes que necesita manejar un fabricante, por la particularidad de las características del diseño de cada modelo. Se dificulta así el despacho, incluso, de los modelos armados localmente, ya que no existe la posibilidad de producir aquí todas las autopartes necesarias. Muchas veces, por tecnología y algunas otras veces, sencillamente por economías de escala.

Diversos sectores productivos, así como dirigentes empresariales y analistas han señalado que la causa principal de esta necesidad de limitar las importaciones responde a la fijación arbitraria del tipo de cambio. Se critica que el mismo se ha establecido a un nivel que se evidencia incompatible con el equilibrio del sector externo. Se ha insistido en que todo nivel de tipo de cambio por debajo del de equilibrio, actuará como un subsidio a las importaciones y como un castigo a las exportaciones. Lo cual, en el tiempo, termina evidenciándose por una demanda de divisas para importar mucho mayor que la oferta de divisas que surge a consecuencia de las importaciones. Sobre este tema nos hemos extendido en alguna entrega anterior. [ii]

El gobierno niega este tipo de restricciones, por razones obvias, por lo irracional que sería el reconocimiento de estas medidas y porque no serían defendibles, desde la perspectiva de una política comercial integrada al mundo.

Pero el problema excede el ámbito de la gran industria manufacturera, ya que se han escuchado quejas en el circuito de ventas al consumidor, en rubros tan disímiles como artículos del hogar, bazar o incluso frutas y alimentos que no se producen localmente.

La situación se agrava cuando los países involucrados tienen fuertes diferencias en su capacidad de negociación con Argentina. Porque podemos llegar a  asistir a situaciones en que se importan bienes de consumo que podrían producirse competitivamente en el ámbito local, pero cuyos potenciales proveedores quedan relegados por la falta de acceso a insumos importados esenciales, tal como se ha denunciado en el caso de las importaciones de fruta desde China.

Cuando a principios del año pasado y sin miras de vivir los problemas asociados con la pandemia, se amplió fuertemente el listado de bienes sujetos a licencias no automáticas, se debió haber alertado que todo manejo discrecional en los resortes del comercio exterior puede dar lugar a la configuración de situaciones arbitrarias, que en los países centrales no se toleran, porque son un campo evidente  para la proliferación de la corrupción administrativa, el favoritismo y la consiguiente inseguridad jurídica para aquellas empresas que no puedan tejer alianzas con el gobierno.[iii]

Por otra parte, asistimos a acalorados debates entre empresarios que comparten su accionar gremial en instituciones de alcance nacional, evidenciándose cuales sectores están más expuestos y cuales pueden resultar beneficiados por la falta de competencia y el incremento de su participación en un mercado en donde la competencia extranjera es recortada por estas vías administrativas.[iv]

Por otra parte, como muy bien saben quienes estan familiarizados con el comercio exterior y con las reglas que rigen las relaciones internacionales, la implementación de restricciones administrativas, muchas veces sin el requisito esencial de todo acto administrativo, como lo es la resolución fundada, lleva a que los conflictos se judicialicen y a que las empresas duden de la verdadera vocación de crecimiento que el gobierno alega tener.[v]

En ese sentido, hay una gran preocupación por la inseguridad jurídica que implica cuestionar las decisiones administrativas en sede judicial. Aunque hay un consenso elevado en que las restricciones son, no solo ilegales, sino que afectan derechos fundamentales y contradicen a los tratados internacionales en materia comercial. [vi]

En algunos sectores hay preocupación porque las dificultades para hacerse de divisas, que los mismos sectores generan, lleva a algunos importadores a tener que pagar las divisas a precios más altos. Se ven obligados a pagar insumos al tipo de cambio de mercado, mientras se les liquidan sus exportaciones a un tipo de cambio ficticio que se ubica al 60 % del precio real. De este modo, el diferencial de tipo de cambio funciona como un subsidio irritante en favor de los sectores o concretamente, de las empresas que logran hacerse de las divisas en una negociación que, al no ser transparente, opera con volúmenes y precios digitados por el capricho de un funcionario. [vii]

