GUILLERMO LUIS COVERNTON

Propuestas de estudio del Dr. Guillermo Luis Covernton: Economía – Políticas Públicas – Libertad – Humanismo Cristiano

Un tipo de cambio irreal empuja a aplicar limitaciones a importar, que terminarían asfixiando a la economía

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/4/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n__189

Desde hacen algunos meses encontramos advertencias sobre las dificultades que los importadores perciben al momento de ingresar productos, o incluso, en ciertos casos, de insumos estratégicos para ciertas industrias. A lo largo de 2020 el porcentaje de aprobación de las licencias de importación cayó a la mitad o menos desde cerca del 80 % a principios del año, hasta menos del 40 % en los últimos meses. [i] Este tipo de restricciones se agrava en industrias como la automotriz, dada la enorme variedad de piezas diferentes que necesita manejar un fabricante, por la particularidad de las características del diseño de cada modelo. Se dificulta así el despacho, incluso, de los modelos armados localmente, ya que no existe la posibilidad de producir aquí todas las autopartes necesarias. Muchas veces, por tecnología y algunas otras veces, sencillamente por economías de escala.

Diversos sectores productivos, así como dirigentes empresariales y analistas han señalado que la causa principal de esta necesidad de limitar las importaciones responde a la fijación arbitraria del tipo de cambio. Se critica que el mismo se ha establecido a un nivel que se evidencia incompatible con el equilibrio del sector externo. Se ha insistido en que todo nivel de tipo de cambio por debajo del de equilibrio, actuará como un subsidio a las importaciones y como un castigo a las exportaciones. Lo cual, en el tiempo, termina evidenciándose por una demanda de divisas para importar mucho mayor que la oferta de divisas que surge a consecuencia de las importaciones. Sobre este tema nos hemos extendido en alguna entrega anterior. [ii]

El gobierno niega este tipo de restricciones, por razones obvias, por lo irracional que sería el reconocimiento de estas medidas y porque no serían defendibles, desde la perspectiva de una política comercial integrada al mundo.

Pero el problema excede el ámbito de la gran industria manufacturera, ya que se han escuchado quejas en el circuito de ventas al consumidor, en rubros tan disímiles como artículos del hogar, bazar o incluso frutas y alimentos que no se producen localmente.

La situación se agrava cuando los países involucrados tienen fuertes diferencias en su capacidad de negociación con Argentina. Porque podemos llegar a  asistir a situaciones en que se importan bienes de consumo que podrían producirse competitivamente en el ámbito local, pero cuyos potenciales proveedores quedan relegados por la falta de acceso a insumos importados esenciales, tal como se ha denunciado en el caso de las importaciones de fruta desde China.

Cuando a principios del año pasado y sin miras de vivir los problemas asociados con la pandemia, se amplió fuertemente el listado de bienes sujetos a licencias no automáticas, se debió haber alertado que todo manejo discrecional en los resortes del comercio exterior puede dar lugar a la configuración de situaciones arbitrarias, que en los países centrales no se toleran, porque son un campo evidente  para la proliferación de la corrupción administrativa, el favoritismo y la consiguiente inseguridad jurídica para aquellas empresas que no puedan tejer alianzas con el gobierno.[iii]

Por otra parte, asistimos a acalorados debates entre empresarios que comparten su accionar gremial en instituciones de alcance nacional, evidenciándose cuales sectores están más expuestos y cuales pueden resultar beneficiados por la falta de competencia y el incremento de su participación en un mercado en donde la competencia extranjera es recortada por estas vías administrativas.[iv]

Por otra parte, como muy bien saben quienes estan familiarizados con el comercio exterior y con las reglas que rigen las relaciones internacionales, la implementación de restricciones administrativas, muchas veces sin el requisito esencial de todo acto administrativo, como lo es la resolución fundada, lleva a que los conflictos se judicialicen y a que las empresas duden de la verdadera vocación de crecimiento que el gobierno alega tener.[v]

En ese sentido, hay una gran preocupación por la inseguridad jurídica que implica cuestionar las decisiones administrativas en sede judicial. Aunque hay un consenso elevado en que las restricciones son, no solo ilegales, sino que afectan derechos fundamentales y contradicen a los tratados internacionales en materia comercial. [vi]