Este encarecimiento de los procesos de producción, que es más grave en aquellos que implican alta tecnología, como es el caso de la industria agroalimentaria y de la industria energética, termina impactando en la caída de los volúmenes de producción. A consecuencia de lo cual, se puede esperar que las exportaciones agro industriales disminuyan su aporte de divisas y que las necesidades de energía no se puedan cubrir con la producción doméstica y volvamos a caer en el ridículo de tener que importar gas, siendo uno de los países que cuenta con mayores reservas de ese hidrocarburo, con el agregado del costo de re gasificar el fluido importado, lo cual implica otra pérdida de eficiencia notable.[viii]

Afortunadamente, los planteos jurídicos de los empresarios afectados, están prosperando. Se reconoce que constituye un avasallamiento de su derecho al libre comercio, y la violación de su derecho de disponer de su propiedad, de la forma que mejor les reditúe. Asimismo se enfatiza en la falta de cumplimiento de la obligación del estado de fundar debidamente toda negativa a dar cursoa a trámites legítimos. Recientemente, estos reclamos han tenido algunas resoluciones claramente favorables, que hacen pensar que estas maniobras claramente arbitrarias, que persiguen objetivos diferentes a los enunciados, no van a poder mantenerse en el tiempo.[ix]

Resulta evidente que someter al comercio exterior a las restricciones que surgen de pretender mantener un tipo de cambio irreal, no solo no es sostenible en el largo plazo. Sino que genera distorsiones de precios relativos, inseguridad jurídica, imposibilidad de planificar la producción y la integración de las cadenas de valor más complejas. Y terminará generando graves crisis en las industrias más desarrolladas, como lo está exhibiendo la industria automotriz.[x]

Pero es muy importante asumir lo antes posible, que otras actividades con menor capacidad de hacer llegar sus reclamos al gobierno, están sufriendo idénticos problemas, por la misma causa. El exceso de gasto fiscal, en el marco de una economía que no puede crecer por la agobiante carga de reglamentaciones estatistas, genera un nivel de ingresos fiscales que no pueden cubrir las erogaciones del sector público. Y apelar a la emisión monetaria para su financiamiento es suicida. Porque la pérdida del poder adquisitivo de la moneda local, si no es reconocida y pretende ser ocultada detrás de un tipo de cambio caprichoso y deprimido, destruye toda posibilidad de coordinar los factores de producción que deben integrar cadenas de valor de altísima complejidad. Con márgenes muy reducidos, por la presión de importaciones subsidiadas, causadas precisamente por esa apreciación exagerada de nuestra moneda.


[i] https://www.mendozapost.com/economia/empresarios-denuncian-una-fuerte-restriccion-de-las-importaciones/

[ii] https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184/s/11332840

[iii] https://www.lanacion.com.ar/economia/temor-en-las-empresas-por-demoras-de-importaciones-y-los-nuevos-pedidos-oficiales-nid2324036/

[iv] https://www.cronista.com/economia-politica/cruces-en-la-uia-por-las-restricciones-a-las-importaciones/

[v] https://www.lanacion.com.ar/economia/importaciones-molestia-ardides-trabas-oficiales-cuidar-dolares-nid2494718/

[vi] https://www.cronista.com/economia-politica/aceleran-los-pedidos-de-amparo-para-liberar-importaciones-y-el-gobierno-advierte-sobre-el-forum-shopping/

[vii] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/mas-costos-y-menos-inversion-el-campo-ya-siente-la-falta-de-dolares/

[viii] https://www.cronista.com/economia-politica/commodities-las-importaciones-de-gas-licuado-costaran-mas-de-us-1000-millones/

[ix] https://www.cronista.com/columnistas/un-fallo-ejemplar-parar-los-importadores-en-materia-de-licencias-no-automaticas/

[x] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/faltan-dolares-para-importaciones-y-el-sector-automotor-sufre-el-ano-pasado-padecieron-un-deficit-de-us-4000-m/

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

¿Por qué muchos argentinos están esperando una devaluación?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 4/11/20 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184

Por mi actividad profesional y docente, converso a diario, (me comunico, porque, por esta pandemia, no veo a nadie desde hacen meses), con muchas personas que están preocupadas con la marcha de la economía. Y una de las preguntas que más se repiten es: ¿Puede venir una fuerte devaluación en breve?

La pregunta es tan recurrente y proviene de personas con intereses económicos y académicos tan diversos, que vale la pena detenernos a analizar las razones que dan origen a esta preocupación tan generalizada.

Una devaluación es la pérdida del poder adquisitivo de la moneda doméstica. Que se refleja claramente en una suba de precios, que no podemos adjudicar a las particulares modificaciones de la oferta o demanda de ciertos bienes. Sino, que por encima de todas estas variaciones, (que operan permanentemente, y transmiten información útil a los agentes económicos), actúa a manera de deslizamiento del valor de nuestra moneda hacia el barranco de la destrucción.

Esta cuestión tiene dos aspectos complejos. En primer lugar se distorsiona la información necesaria para una correcta y racional toma de decisiones, en la búsqueda de ajustar nuestros planes de negocios a las necesidades, patrones de consumo y deseos cambiantes de los consumidores. En segundo lugar, se distorsionan fuertemente las relaciones de precios entre unos bienes y otros. Entre insumos y productos. Entre bienes de consumo y sus sustitutivos alternativos. Entre bienes de producción y los bienes a que estos dan origen.

Todo esto altera muy fuertemente los resultados de los planes de negocios. Que han debido ser anticipados con precisión muy ajustada por los empresarios, en su rol de asignadores de recursos productivos. Es decir, que estas distorsiones destruyen el valor en las empresas, porque convierten en no rentables a proyectos de inversión que fueron concebidos cuando los precios relativos eran diferentes y estos planes de negocios, por lo tanto, sí eran rentables.

Pero esto que relatamos viene ocurriendo desde hacen meses. Si nos ponemos estrictos, viene ocurriendo desde hacen décadas. ¿Pero que es, en concreto lo que los ciudadanos de a pie estamos temiendo que ocurra en estos últimos días o semanas? La preocupación generalizada que desvela a muchos de nuestros conciudadanos es un sinceramiento de la relación de cambio entre el peso y las divisas extranjeras. Y me parece interesante detenernos en este punto, para clarificar el discurso y evitar ser manipulados. Porque es habitual escuchar que el dólar sube. Y muchos alegan que esto ocurre porque faltan dólares. Pero si intentamos adquirir cualquier divisa extranjera, euros, yenes, reales brasileños, observaremos que sus precios en pesos también han subido. Y que sus cotizaciones guardan estricta relación con el cociente entre sus precios en otros mercados del mundo. Por ende, no es el dólar el que sube. Es el peso el que ha perdido valor.

Y este deterioro en la relación de cambio de nuestra moneda, con cualquier otra divisa, que como decimos, todas cotizan contra el peso a precios que son estrictamente proporcionales a sus cross rates, es decir a sus relaciones de cambio recíprocas en otros mercados del mundo, (porque opera un arbitraje instantáneo, de operadores de cambio muy entrenados) es un deterioro que también puede verse en la cotización del peso contra otros activos, como el oro, o cualquier commodity agrícola de los de gran mercado en nuestro país.

¿Y porque es tan importante esta relación entre nuestra moneda y todas las demás divisas, que reflejan los precios de los distintos bienes y servicios que importamos y exportamos? Porque de ella depende el equilibrio de nuestra balanza comercial y la competitividad internacional de nuestras producciones exportables. Es decir que dado un nivel de productividad de nuestra economía, dado un nivel de eficiencia productiva de nuestras empresas, para producir ciertas cantidades de bienes y servicios con específicas cantidades de insumos, que pueden ser locales o importados, la variación de las relaciones de cambio entre nuestra moneda y las divisas extranjeras, vuelve a destrozar cualquier planificación y sistema de producción diseñado por los empresarios.