En algunos sectores hay preocupación porque las dificultades para hacerse de divisas, que los mismos sectores generan, lleva a algunos importadores a tener que pagar las divisas a precios más altos. Se ven obligados a pagar insumos al tipo de cambio de mercado, mientras se les liquidan sus exportaciones a un tipo de cambio ficticio que se ubica al 60 % del precio real. De este modo, el diferencial de tipo de cambio funciona como un subsidio irritante en favor de los sectores o concretamente, de las empresas que logran hacerse de las divisas en una negociación que, al no ser transparente, opera con volúmenes y precios digitados por el capricho de un funcionario. [vii]

Este encarecimiento de los procesos de producción, que es más grave en aquellos que implican alta tecnología, como es el caso de la industria agroalimentaria y de la industria energética, termina impactando en la caída de los volúmenes de producción. A consecuencia de lo cual, se puede esperar que las exportaciones agro industriales disminuyan su aporte de divisas y que las necesidades de energía no se puedan cubrir con la producción doméstica y volvamos a caer en el ridículo de tener que importar gas, siendo uno de los países que cuenta con mayores reservas de ese hidrocarburo, con el agregado del costo de re gasificar el fluido importado, lo cual implica otra pérdida de eficiencia notable.[viii]

Afortunadamente, los planteos jurídicos de los empresarios afectados, están prosperando. Se reconoce que constituye un avasallamiento de su derecho al libre comercio, y la violación de su derecho de disponer de su propiedad, de la forma que mejor les reditúe. Asimismo se enfatiza en la falta de cumplimiento de la obligación del estado de fundar debidamente toda negativa a dar cursoa a trámites legítimos. Recientemente, estos reclamos han tenido algunas resoluciones claramente favorables, que hacen pensar que estas maniobras claramente arbitrarias, que persiguen objetivos diferentes a los enunciados, no van a poder mantenerse en el tiempo.[ix]

Resulta evidente que someter al comercio exterior a las restricciones que surgen de pretender mantener un tipo de cambio irreal, no solo no es sostenible en el largo plazo. Sino que genera distorsiones de precios relativos, inseguridad jurídica, imposibilidad de planificar la producción y la integración de las cadenas de valor más complejas. Y terminará generando graves crisis en las industrias más desarrolladas, como lo está exhibiendo la industria automotriz.[x]

Pero es muy importante asumir lo antes posible, que otras actividades con menor capacidad de hacer llegar sus reclamos al gobierno, están sufriendo idénticos problemas, por la misma causa. El exceso de gasto fiscal, en el marco de una economía que no puede crecer por la agobiante carga de reglamentaciones estatistas, genera un nivel de ingresos fiscales que no pueden cubrir las erogaciones del sector público. Y apelar a la emisión monetaria para su financiamiento es suicida. Porque la pérdida del poder adquisitivo de la moneda local, si no es reconocida y pretende ser ocultada detrás de un tipo de cambio caprichoso y deprimido, destruye toda posibilidad de coordinar los factores de producción que deben integrar cadenas de valor de altísima complejidad. Con márgenes muy reducidos, por la presión de importaciones subsidiadas, causadas precisamente por esa apreciación exagerada de nuestra moneda.


[i] https://www.mendozapost.com/economia/empresarios-denuncian-una-fuerte-restriccion-de-las-importaciones/

[ii] https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184/s/11332840

[iii] https://www.lanacion.com.ar/economia/temor-en-las-empresas-por-demoras-de-importaciones-y-los-nuevos-pedidos-oficiales-nid2324036/

[iv] https://www.cronista.com/economia-politica/cruces-en-la-uia-por-las-restricciones-a-las-importaciones/

[v] https://www.lanacion.com.ar/economia/importaciones-molestia-ardides-trabas-oficiales-cuidar-dolares-nid2494718/

[vi] https://www.cronista.com/economia-politica/aceleran-los-pedidos-de-amparo-para-liberar-importaciones-y-el-gobierno-advierte-sobre-el-forum-shopping/

[vii] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/mas-costos-y-menos-inversion-el-campo-ya-siente-la-falta-de-dolares/

[viii] https://www.cronista.com/economia-politica/commodities-las-importaciones-de-gas-licuado-costaran-mas-de-us-1000-millones/

[ix] https://www.cronista.com/columnistas/un-fallo-ejemplar-parar-los-importadores-en-materia-de-licencias-no-automaticas/

[x] https://www.cronista.com/apertura-negocio/empresas/faltan-dolares-para-importaciones-y-el-sector-automotor-sufre-el-ano-pasado-padecieron-un-deficit-de-us-4000-m/

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

¿Por qué muchos argentinos están esperando una devaluación?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 4/11/20 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_20exportar_20n_c2_ba_20184

Por mi actividad profesional y docente, converso a diario, (me comunico, porque, por esta pandemia, no veo a nadie desde hacen meses), con muchas personas que están preocupadas con la marcha de la economía. Y una de las preguntas que más se repiten es: ¿Puede venir una fuerte devaluación en breve?