Entonces, nos preguntaremos: ¿Cuál debería ser la “adecuada” relación de cambio? ¿Por qué todo el mundo se pregunta si esta relación está por alterarse contra la cotización del peso? Queda claro que el equilibrio del tipo de cambio se alcanza cuando los operadores dejan de demandar divisas para importaciones, dado que el precio es demasiado elevado como para que los productos o servicios que intentan introducir, lleguen al consumidor a precios competitivos. Que es exactamente lo contrario de lo que se observa en este momento. Y asimismo, los exportadores ralentizan sus ofertas de divisas, cuando los precios que reciben en los mercados extranjeros les aportan unas cantidades de moneda extranjera (fijadas por los precios internacionales), que cuando se convierten a moneda local, al tipo de cambio imperante, no alcanzan a cubrir los costos de producción y la rentabilidad requerida, dado el nivel de riesgo asumido.

Por lo tanto, lo que está desvelando a nuestros empresarios, en estas últimas semanas es que el nivel de tipo de cambio no se exhibe como competitivo. Los llevaría no solo a exportar grandes cantidades de insumos, sino que, al abaratarse tanto, en relación a los costos internos, incrementados por la inflación reciente, hasta resulta conveniente importar el producto completo que producen, porque se consigue más barato que incurriendo en los costos de producirlo localmente.

Asimismo, los exportadores tienen que reducir a un mínimo su inversión en insumo y materiales, porque los pesos recibidos por la conversión de las divisas obtenidas por sus exportaciones no están llegando a cubrir sus costos de producción y logística. Cuando esta situación se generaliza de tal forma, no tiene sentido discutir con las autoridades económicas si el tipo de cambio es aún competitivo, a los niveles presentes, o si las exportaciones que todavía se realizan son un fenómeno inercial de liquidación de producciones a pérdida. Y hay una verdadera avalancha de solicitudes de importación.

La confesión del desequilibrio originado en una política cambiaria arbitraria y perjudicial para nuestras producciones llega de la mano del discurso oficial que restringe el acceso a las divisas para importar, y exhibe una caída inusitada de las reservas de monedas extranjeras en poder del banco central.

Institución que, a su vez, enfrenta una demanda creciente de divisas, ya no solo para importar para producir, sino en una verdadera estampida de ahorristas que buscan sustraer sus recursos de los mercados financieros a efectos de atesorarlos en divisas y no exponerlos a los riesgos de prestarlos para financiar la producción doméstica, ante la caída de los niveles de actividad de las empresas locales y el crecimiento inusitado de los índices de cumplimiento de las operaciones pactadas en los mercados de ahorro. Y todo este fenómeno es acompañado por la suba notoria de las tasas de interés, que indican una elevación de los niveles de riesgo. Todo lo cual mueve a los ahorristas a exigir una remuneración más elevada por su abstención de consumo presente.

Cuando aparecen todos estos indicios, que empresario, consumidores, analistas, banqueros y calificadores de riesgo observan permanentemente y que exhiben niveles de distorsiones tales que ya resultan muy familiares, para aquellos que ya han vivido experiencias de estallidos cambiarios, el futuro se torna previsible.

¿Hay un solo resultado posible, frente a toda esta situación descripta? No necesariamente: Pero está muy claro que la única forma de desactivar esta verdadera bomba cambiaria que se ha ido configurando, por la negativa a mantener liberadas las variables económicas que orientan las decisiones en una sociedad  que crece y prospera, es generar un shock de confianza, a partir del reconocimiento de una situación que es observada unánimemente. Y que requiere de una reducción de la presión fiscal, que recomponga la rentabilidad y competitividad de las empresas que pueden exportar. Y de aquellas que pueden producir con calidad y precio. Que permita que los consumidores sustituyan voluntariamente importaciones y no que lo hagan obligados por aranceles prohibitivos, que además, cierran el ingreso de nuestras mercaderías a los países discriminados por estas tarifas. Estas conductas son graves, porque los países afectados aplicarán impuestos como represalia. Lo cual seguirá agravando la escasez de divisas. Asimismo, deberán darse señales muy claras y bien determinadas de una reducción efectiva del gasto fiscal que libere recursos para el consumo y la producción privada que son el verdadero motor de la economía. Y permitan una reducción de la presión impositiva que reduzca los costos locales e incremente la competitividad.