La pregunta es tan recurrente y proviene de personas con intereses económicos y académicos tan diversos, que vale la pena detenernos a analizar las razones que dan origen a esta preocupación tan generalizada.

Una devaluación es la pérdida del poder adquisitivo de la moneda doméstica. Que se refleja claramente en una suba de precios, que no podemos adjudicar a las particulares modificaciones de la oferta o demanda de ciertos bienes. Sino, que por encima de todas estas variaciones, (que operan permanentemente, y transmiten información útil a los agentes económicos), actúa a manera de deslizamiento del valor de nuestra moneda hacia el barranco de la destrucción.

Esta cuestión tiene dos aspectos complejos. En primer lugar se distorsiona la información necesaria para una correcta y racional toma de decisiones, en la búsqueda de ajustar nuestros planes de negocios a las necesidades, patrones de consumo y deseos cambiantes de los consumidores. En segundo lugar, se distorsionan fuertemente las relaciones de precios entre unos bienes y otros. Entre insumos y productos. Entre bienes de consumo y sus sustitutivos alternativos. Entre bienes de producción y los bienes a que estos dan origen.

Todo esto altera muy fuertemente los resultados de los planes de negocios. Que han debido ser anticipados con precisión muy ajustada por los empresarios, en su rol de asignadores de recursos productivos. Es decir, que estas distorsiones destruyen el valor en las empresas, porque convierten en no rentables a proyectos de inversión que fueron concebidos cuando los precios relativos eran diferentes y estos planes de negocios, por lo tanto, sí eran rentables.

Pero esto que relatamos viene ocurriendo desde hacen meses. Si nos ponemos estrictos, viene ocurriendo desde hacen décadas. ¿Pero que es, en concreto lo que los ciudadanos de a pie estamos temiendo que ocurra en estos últimos días o semanas? La preocupación generalizada que desvela a muchos de nuestros conciudadanos es un sinceramiento de la relación de cambio entre el peso y las divisas extranjeras. Y me parece interesante detenernos en este punto, para clarificar el discurso y evitar ser manipulados. Porque es habitual escuchar que el dólar sube. Y muchos alegan que esto ocurre porque faltan dólares. Pero si intentamos adquirir cualquier divisa extranjera, euros, yenes, reales brasileños, observaremos que sus precios en pesos también han subido. Y que sus cotizaciones guardan estricta relación con el cociente entre sus precios en otros mercados del mundo. Por ende, no es el dólar el que sube. Es el peso el que ha perdido valor.

Y este deterioro en la relación de cambio de nuestra moneda, con cualquier otra divisa, que como decimos, todas cotizan contra el peso a precios que son estrictamente proporcionales a sus cross rates, es decir a sus relaciones de cambio recíprocas en otros mercados del mundo, (porque opera un arbitraje instantáneo, de operadores de cambio muy entrenados) es un deterioro que también puede verse en la cotización del peso contra otros activos, como el oro, o cualquier commodity agrícola de los de gran mercado en nuestro país.

¿Y porque es tan importante esta relación entre nuestra moneda y todas las demás divisas, que reflejan los precios de los distintos bienes y servicios que importamos y exportamos? Porque de ella depende el equilibrio de nuestra balanza comercial y la competitividad internacional de nuestras producciones exportables. Es decir que dado un nivel de productividad de nuestra economía, dado un nivel de eficiencia productiva de nuestras empresas, para producir ciertas cantidades de bienes y servicios con específicas cantidades de insumos, que pueden ser locales o importados, la variación de las relaciones de cambio entre nuestra moneda y las divisas extranjeras, vuelve a destrozar cualquier planificación y sistema de producción diseñado por los empresarios.

Entonces, nos preguntaremos: ¿Cuál debería ser la “adecuada” relación de cambio? ¿Por qué todo el mundo se pregunta si esta relación está por alterarse contra la cotización del peso? Queda claro que el equilibrio del tipo de cambio se alcanza cuando los operadores dejan de demandar divisas para importaciones, dado que el precio es demasiado elevado como para que los productos o servicios que intentan introducir, lleguen al consumidor a precios competitivos. Que es exactamente lo contrario de lo que se observa en este momento. Y asimismo, los exportadores ralentizan sus ofertas de divisas, cuando los precios que reciben en los mercados extranjeros les aportan unas cantidades de moneda extranjera (fijadas por los precios internacionales), que cuando se convierten a moneda local, al tipo de cambio imperante, no alcanzan a cubrir los costos de producción y la rentabilidad requerida, dado el nivel de riesgo asumido.

Por lo tanto, lo que está desvelando a nuestros empresarios, en estas últimas semanas es que el nivel de tipo de cambio no se exhibe como competitivo. Los llevaría no solo a exportar grandes cantidades de insumos, sino que, al abaratarse tanto, en relación a los costos internos, incrementados por la inflación reciente, hasta resulta conveniente importar el producto completo que producen, porque se consigue más barato que incurriendo en los costos de producirlo localmente.

Asimismo, los exportadores tienen que reducir a un mínimo su inversión en insumo y materiales, porque los pesos recibidos por la conversión de las divisas obtenidas por sus exportaciones no están llegando a cubrir sus costos de producción y logística. Cuando esta situación se generaliza de tal forma, no tiene sentido discutir con las autoridades económicas si el tipo de cambio es aún competitivo, a los niveles presentes, o si las exportaciones que todavía se realizan son un fenómeno inercial de liquidación de producciones a pérdida. Y hay una verdadera avalancha de solicitudes de importación.

La confesión del desequilibrio originado en una política cambiaria arbitraria y perjudicial para nuestras producciones llega de la mano del discurso oficial que restringe el acceso a las divisas para importar, y exhibe una caída inusitada de las reservas de monedas extranjeras en poder del banco central.

Institución que, a su vez, enfrenta una demanda creciente de divisas, ya no solo para importar para producir, sino en una verdadera estampida de ahorristas que buscan sustraer sus recursos de los mercados financieros a efectos de atesorarlos en divisas y no exponerlos a los riesgos de prestarlos para financiar la producción doméstica, ante la caída de los niveles de actividad de las empresas locales y el crecimiento inusitado de los índices de cumplimiento de las operaciones pactadas en los mercados de ahorro. Y todo este fenómeno es acompañado por la suba notoria de las tasas de interés, que indican una elevación de los niveles de riesgo. Todo lo cual mueve a los ahorristas a exigir una remuneración más elevada por su abstención de consumo presente.

Cuando aparecen todos estos indicios, que empresario, consumidores, analistas, banqueros y calificadores de riesgo observan permanentemente y que exhiben niveles de distorsiones tales que ya resultan muy familiares, para aquellos que ya han vivido experiencias de estallidos cambiarios, el futuro se torna previsible.

¿Hay un solo resultado posible, frente a toda esta situación descripta? No necesariamente: Pero está muy claro que la única forma de desactivar esta verdadera bomba cambiaria que se ha ido configurando, por la negativa a mantener liberadas las variables económicas que orientan las decisiones en una sociedad  que crece y prospera, es generar un shock de confianza, a partir del reconocimiento de una situación que es observada unánimemente. Y que requiere de una reducción de la presión fiscal, que recomponga la rentabilidad y competitividad de las empresas que pueden exportar. Y de aquellas que pueden producir con calidad y precio. Que permita que los consumidores sustituyan voluntariamente importaciones y no que lo hagan obligados por aranceles prohibitivos, que además, cierran el ingreso de nuestras mercaderías a los países discriminados por estas tarifas. Estas conductas son graves, porque los países afectados aplicarán impuestos como represalia. Lo cual seguirá agravando la escasez de divisas. Asimismo, deberán darse señales muy claras y bien determinadas de una reducción efectiva del gasto fiscal que libere recursos para el consumo y la producción privada que son el verdadero motor de la economía. Y permitan una reducción de la presión impositiva que reduzca los costos locales e incremente la competitividad.