En la medida que no veamos este tipo de medidas radicales, los argentinos seguiremos pensando que el ajuste de las variables distorsionadas por políticas cambiarias equivocadas, será inminente, repentino y muy fuerte.

Esperemos que todavía no sea tarde para aplicar los correctivos necesarios y dejar de alambrar las decisiones económicas que son materia de análisis de los empresarios y nunca de un grupo de funcionarios que se asuma como la elite iluminada  que pretenda manejar variables que dependen y condicionan las decisiones individuales de los ciudadanos que los han elegido.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

¿Crisis de deuda en Argentina?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/7/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n_192/8

?????????????

La Argentina enfrentará, en las próximas semanas, una muy difícil situación con sus acreedores externos. Acaba de reunirse con los representantes del “Club de París” para intentar anudar un acuerdo, que contempla un pago de 430 millones de U$S en los próximos 8 meses, para poder prorrogar así el inminente vencimiento de 2.000 millones de U$S, que adeuda a este organismo. Un eventual incumplimiento actuaría como un obstáculo insalvable a entablar negociaciones serias con el Fondo Monetario Internacional. En las primeras semanas de Julio, el país necesita iniciar acuerdos concretos con este organismo, para establecer un cronograma de pagos de intereses y amortizaciones realista, por la deuda a vencer con el Fondo, que supera la totalidad de las reservas de divisas del Banco Central. ¿Qué efectos puede tener esto en la marcha de la economía privada? ¿Qué impacto ejercerá en las empresas y porque es importante una negociación sincera, responsable y concreta? ¿Por qué se habla de la necesidad de implementar un plan económico viable y serio?

La importancia de servir oportunamente las obligaciones que hacen al crédito público fue claramente puntualizada por Juan Bautista Alberdi:

”…Siendo el crédito del estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan, que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre…”[i]

El crédito estatal toma varias formas, y no se limita solamente a lo que se conoce como deuda externa. La misma circulación monetaria, al estar formada por papel moneda inconvertible, tiene características de crédito. Consideremos que los receptores de moneda la aceptan, en la convicción de que van a poder convertirla en bienes y servicios, o más concretamente en divisas, a su requerimiento. Toda la base monetaria nominada en pesos es un compromiso del estado de permitir, a sus tenedores, conseguir a su sola presentación, el canje por su equivalente en bienes o divisas extranjeras estables. El banco Central, como proveedor de medios de pago, tiene la obligación insoslayable de mantener el poder adquisitivo de la moneda local. Todo el comercio, esencial para la marcha del sistema productivo, descansa en un sistema de precios, cuya función es revelar a los agentes económicos las diferentes opciones que la economía ofrece para proveer a los consumidores de los bienes y servicios que estos demandan. El proceso de asignación de recursos, los montos a invertir, las tecnologías a elegir, los plazos a asumir para implementar estas asignaciones de capital, la complejidad de los métodos de producción elegidos, la productividad de los mismos y la escala posible de implementar, son una función directa de la posibilidad de conseguir los capitales que financien toda esta estructura, a costos compatibles con los de los países que compiten con nuestras producciones en la escena mundial. El comercio internacional se realiza intercambiando divisas fuertes, estables, respetadas, entre las cuales, la nuestra no se ha ubicado nunca, precisamente por la poca confianza que genera. El crecimiento y la estabilidad de la economía depende de manera crucial en que exista esta confianza en el cumplimiento de los planes de negocios y en la marcha de las actividades del estado, y en la consecución de sus fines. Para que todo esto ocurra, es preciso que tengamos perfectamente en cuenta la necesidad de mantener las reglas de juego. Entre las que, las principales son las relaciones de precios, la protección de la capacidad de compra de los montos prestados, el cumplimiento estricto de los contratos. Y hacer previsible el costo del financiamiento, que debe mantenerse estable a lo largo de todo proceso de inversión, para que la capacidad de repago estimada se convierta en una realidad.