En la medida que no veamos este tipo de medidas radicales, los argentinos seguiremos pensando que el ajuste de las variables distorsionadas por políticas cambiarias equivocadas, será inminente, repentino y muy fuerte.

Esperemos que todavía no sea tarde para aplicar los correctivos necesarios y dejar de alambrar las decisiones económicas que son materia de análisis de los empresarios y nunca de un grupo de funcionarios que se asuma como la elite iluminada  que pretenda manejar variables que dependen y condicionan las decisiones individuales de los ciudadanos que los han elegido.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

¿Crisis de deuda en Argentina?

Por Guillermo Luis Covernton. Publicado el 6/7/21 en: https://issuu.com/desafioexportar/docs/desafio_exportar_n_192/8

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La Argentina enfrentará, en las próximas semanas, una muy difícil situación con sus acreedores externos. Acaba de reunirse con los representantes del “Club de París” para intentar anudar un acuerdo, que contempla un pago de 430 millones de U$S en los próximos 8 meses, para poder prorrogar así el inminente vencimiento de 2.000 millones de U$S, que adeuda a este organismo. Un eventual incumplimiento actuaría como un obstáculo insalvable a entablar negociaciones serias con el Fondo Monetario Internacional. En las primeras semanas de Julio, el país necesita iniciar acuerdos concretos con este organismo, para establecer un cronograma de pagos de intereses y amortizaciones realista, por la deuda a vencer con el Fondo, que supera la totalidad de las reservas de divisas del Banco Central. ¿Qué efectos puede tener esto en la marcha de la economía privada? ¿Qué impacto ejercerá en las empresas y porque es importante una negociación sincera, responsable y concreta? ¿Por qué se habla de la necesidad de implementar un plan económico viable y serio?

La importancia de servir oportunamente las obligaciones que hacen al crédito público fue claramente puntualizada por Juan Bautista Alberdi:

”…Siendo el crédito del estado el recurso más positivo de que pueda disponer en esta época anormal y extraordinaria por ser de creación y formación, será preciso que los gobiernos argentinos sean muy ciegos para que desconozcan, que faltar a sus deberes en el pago de los intereses de la deuda, es lo mismo que envenenar el único pan de su alimento, y suicidarse; es algo más desastroso que faltar al honor, es condenarse a la bancarrota y al hambre…”[i]

El crédito estatal toma varias formas, y no se limita solamente a lo que se conoce como deuda externa. La misma circulación monetaria, al estar formada por papel moneda inconvertible, tiene características de crédito. Consideremos que los receptores de moneda la aceptan, en la convicción de que van a poder convertirla en bienes y servicios, o más concretamente en divisas, a su requerimiento. Toda la base monetaria nominada en pesos es un compromiso del estado de permitir, a sus tenedores, conseguir a su sola presentación, el canje por su equivalente en bienes o divisas extranjeras estables. El banco Central, como proveedor de medios de pago, tiene la obligación insoslayable de mantener el poder adquisitivo de la moneda local. Todo el comercio, esencial para la marcha del sistema productivo, descansa en un sistema de precios, cuya función es revelar a los agentes económicos las diferentes opciones que la economía ofrece para proveer a los consumidores de los bienes y servicios que estos demandan. El proceso de asignación de recursos, los montos a invertir, las tecnologías a elegir, los plazos a asumir para implementar estas asignaciones de capital, la complejidad de los métodos de producción elegidos, la productividad de los mismos y la escala posible de implementar, son una función directa de la posibilidad de conseguir los capitales que financien toda esta estructura, a costos compatibles con los de los países que compiten con nuestras producciones en la escena mundial. El comercio internacional se realiza intercambiando divisas fuertes, estables, respetadas, entre las cuales, la nuestra no se ha ubicado nunca, precisamente por la poca confianza que genera. El crecimiento y la estabilidad de la economía depende de manera crucial en que exista esta confianza en el cumplimiento de los planes de negocios y en la marcha de las actividades del estado, y en la consecución de sus fines. Para que todo esto ocurra, es preciso que tengamos perfectamente en cuenta la necesidad de mantener las reglas de juego. Entre las que, las principales son las relaciones de precios, la protección de la capacidad de compra de los montos prestados, el cumplimiento estricto de los contratos. Y hacer previsible el costo del financiamiento, que debe mantenerse estable a lo largo de todo proceso de inversión, para que la capacidad de repago estimada se convierta en una realidad.

Un incumplimiento de los pagos de las obligaciones estatales hace pensar a los organismos internacionales que nuestro gobierno no podría, entonces, por falta de recursos, llevar adelante sus funciones esenciales. La utilización de un sistema financiero pequeño, aislado, que no puede captar fondos del extranjero, por la imprevisibilidad de la marcha de los principales indicadores macroeconómicos, deja a la banca cautiva de las decisiones del gobierno, que la podría utilizar como un títere, para financiar aquellos montos que no podría conseguir en los mercados de capitales en los que se financian las naciones competidoras. Esto dejaría sin posibilidades de financiamiento a las empresas medianas y pequeñas del mercado local. Impediría establecer relaciones de precios, de insumos producto y planes de negocios orientados a la exportación o integrando insumos y tecnologías importadas, de las que no disponemos aquí. La pérdida de competitividad internacional y la imposibilidad de competir en mercados remotos nos estaría impidiendo adoptar tecnologías y métodos de producción con las imprescindibles economías de escala que utilizan las naciones más competitivas.

Creer que una milagrosa corriente de crecimiento podrá aumentar la recaudación impositiva, hacer desaparecer el déficit fiscal, permitir un financiamiento competitivo a las empresas que todavía subsisten y son eficientes, aumentar las importaciones, generar divisas en exceso, para poder utilizarlas en la amortización de nuestras obligaciones y dotar a nuestra moneda de la estabilidad suficiente como para que pueda ser utilizada para diagramar planes de negocios realistas, ahorrar y financiar el crecimiento, no parece posible si antes no se dejan en claro ciertos extremos. ¿Cómo se va a actúa para disminuir el déficit fiscal? ¿Qué carga impositiva real van a tener que enfrentar los inversores? ¿Qué actividades estatales deficitarias se abandonarán y delegarán a la actividad privada? ¿En que plazos y a que costos, nuestra nación puede comprometerse a servir sus deudas, y comenzar a demostrar capacidad de repago?

Urge repensar, debatir y sincerar los roles del estado, las actividades privadas a desregular, para permitir su crecimiento y que puedan dar lugar a procesos de capitalización imprescindibles. Necesitamos asimismo desregular el sistema financiero, profesionalizar  su gestión dotándole de la necesaria libertad para elegir las actividades a financiar, en función a su capacidad de repago y competitividad internacional, con criterios profesionales, dejando de lado favoritismos, amiguismos y mecanismos perversos propios del capitalismo de amigos, o caciquismo, tan característico de nuestra historia. Es imprescindible estabilizar nuestra moneda, liberar el mercado de cambios, remover todas las barreras al ingreso y salida de divisas, así como al pago de utilidades al capital extranjero y a la entrada y radicación de emprendimientos extranjeros que nos permitan integrar tecnologías y mercados. En un marco confiable y cierto, como el que nos otorga el cumplimiento de nuestra constitución, que claramente establece límites y controles a la acción del estado. Es esencial empezar ya a abandonar esta pesadilla de comportamiento adolescente, irresponsable, y cortoplacista que ha caracterizado a la política de las últimas décadas.


[i] ALBERDI, Juan Bautista “Sistema Económico y rentístico de la Confederación Argentina” en “Organización de la Confederación Argentina” Tomo II. El Ateneo. Buenos Aires. cap. XI “Aptitud de la Confederación para contraer empréstitos”. Págs. 278/279.

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es Profesor Titular de Finanzas Públicas, Macroeconomía, y Emprendimiento de Negocios en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Ha sido profesor de Microeconomía, y Economía Política en la misma universidad.  Fue corredor de granos y miembro de la Cámara Arbitral de Cereales de la Bolsa de Comercio de Rosario. Fue asesor de la Comisión Nacional de Valores para el desarrollo de mercados de futuros y opciones. Es empresario y consultor.

La importancia del equilibrio del tipo de cambio. Determinantes del comercio exterior.

Los argentinos y el éxito. La importancia del marco institucional. Determinantes del desarrollo.

Estabilidad de la moneda, cumplimiento de los contratos, tasa de interés y desarrollo. VIDEO.

«La importancia de una moneda sana y su relación con el sector externo» VIDEO

«Una investigación sobre los principios económicos de Juan Bautista Alberdi y sus vinculaciones con la tradición de la Escuela Austriaca» VIDEO

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