Un incumplimiento de los pagos de las obligaciones estatales hace pensar a los organismos internacionales que nuestro gobierno no podría, entonces, por falta de recursos, llevar adelante sus funciones esenciales. La utilización de un sistema financiero pequeño, aislado, que no puede captar fondos del extranjero, por la imprevisibilidad de la marcha de los principales indicadores macroeconómicos, deja a la banca cautiva de las decisiones del gobierno, que la podría utilizar como un títere, para financiar aquellos montos que no podría conseguir en los mercados de capitales en los que se financian las naciones competidoras. Esto dejaría sin posibilidades de financiamiento a las empresas medianas y pequeñas del mercado local. Impediría establecer relaciones de precios, de insumos producto y planes de negocios orientados a la exportación o integrando insumos y tecnologías importadas, de las que no disponemos aquí. La pérdida de competitividad internacional y la imposibilidad de competir en mercados remotos nos estaría impidiendo adoptar tecnologías y métodos de producción con las imprescindibles economías de escala que utilizan las naciones más competitivas.

Creer que una milagrosa corriente de crecimiento podrá aumentar la recaudación impositiva, hacer desaparecer el déficit fiscal, permitir un financiamiento competitivo a las empresas que todavía subsisten y son eficientes, aumentar las importaciones, generar divisas en exceso, para poder utilizarlas en la amortización de nuestras obligaciones y dotar a nuestra moneda de la estabilidad suficiente como para que pueda ser utilizada para diagramar planes de negocios realistas, ahorrar y financiar el crecimiento, no parece posible si antes no se dejan en claro ciertos extremos. ¿Cómo se va a actúa para disminuir el déficit fiscal? ¿Qué carga impositiva real van a tener que enfrentar los inversores? ¿Qué actividades estatales deficitarias se abandonarán y delegarán a la actividad privada? ¿En que plazos y a que costos, nuestra nación puede comprometerse a servir sus deudas, y comenzar a demostrar capacidad de repago?

Urge repensar, debatir y sincerar los roles del estado, las actividades privadas a desregular, para permitir su crecimiento y que puedan dar lugar a procesos de capitalización imprescindibles. Necesitamos asimismo desregular el sistema financiero, profesionalizar  su gestión dotándole de la necesaria libertad para elegir las actividades a financiar, en función a su capacidad de repago y competitividad internacional, con criterios profesionales, dejando de lado favoritismos, amiguismos y mecanismos perversos propios del capitalismo de amigos, o caciquismo, tan característico de nuestra historia. Es imprescindible estabilizar nuestra moneda, liberar el mercado de cambios, remover todas las barreras al ingreso y salida de divisas, así como al pago de utilidades al capital extranjero y a la entrada y radicación de emprendimientos extranjeros que nos permitan integrar tecnologías y mercados. En un marco confiable y cierto, como el que nos otorga el cumplimiento de nuestra constitución, que claramente establece límites y controles a la acción del estado. Es esencial empezar ya a abandonar esta pesadilla de comportamiento adolescente, irresponsable, y cortoplacista que ha caracterizado a la política de las últimas décadas.


[i] ALBERDI, Juan Bautista “Sistema Económico y rentístico de la Confederación Argentina” en “Organización de la Confederación Argentina” Tomo II. El Ateneo. Buenos Aires. cap. XI “Aptitud de la Confederación para contraer empréstitos”. Págs. 278/279.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

La importancia del equilibrio del tipo de cambio. Determinantes del comercio exterior.

Los argentinos y el éxito. La importancia del marco institucional. Determinantes del desarrollo.

Estabilidad de la moneda, cumplimiento de los contratos, tasa de interés y desarrollo. VIDEO.

«La importancia de una moneda sana y su relación con el sector externo» VIDEO

«Una investigación sobre los principios económicos de Juan Bautista Alberdi y sus vinculaciones con la tradición de la Escuela Austriaca» VIDEO

Navegador de artículos